Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

CONSUMO Y TERAPIA

Zombies y neandertales, Marta Sanz (Granta 7)
Cuando la resistencia mutó en resiliencia, los músculos quedaron reducidos a fibra laxa. Dejaron de estar recorridos por el nervio. Llegó la risa floja y el emoji de la mierda. La resistencia se tradujo como palabra vintage: algo rupestre y ligado a la cerrazón mental. Como  si resistirse fuera no dejarse poner la salvadora inyección -el nene aprieta el culito-, o tener el ojo malo y practicar una negatividad tan común en todos los que no quieren abrirse en la consulta del psicólogo. Los que dicen “no estoy triste, estoy cabreado”. Los que se revuelven “bueno sí, estoy triste y cabreado”. La resistencia se asimiló a reacción, a reaccionarismo, a desánimo y a enfermedad. La resistencia es la resistencia a una felicidad que se asimila con la fascinación por el consumo. Ser feliz es desear y que el deseo se cumpla. El deseo siempre ha de ser específico. No valen los genéricos y las farmacéuticas lo saben: quiero un sujetador de La Perla, un móvil Huawei, un gin-tonic de Bombay Saphire ... Resistirse al discurso dominante, no estar nervioso., no quemar la tarjeta de crédito, no ser un adicto es estar deprimido. Y, sin embargo, hay psiquiatras -Rendueles, Mariano Hernández Monsalveque mantienen que sus pacientes no necesitan terapia. Que necesitan un comité de empresa. Una cartilla de la seguridad social. Los cupones para comprar arroz. Horas de sueño.

No hay comentarios:

WIKIPEDIA

Todo el saber universal a tu alcance en mi enciclopedia mundial: Pinciopedia