Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

HOMBRES Y MUJERES


-¡Ah, el amor! ¿Sabes, hija mía? -Su tono se hizo más grave-o A lo largo de mi larga vida, he comprendido algo importante. Los hombres y las mujeres están hechos para conocerse y fundar familias, es cierto, y por eso es necesario que exista al menos un poco de amor entre ellos. Pero no creo que estén realmente hechos para entenderse, y el amor rara vez sobrevive al paso del tiempo. Ellos son muy distintos y, sobre todo, aman de manera distinta. Las mujeres sólo piensan en eso. En el amor. Imaginan que no serán sino uno con el hombre que ellas aman, y que así será para siempre. Los hombres, en cambio, una vez que han dejado de estar enamorados, esperan de ellas ciertos servicios y, como mucho, les guardan algo de afecto. Pero su vida está en otra parte. Tienen otros intereses, su trabajo, su vida exterior. Y, a veces, otras mujeres. ¿Cómo quieres que no nos sintamos decepcionadas? Por eso creo que, a la larga, habrías llegado a querer al señor Kadish. Tal vez tanto como a Freud. Pero esta cuestión no tiene sentido ahora. No es posible reescribir la historia. Tu destino está en otra parte, en otro camino. Y, ese camino, tendrás que recorrerlo hasta el final.

LAS MANOS DE JOYCE


De Diario de invierno, de Paul Auster, p. 107

Keats en primer lugar, pero cuando piensas en esta mano viva te acuerdas de una historia que te contaron una vez sobre James Joyce: Joyce en París en el decenio  de 1920, circulando por una fiesta hace ochenta y cinco años cuando una mujer se le acerca y le pregunta si puede estrechar la mano que escribió el Ulises. En vez de tenderle la mano derecha, Joyce la levanta en el aire, la estudia unos momentos y dice: “Permítame recordarle, señora, que esta mano también ha hecho muchas otras cosas”

DEL AHORA Y DEL AYER

Hizo una pausa.

-Tened en cuenta -comenzó de nuevo, levantando un brazo desde el codo, la palma de la mano hacia fuera, de modo que con los pies cruzados ante sí parecía un buda predicando, vestido a la europea y sin la flor de loto en la mano-, tened en cuenta que a ninguno de nosotros le sería posible conocer esa experiencia. Lo que a nosotros nos salva es la eficiencia ... el culto por la eficiencia. Pero aquellos jóvenes, en realidad no tenían demasiado en qué apoyarse. No eran colonizadores; su administración equivalía a una pura opresión y nada más, imagino. Eran conquistadores, yeso lo único que requiere es fuerza bruta, nada de lo que puede uno vanagloriarse cuando se posee, ya que la fuerza no es sino una casualidad nacida de la debilidad de los otros. Se apoderaban de todo lo que podían. Aquello era verdadero robo con violencia, asesinato con agravantes en gran escala, y los hombres hacían aquello ciegamente, como es natural entre quienes se debaten en la oscuridad. La conquista de la tierra, que por lo general consiste en arrebatársela a quienes tienen una tez de color distinto o narices ligeramente más chatas que las nuestras , no es nada agradable cuando se observa con atención. Lo único que la redime es la idea. Una idea que la respalda: no un pretexto sentimental sino una idea; y una creencia generosa en esa idea, en algo que se puede enarbolar, ante lo que uno puede postrarse y ofrecerse en sacrificio .. .

INCIPIT 269. AYRE DE DYLAN / E VILA-MATAS


Algunos entran muy tarde en el teatro de la vida, pero cuando lo hacen parece que entren sin brida y directos ya hasta el final de la obra. Ése fue mi caso. Y hoy puedo afirmarlo con toda seguridad. La representación empezó la mañana en la que mi mujer me entregó una carta que acababa de llegar de Suiza, una invitación a participar en un congreso literario sobre el fracaso.

Me encontraba en la terraza del apartamento al noreste de Barcelona, la vieja casa en la que llevábamos ya muchos años y que hemos cerrado hará tan sólo unos meses. Mi mujer entró en la terraza con pompa nada habitual y ensayó una reverencia teatral antes de anunciarme que, a tenor de lo que decía la carta, alguien me consideraba un completo fracasado. Me sorprendió su teatro porque no solía sobreactuar jamás. ¿Quería con su histrionismo rebajar la gravedad de lo que decía? Fuera por lo que fuese, no se me olvidará el momento, porque inauguró una historia dentro de mi vida, una historia que paulatinamente iría reclamando cada vez más mi atención en las siguientes semanas.

