Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 156. A CADA CUAL, LO SUYO / LEONARDO SCIASCIA

La carta llegó con el reparto de la tarde. El cartero dejó primero en el mostrador, como hacía siempre, el fajo multicolor del correo publicitario, y luego, con cuidado, como si pudiera explotar, la carta: sobre amarillo, dirección impresa en un papelito rectangular blanco pegado al sobre. Y dijo:
-Esta carta no me gusta.
El farmacéutico alzó la vista del periódico, se quitó las gafas, preguntó, con cierta curiosidad e irritación:
-¿Qué?
-Digo que esta carta no me gusta. – Y con el índice, lentamente, la deslizó por el mostrador de mármol en dirección al farmacéutico.
El farmacéutico se inclinó y miró la carta sin cogerla; luego se irguió, se puso las gafas, la miró otra vez.
-¿Y por qué no te gusta?
-La han echado aquí mismo, en el pueblo, anoche o esta mañana temprano; la dirección la han recortado de un papel timbrado de la farmacia.

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