Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 129. DESDE LA CIUDAD NERVIOSA / ENRIQUE VILA-MATAS

Me tocó vivir una infancia y primera juventud en una Barcelona infame que yo sospechaba que no estaba en ningún mapa y cuyo último rincón, en el caso poco probable de que apareciera en alguno, sería el fantasmal y polvoriento paseo de Sant Joan, donde yo vivía con mi familia en tiempos de silencio en los que la ciudad alcanzó las máximas cimas del delirio. Por poner un ejemplo, era tal la desesperación que se encomendaba a los poderes sobrenaturales la lucha contra la dictadura, y llegó a decirse que el Papa de Roma era hijo natural de Largo Caballero y que, en su lecho de muerte, la difunta y rigurosa madre del Papa había obligado al futuro Pontífice a jurar que no regatearía ningún esfuerzo —ni siquiera el de la oración— para acabar con Franco.
Juan Benet nos dejó dicho que la memoria es como una novela a la antigua, como un único argumento diacrónico, y que el mejor procedimiento que el individuo ensaya para modernizarla consiste en desecharla como tal y aprovecharla para una serie de relatos, con un único personaje central. Esto explicaría que tan a menudo nos creamos los únicos protagonistas de las historias de nuestra infancia. Y en mi caso concreto explicaría que hubiera mitificado tanto el paseo de Sant Joan que hasta llegué a verlo como un territorio exclusivamente propio. Por eso me golpeó tanto, hace medio año, ese artículo de Joan de Sagarra, en el que a través de estas mismas páginas me comunicaba que se había instalado frente a mi casa de la

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