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INCIPIT 192. LA GUERRA CARLISTA. LOS CRUZADOS DE LA CAUSA / RAMON DEL VALLE-INCLAN

CAPÍTULO 1
Caballeros en mulas y a su buen paso de andadura, iban dos hombres por aquel camino viejo que, atravesando el monte, remataba en Viana del Prior. A tiempo de anochecer entraban en la villa espoleando. Las mujenicas que salían del rosario, viéndoles cruzar el cementerio con tal prisa, los atisbaron curiosas sin poder reconocerlos, por ir encapuchados los jinetes con las corozas1 de juncos que usa la gente vaquera en el tiempo de lluvias, por toda aquella tierra antigua. Pasaron los jinetes con hueco estrépito sobre las sepulturas del atrio, y las mujerucas quedáronse murmurando apretujadas bajo el porche, ya negro a pesar del farol que alumbraba el nicho de un santo de piedra. Voces de viejas murmuraban bajo el misterio de los manteos:
—iSon las caballerías del palacio!
—Esperaban, días hace, al señor mi Marqués. Viene para levantar una guerra por el rey Don Carlos.
—iY el sacristán de las monjas espareció!

INCIPIT 268. EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS / JOSEPH CONRAD

El Nellie, un bergantín de considerable tonelaje, se inclinó hacia el ancla sin una sola vibración de las velas y permaneció inmóvil. El flujo de la marea había terminado, casi no soplaba viento y, como había que seguir río abajo, lo único que quedaba por hacer era detenerse y esperar el cambio de la marea.


El estuario del Támesis se prolongaba frente a nosotros como el comienzo de un interminable camino de agua. A lo lejos, el cielo y el mar se unían sin ninguna interferencia, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los navíos que subían con la marea parecían racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que resplandecían las botavaras barnizadas. La bruma que se extendía por las orillas del río se deslizaba hacia el mar y allí se desvanecía suavemente. La oscuridad se cernía sobre Gravesend, y más lejos aún, parecía condensarse en una lúgubre capa que envolvía la ciudad más grande y poderosa del universo.

El director de las compañías era a la vez nuestro capitán y nuestro anfitrión. Nosotros cuatro observábamos con afecto su espalda mientras, de pie en la proa, contemplaba el mar. En todo el río no se veía nada que tuviera la mitad de su aspecto marino. Parecía un piloto, que para un hombre de mar es la personificación de todo aquello en lo que se puede confiar. Era difícil comprender que su oficio no se encontrara allí, en aquel estuario luminoso, sino atrás, en la ciudad cubierta por la niebla.

Existía entre nosotros, como ya lo he dicho en alguna otra parte, el vínculo del mar. Además de mantener nuestros corazones unidos

DIOS Y TODO ESO

De The Sunset Limited, de Cormac McCarthy, p.92-93
BLANCO (secamente): Yo no creo en Dios. ¿Tan difícil es de entender? Mire a su alrededor, hombre. ¿Es que no lo ve? El griterío de los que sufren lo indecible debe de ser para él el más agradable de los sonidos. Y detesto estas discusiones. Lo del ateo de la aldea cuya sola pasión es vilipendiar sin descanso aquello cuya existencia niega de entrada. Ese compañerismo, esa hermandad que usted defiende es una hermandad de dolor y punto. Y si ese dolor fuese colectivo de verdad y no meramente reiterativo, su propio peso arrancaría el mundo de los muros del universo y lo lanzaría en llamas a través de la noche que aún pueda ser capaz de engendrar hasta que no quedase de él ni ceniza siquiera. ¿La justicia? ¿La fraternidad? ¿La vida eterna? No me fastidie, hombre. Dígame una religión que prepare al hombre para la muerte. Para la nada. A esa secta quizá sí me apuntaría. Su religión lo cifra todo en más vida. Más sueños, ilusiones, mentiras. Si fuera posible proscribir el miedo a la muerte de los corazones humanos, la gente no viviría ni veinticuatro horas. ¿Quién iba a querer esta pesadilla a no ser por miedo al día siguiente? Sobre cada alegría humana pende la sombra del hacha. Todo camino acaba en la muerte. Peor aún. Toda amistad. Todo amor. Tormento, traición, pérdida, sufrimiento, dolor, vejez, humillación, enfermedad horrenda y prolongada y todo ello con un solo final. Para usted como para todas las personas y todas las cosas que ha elegido querer. Ahí está la auténtica fraternidad. Miembros vitalicios, del primero al último. Dice que mi hermano es mi salvación. ¿ Mi salvación? Pues que le den. Que le den por todos lados y de todas las maneras. ¿Me veo reflejado en él? Sí. Es verdad. y lo que veo me repugna. ¿Entiende lo que quiero decir? ¿Puede usted entenderlo?

TOORENTE BALLESTER EN LA MIRADA DE SU NIETO

De Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, p. 97
Admirar al abuelo en lugar de admirar al padre.

