Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 907. ANCHO MAR DE LOS SARGAZOS / JEAN RHYS


Dicen que en los momentos de peligro, hay que unirse, y, por esto, los blancos se unieron. Pero nosotros no formamos parte del grupo. Las señoras de Jamaica nunca aceptaron a mi n1adre, debido a que era «muy suya, muy suya”, como decía Christophine.
Era la segunda esposa de mi padre, muy joven para él, según decían las señoras de Jamaica, y, peor todavía, procedía de la Martinica. Cuando le pregunté por qué era tan poca la gente que nos visitaba, me dijo que la carretera que iba desde Spanish Town a Coulibri Estate, donde vivíamos, era muy mala y que, ahora, la reparación de carreteras había pasado a la historia. (Mi padre, las visitas, los caballos y sentirse segura en cama, también habían pasado a la historia.)
Otro día la oí hablar con el señor Luttrell, nuestro vecino y único amigo:
-Desde luego, también tienen sus problemas. Todavía esperan la compensación que los ingleses les prometieron cuando aprobaron la Ley de Emancipación. Algunos esperarán mucho tiempo.
¿Cómo podía saber que el señor Luttrell sería el primero que se cansaría de esperar? Una tranquila tarde, el señor Luttrell le pegó un tiro a su perro, se echó al mar y nadó mar adentro, y desapareció para siempre. De Inglaterra no vino agente alguno a cuidar su finca -Nelson's Rest se llamaba-, y gentes desconocidas, d e Spanish Town, fueron allá para chismorrear y comentar la tragedia

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