Nada más lejos de la verdad.
La comparación estaba ahí. Cuando en los primeros años ochenta mi padre atravesaba la depresión que lo alejó de la pintura, en alguna noche de insomnio pregunté a mi madre si al final conseguiría recuperarse y ser reconocido, y siempre me aseguró que le pasaría como a mi abuelo, su padre, que consiguió cumplidos los sesenta los honores que antes se le habían negado. Yo la escuchaba, sabedor del mayor tesón de mi abuelo, de la fragilidad de mi padre, pero, pese a los reparos, la comparación se saldaba a favor de él.
Mi abuelo era demasiado seguro, demasiado incontestable ya, demasiado satisfecho de sí mismo, y, pese a su ingente cultura, demasiado provinciano en ciertas cosas intolerables para mi gusto inusitadamente anticonvencional de entonces, mientras que mi padre era un bohemio y ganaba a mi abuelo en eclecticismo, en rebeldía, en curiosidad yen todo lo que un adolescente que lee a Rimbaud puede admirar. Su escasa fortuna, la ausencia del paraguas legitimador del éxito, no socavaba su prestigio ante mí, sino que le otorgaba un aura de romántico malditismo. Ni siquiera los incipientes signos de aburguesamiento, cuando llegaron, representaron un escollo. Los salvaba diciéndome que era reo, como en tantas otras cosas, de deseos ajenos. Que su verdadera naturaleza era otra.
La que quería mía.
Eso naturalmente al principio. Después no.

23 F

Entonces, el 23 de febrero de 1981, veinte días después de tu trigésimo cuarto cumpleaños, justo a los cuatro días de su vigésimo sexto aniversario, llegaste a conocerla, te presentaron a la Única, a la mujer que ha estado contigo desde aquella noche de hace treinta años, tu esposa, el gran amor que te asaltó por sorpresa cuando menos lo esperabas, y durante las primeras semanas que estuvisteis juntos, cuando pasabais en la cama buena parte del tiempo, iniciasteis un ritual de leeros cuentos de hadas el uno al otro, algo que seguisteis haciendo hasta que nació vuestra hija seis años después, y enseguida descubristeis el íntimo placer de leeros el uno al otro, con tu mujer escribiendo un largo poema en prosa titulado Leer para ti, cuya decimocuarta y última parte evoca el desigual latir de tu corazón.
De Diario de invierno, p.107

INCIPIT 267. MARTHA F / NICOLLE ROSEN

Maresfield Gardens,


23 de septiembre de 1946.

Querida señora Huntington-Smith:

Gracias por su amable carta. En este día en que celebramos el séptimo aniversario de la desaparición de mi marido, he recibido numerosas muestras de simpatía, pero la suya me ha conmovido de manera muy especial. ¿Cómo pudo pensar que la había olvidado? Hace siete años, en aquel momento particularmente difícil, su presencia a mi lado me fue, más que ninguna otra, de gran ayuda. Hoy, después de los terribles años de guerra que acabamos de atravesar, y en medio de este aislamiento mío, recibo con gran placer sus noticias desde la lejana América. Aun así, me veo obligada a decepcionarla, pues,

en efecto, me es imposible responder favorablemente a su proposición. Cuando usted me pide que escriba mis memorias, me doy cuenta de que desea un relato de mi vida, y no de la de mi marido.

INCIPIT 266. LA CALLE ESTRECHA / JOSEP PLA

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Para ir a Torrelles en tren desde Barcelona ha de descnderse en la estación de Marina de Torrelles. En este lugar, y conectado con los principales trenes, existe un servicio de autobuses que, después de un trayecto de doce o trece kilómetros, rinde viaje en la población. Este viaje no sería pesado si los autobuses fuesen suficientes. Durante casi todo el año, sin embargo, y especialmente en verano, estos vehículos transportan mucha más gente de la que flormalmente pueden contener y por ello a menudo es preciso ir de pie o bien encaramado en el aireado techo. En la estación la gente baja del tren, echa a correr y toma el auto por asalto, sin contemplaciones. Yo ignoraba esta característica de mi nuevo país de residencia y por este motivo al penetrar en el autobús he hallado ya todos los asientos ocupados y me he visto obligado a hacer, por consiguiente, el viaje de pie. Así, involuntariamente, he dado la espalda, durante muchos kilómetros, a una señorita morena, de ojos negros, que me ha parecido muy hermosa. Me ha dolido mucho —me ha dolido, sobre todo, dificultar su visibilidad con mi incómoda e

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ODRADEK

«El más extraño bastardo que la prehistoria haya engendrado en Kafka mediante la culpa es Odradek», escribe W. Benjamín en Angelus Novus [Barcelona], Edhasa, 1971, página 117. El autor se refiere al relato de Kafka. Las preocupaciones de un padre de familia de la colección Un Médico Rural, donde se lee «A primera vista [Odradek] parece un carrete de hilo, chato, con forma de estrella; y es que, en realidad, parece estar cubierto de hilos; claro que se trata solamente de hilos entremezclados, viejos, anudados unos con otros, pero hay también, entremezclados y anudados, hilos de otros tipos y colores. Pero no es simplemente un carrete, sino que del centro de la estrella emerge perpendicular un pequeño palito, y a éste se le agrega otro de ángulo recto. Con este último palito por un lado, y uno de los rayos de la estrella por el otro, el todo puede estarse derecho, como sobre dos patas. ( ... ). [Odradek] «se aloja, según los casos, en desvanes, escaleras, corredores, vestíbulos». Para Benjamin, «es la forma que las cosas asumen en el olvido. Se deforman, se vuelven irreconocibles. Tal es "la preocupación del padre", de quien nadie sabe qué es»

De Infancia en Berlín hacia 1970

LECTURAS DE UN AÑO

LOS GANADORES SON¡¡¡¡
La mano invisible / Isaac Rosa
El lamento de Portnoy / Joseph Roth
El alumno / Henry James
El mapa y el Territorio / Houllebecq
El viaje / Sergio Pitol
Prisión Perpetua / Ricardo Piglia
El viajero más lento / Enrique Vila-Matas
La soledad de los números primos / Paolo Giordano
Un americano / Henry Roth
El espia /Justo Navarro
Estas ruinas que ves / Jorge Ibarguengoitia
El dia de mañana / Ignacio Martinez de Pisón
Los enamoramientos / Javier Marias
El Hacedor (de Borges), Remake / Agustin Fernandez Mallo
New York / Henry James
Los sinsabores del verdadero policía / Roberto Bolaño
De que hablamos cuando hablamos del amor / Raymond Carver
Marcos Montes / David Monteagudo
Las amistades peligrosas / Ch. De Laclos
Via Revolucionaria / Richard Yates
Riña de gatos / Eduardo Mendoza
Punto Omega / Don Delillo
Sunset Park / Paul Auster

SUICIDIO

De Prisión perpetua, de Piglia, p. 142


KAMIKAZE. Había comenzado un relato sobre los suicidas japoneses y había realizado una pequeña investigación sobre las cartas que los soldados enviaban a sus padres antes de morir (y esto se ligaba con una historia familiar que no venía al caso contar ahora). // Indecisión: típica conducta suicida. No puede elegir y para librarse de la parálisis que lo «captura» escapa por el camino del crimen. // Muchos criminales matan por esas minucias, viven en el océano de las grandes pasiones y les cuesta abrir una puerta que les permita salir del sótano. X, en un suburbio de Kioto, era martirizado por su mujer y no podía «separarse». Todas las noches pensaba que al día siguiente iba a mudarse, incluso compraba los diarios y recorría la sección de avisos clasificados y marcaba los departamentos disponibles que se adaptaban a sus necesidades. Debía salir con el diario, visitar esos cuartos vacíos, hablar con las porteras, subir las escaleras, elegir el lugar adecuado y luego buscar una cama, comprar una mesa donde instalar sus aparatos de óptica. //X, indeciso nato, obrero mecánico. Preso dice que «extraña el trabajo». // Marineros y prostitutas son observados desde la torre del Building: veinte pisos sobre el nivel del mar. Desde lo alto, las dársenas son una estampa japonesa. Las hormigas microscópicas se mueven entre los barcos y los depósitos. //Un kamikaze haría volar con un solo vuelo ese paisaje.

INCIPIT 265. EL LIBRO DE BECH / JOHN UPDIKE

PALABRAS PREVIAS


Querido John:

Si no queda más remedio que cometer la impudicia artística de escribir acerca de un escritor, más vale, creo yo, que escribas acerca de mí que acerca de ti. Sin embargo, después de leer estas páginas, dudo que traten de mí, suficientemente de mí, realmente de mí. Por ejemplo, en una primera meditación sonrojada, parezco, durante mi estancia en Bulgaria (sexualidad ecléctica, narcisista osadía, cabello rizado y escaso) una caballerosa versión de Norman Mailer; después, en Londres, los plateados mechones más me asemejan a un galante y encantador Bellow, Rey de los Magos, que a mi verdadera personalidad de tradicional y hogareño seguro servidor de usted. Mi infancia parece inventada por Alex Portnoy, y mi ancestral pasado semeja obra de I. B. Singer. Algo de Malamud hay en mi talante capitalino, y en mis aspectos íntimos parezco un paranoico, una innoble versión de las más o menos nobles renuncias de H. Roth, D. Fuchs y J. Salinger. Sin embargo, tampoco faltan rasgos teológicos, atemorizados y aislantemente irónicos que, según mis locas sospechas, proceden de ti.

A pesar de todo, estás en lo cierto. Este monótono protagonista que baja de un avión, que murmura palabras que no acaba de creerse, que establece vagas relaciones con alguna que otra mujer, y vuelve a subir al avión, es, sin duda alguna, cierto señor Henry Bech. Hasta la aparición de esta obra tuya, breve aunque no en exceso, no ha habido revolucionario que se haya ocupado de nuestra opresión, del suave mecanismo mediante el que Norteamérica reduce a sus escritores a la imbecilidad y el conformismo. Envidiados como los negros, considerados tan inverosímiles como ios ángeles, vamos de la prostitución de la sala de conferencias a la tortura de la mesa escritorio, para acabar perdidos entre un mar de tristes y liliputienses notas necrológicas, viejas y gastadas por

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INCIPIT 264. VIAJES DE GULLIVER / JONATHAN SWIFT

Capítulo 1
El autor da alguna información de él y de su familia; primeras incitaciones a viajar. Naufraga, y nada desesperadamente; consigue llegar a tierra en el país de Liliput, es hecho prisionero, y transportado al interior.
Mi padre poseía una pequeña propiedad en Nottínghamshire; yo era el tercero de cinco hijos. Me envió al Emanuel College de Cambridge a los catorce años, donde residí tres, y me apliqué en mis estudios; pero como la carga de mi manutención (aunque tenía una asignación muy pequeña) era demasiada para una economía modesta, me vi obligado a colocarme de aprendiz con el señor James Bates, cirujano eminente de Londres, con el que estuve cuatro años; y mi padre me enviaba de vez en cuando pequeñas cantidades de dinero que yo empleaba en aprender navegación, y otras partes de las matemáticas útiles para quienes tienen intención de viajar, como siempre creía yo que algún día sería mi destino. Cuando dejé al señor Bates volví con mi padre, donde, con su ayuda y la de mi tío John, y algún otro pariente, obtuve cuarenta libras, y la promesa de treinta más al año para mi mantenimiento en Leiden: allí estudié física dos años y siete meses, sabedor de que sería provechosa para los viajes largos.
A poco de regresar de Leiden, fui recomendado por mi buen maestro el señor Bates para cirujano del Swaiow, mandado por el capitán Abraham Panneli, con quien continué tres años y medio, e hice un viaje o dos al Levante y a otras regiones. Al regresar decidí establecerme en Londres, a lo que me animó el señor Bates, mi maestro, quien me recomendó a varios pacientes. Ocupé parte de una casita de la antigua judería; y aconsejado de que cambiase de

DENEGACION

De Prisión perpetua, de Piglia, p. 144


NEGACIÓN. Hace meses que Erika estudia las formas de doble negación. Es el modo más común de fijar un sentido a la vez directo y paradojal. Cree que ese es el origen de la gramática: aludir a lo que está y a lo que no está al mismo tiempo. Primero se nombran los objetos del mundo, luego se nombra lo que no existe. // Para los Swrek era necesario tener un sentido para cada uno de los dos reyes gemelos que los gobernaban. Allí está la fuente histórica de las formas de ambigüedad y de doble sentido. // Como resto de un acontecimiento remite a la misma insensatez de su forma: primitivamente se dijo en alusión a los locos que cruzaban el desierto, aislados de la manada, cabalgando de a dos, espalda contra espalda en ponies blancos, custodiados por las mujeres y los niños. Los guerreros dormían en los caballos y los locos fueron los primeros, según se dice, en echarse en el piso a descansar con la cabeza en la dirección de la marcha para no extraviarse luego en el desierto infinito. A menudo servían para anunciar la llegada de enemigos cuyo galope era percibido por la oreja pegada a la tierra. // La negación sirvió luego para referirse a los mendigos y a los idiotas que andaban por los caminos y acampaban fuera de las murallas de la ciudad. Por fin terminó por significar la imposibilidad de incluir en una serie a todos los miembros de una especie y fue el punto de partida de los problemas lógicos ligados al infinito y a la teoría de los conjuntos. Remite entonces a un criterio de selección y por lo tanto forma parte de las paradojas de inclusión y de la teoría de los tipos. (La clase de los que pertenecen a todas las clases ¿es una clase?)
 // ¿El diccionario que intenta incluir todo el saber debe incluir una entrada sobre el mismo diccionario?

VIDA

De Lo que sé de los hombrecillos, de JJ Millás, p.25.26


Durante las tres semanas que dura la gestación, el pollo no recibe ningún nutriente de fuera. Él es su propia despensa, crece a costa de sí. En cuanto al oxígeno, lo toma en parte de la cámara de aire formada entre la membrana y la cáscara, en uno de los extremos, y en parte del exterior, a través de los 7.500 poros que posee el huevo. Aquella información, leída antes de irme a la cama en una revista, había actuado sin duda como el resto diurno generador de la materia onírica. En el fondo, era un modo más de indagar acerca de las relaciones entre biología y economía. Si continuaba dándole vueltas al asunto, tarde o temprano encontraría un vínculo original entre una cosa y otra. Mi cabeza funcionaba así. Soñaba muchos de mis artículos antes de escribirlos.

INCIPIT 262. LO QUE SE DE LOS HOMBRECILLOS / JUAN JOSE MILLAS

Estaba escribiendo un artículo sobre las últimas fusiones empresariales, cuando noté un temblor en el bolsillo derecho de la bata, de donde saqué, mezclados con varios mendrugos de pan, cuatro o cinco hombrecillos que arrojé sobre la mesa, por cuya superficie corrieron en busca de huecos en los que refugiarse. En esto, entró mi mujer, que ese día no había ido a trabajar, para preguntarme si me apetecía un café. Cuando llegó a mi lado o y ya no quedaba ningún hombrecillo a la vista, sólo los pedazos de pan y algunas migas.


—jQué manía! —dijo refiriéndose a mi hábito de guardar en los bolsillos mendrugos de pan cuya corteza roía con los mismos efectos relajantes con los que otros fuman o toman una copa.

Le disgustaba esta costumbre, aunque mis mendrugos no hacían daño a nadie y a mí me proporcionaban placer. Por lo general, tras escribir un párrafo del que me sentía satisfecho, sacaba uno del bolsillo y le daba

OPTIMISMO

De El abanico de Lady W, de Oscar Wilde
LADY W. ¡No dejó usted de galantearme exageradamente durante toda la noche!


LORD D. [Sonriendo.] ¡Ah!, estamos todos tan apurados hoy en día, que lo único agradable que nos queda es hacer cumplidos. Es lo único que podemos permitirnos.

LADY W. [Moviendo la cabeza.] No lo tome usted a broma. No debe reírse, pues estoy hablando muy en serio. No me gustan los cumplidos y no veo la razón de que un hombre crea agradar a una mujer por el mero hecho de decirle un sinfín de cosas que ni él mismo cree.

LORD D. ¡Oh, pero es que yo las creo! [Toma la taza de té que ella le entrega.]

LADY W. Espero que no sea así. Sentiría tener que pelearme con usted, lord Darlington. Siento gran simpatía por usted, ¿sabe?, pero no me gustaría nada si creyera que es usted como los demás. Sinceramente, es usted mejor que la mayoría, y a veces me parece como si quisiera hacerse pasar por mala persona.

LORD D. Todos tenemos nuestras pequeñas debilidades, lady Windermere.

LADY W. ¿Ypor qué ha elegido precisamente ésa?

LORD D. ¡Bah! Actualmente, una serie de tipos engreídos se mueven en sociedad presumiendo de buenos; así que yo creo que si pretendo ser malo demostraré cierta humildad y buena disposición. Además, hay algo en favor de mi teoría. Si se presume de bueno, el mundo en general le toma en serio. Si se presume de malo, no lo hace. Tal es la asombrosa estupidez del optimismo.

INCIPIT 261. LA PENINSULA / JULIEN GRACQ

A través de la vidriera de la sala de espera, Simon vislumbraba a su derecha, proyectada sobre el andén y contra los cristales, la sombra de la marquesina calada, de cuyas polvorientas alas color chocolate se divisaba el comienzo; pero a su izquierda el manto de sol caía a plomo sobre el yermo de los raíles, de donde ascendía la reverberación un tanto temblorosa de las vías ardientes. Una hilera irregular de vagones de mercancías, en la que el mismo y discontinuo tono chocolate se impregnaba del marrón de la herrumbre, cerraba la visión por aquel lado —entre los raíles y sobre las traviesas, bajo la cocción del sol, el cacao calcinado y granuloso del balasto mudaba a un marrón más oscuro, virando al matiz que las cajitas de betún denominan marrón parisién; y asentados sobre aquel lecho torrefacto, los raíles, con su luz cegadora, evocaban en el ojo herido el calor de un principio de

HISTORIAS DEL FRANQUISMO

De Correspondencia, de JB y CMG, p. 191


Vassar, 20 de noviembre de 1985

Querido Juan:

Aunque me tengo prohibido mirar para atrás por miedo a convertirme en estatua de sal, hoy, con motivo del décimo aniversario de aquello,’38 viene a mi memoria una frase que, según creo, dijo tu hermano Paco: «Si vuelvo a ver un perrito retratado en el ABC con una hucha petitoria en la boca en recaudación de fondos para la Cruz Roja, me voy al extranjero».

INCIPIT 260. LAS TRIBULACIONES DE UNJOVEN INDOLENTE / RL STEVENSON

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En el que Juan siembra vientos

Juan Varey Nicholson era estúpido; sin embargo, otros más estúpidos que él se pavonean en el Parlamento y sejactan de ser los autores de la posición elevada que alcanzan. Desde la infancia, Juan tuvo propensiones a la obesidad, y desde la infancia vio la vida humana con ojos alegres, sin detenerse a examinar el fondo de las cosas. Acaso esta actitud encierre la causa original de sus desdichas. Fuera de ello, la filosofía nada nos dice acerca de la vida de Juanito Nicholson: pero la superstición aventura una explicación más afirmativa, asegurando que Juanito Nicholson era detestado por los dioses.

MIERDA Y AGUA

De Ventajas de viajar en tren de A Orejudo, p.136


Los cándidos humanistas han creído siempre que podíamos acceder al alma humana a través del trato cálido y la amable conversación entre personas, pero la verdadera esencia del hombre está en la mierda, en esa materia despreciable que creemos bajar por una mbería anónima y sumergirse con un ruido líquido en las aguas fecales de las alcantarillas. Si alguien se tomara la molestia de recoger y analizar nuestras defecaciones, se sorprendería de la abundante información que contienen. Mucha protección de datos; mucho discutir sobre si nos controlan o no cuando pagamos con tarjeta de crédito, o cuando usamos Internet, pero luego no nos importa suministrar despreocupadamente y con alivio cuando nos creemos a salvo de cualquier mirada y nos sentamos en nuestra íntima taza del váter los aspectos más ocultos de nuestra personalidad, de nuestros gustos y nuestro temperamento, de nuestros ciclos y nuestras crisis. Así es como abrimos nuestro corazón a los demás; no somos nada más que un puñado de mierda. Un puñado de mierda y ochenta por ciento de agua.

Helga sintió que se mareaba con las palabras de Martín y con los gases, sin duda tóxicos, que emanaban de las toneladas de basura allí almacenadas. Su agobio contrastaba con la jovialidad y el bienestar que parecía sentir Martín descubriendo su propia mierda.

INCIPIT 269. EL ABANICO DE LADY WINDERMERE / OSACR WILDE

ACTO PRIMERO


Pequeño salón de la casa de LORD WINDERMERE, en Carlton House Terrace. Dos puertas, una al fondo y otra a la derecha. Mesa escritorio con libros y papeles. Sofá y una mesita a la izquierda. A la izquierda también, una ventana que da a la terraza. A la derecha, una mesa.

LADY WINDERMERE, junto a dicha mesa, arregla unas rosas en un jarrón azul.

[Entra PARKER.]

PARKER. ¿Recibe Su señoría esta tarde?

LADY W. Sí... ¿Quién ha venido?

PARKER. Lord Darlington, señora.

LADY W. [Tras breve vacilación.] Hágale pasar... Y estoy en casa para todo el mundo.

PARKER. Bien, señora.

[Sale PARKER.]

LADY W. Es mejor que le vea antes de esta noche. Me alegro de que haya venido.

[Entra PARKER.]

PARKER. Lord Darlington.

[Entra LORD DARLINGTON y sale PARKER.]

LORD D. ¿Cómo está usted, lady Windermere?

LADY W. Muy bien; ¿y usted? No, no puedo darle la mano.

JAMESIANA

De El amante de Italia, de henry James, p.33
GIOTTO
Este artista, adentrándose en el énfasis a cualquier precio, golpea con fuerza, valga la expresión, en el núcleo de su idea -gracias a lo cual su concentración no ha sido jamás superada. En otras palabras, tiene, en la medida de sus posibilidades, un genio de suprema expresividad; consigue que la sola sombra de un propósito intencionado o una actitud representada sea tan inconfundible que sus figuras nos conmueven a veces como criaturas que encontramos repentinamente, demasiado alarmantes, demasiado amenazadoras. Exiguo, primitivo, sin desarrollar y, sin embargo, inconmensurablemente fuerte; llega a hacernos creer que, de haber vivido unos cuantos años más tarde, Miguel Ángel podría haber encontrado un rival. Y no es que sea dado a posturas complicadas o esfuerzos sobrehumanos. Ese algo raro que nos perturba y nos obsesiona en a sombra su obra brota, más bien, de una especie de familiaridad feroz.

BENETIANA

De Correspondencia, de JB y CMG, p. 93-94
Cuando se mete uno en el terreno del amor ¿en qué medida se puede mantener una conducta liberal? Yo voy creyendo cada día con más convicción que el amor no es un sentimiento más, que un día nace en el pecho de un hombre y Otro día se puede apagar. Yo voy creyendo que se trata de una concentración de sentimientos, ya conocidos y viejos como él, que andaban más o menos separados y dispares, cada uno de los cuales tenía un objeto distinto donde aplicarse: el amor —parece un tanto pueril y obvio decirlo— se traduce en que un mismo y único objeto concentra sobre sí todos los sentimientos. Antes para su sentimiento de curiosidad tenía los libros, para el cariño la madre o el perro, para su afán de diversión sexual la maítresse, para su envidia el dinero y para su amenidad el paseo por el campo. Y ahora resulta que toda su curiosidad, su cariño, su envidia, su ambición y su capacidad de goce se concentran sobre una mujer que desenfoca a todos los objetos que antes absorbían esa gama tan variada. De donde resulta que la atención del hombre queda absorbida por esa mujer; antes también la tenía absorbida pero diversificada. Y aquí entra de nuevo el principio de Lavoisier.

INCIPIT 268. ESTIO / EDITH WHARTON

Una muchacha salió de la casa del abogado Royall, al final de la única calle de North Dormer, y se detuvo en el escalón de la puerta.

Era el comienzo de una tarde de junio. El cielo transparente como un manantial bañaba con un sol plateado los tejados de las casas, los prados y los bosques de alerces circundantes. Un viento suave se movía entre las redondeadas nubes blancas sobre los contrafuertes de las colinas, llevando sus sombras a través de los campos y de la carretera cubierta de hierba que adquiere el nombre de calle al pasar por North Dormer. El poblado se encuentra en territorio alto y abierto, y carece de la pródiga sombra de los más protegidos pueblos de Nueva Inglaterra. La arboleda de sauces llorones que rodea el estanque de los patos, y las píceas noruegas que se encuentran ante la verja de Hatchard proyectan casi las únicas sombras existentes en la acera que va desde la casa del abogado Royall al punto en que, al otro extremo del poblado, la carretera sube por encima de la iglesia y rodea la negra muralla de abetos americanos que encierra el cementerio.

DEPRESION

De Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo, p. 93

Depresión postesquizofrénica


Adinamia o astenia, depresión física y psíquica con debilitación muscular. La paciente presenta un trastorno depresivo aparecido tras un episodio esquizofrénico. Persisten los síntomas de la esquizofrenia catatónica, pero predominan los depresivos: desgana, apatía, abulia y sentimiento de irrealidad o extrañeza respecto al mundo externo o a sí mismo. Distanciamiento respecto al entorno. Disforia. La paciente presenta poca expresividad facial y lentificación de los movimientos espontáneos, disminución de la frecuencia del parpadeo, pocas inflexiones vocales y mirada huidiza. Síntomas de anhedonia, vacío emocional y flexibilidad cérea. Despersonalización.

INCIPIT 267. VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN / ANTONIO OREJUDO

El casamiento engañoso


Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. Imaginemos que este hombre no regresa jamás de su ensimismamiento, y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales al norte del país. Nuestro libro comienza a la mañana siguiente, cuando esta mujer regresa en tren a su domicilio tras haber finalizado los trámites de ingreso, y el hombre que está sentado a su lado, un hombre joven, de nariz prominente, ojos saltones y alopecia prematura, que viste un traje azul marino y lleva sobre las rodillas una peculiar carpeta de color rojo, se dirige a ella con esta pregunta tan peregrina:

—Le apetece que le cuente mi vida?

Vaya pregunta. Al oírla, nuestra mujer, de aspecto más elegante y distinguido, mayor en edad, aunque menuda en estatura y, como suele decirse en estos casos, de semblante agradable y ojos vivarachos, se queda petrificada.

PENSAR, CLASIFICAR

De Ventajas de viajar en tren de Antonio Orejudo


Aparcó cerca de la biblioteca y halló sin dificultad el acceso a los anaqueles. La signatura DP estaba ubicada en el tercer piso, y allí se encaminó por una escalera interior. Las inmensas estanterías metálicas, repletas de volúmenes, dibujaban estrechos pasadizos desiertos y oscuros por los que de cuando en cuando Helga se tropezaba con algún estudiante. El sistema de catalogación por la CDU no tiene pérdida; en seguida localizó la serie 233 de la signatura DP, y sólo tuvo que seguir el orden alfabético para dar con DP 233.B7.C9. El volumen Cio, el que debía tomar en sus manos quien llegara primero, no estaba. Instintivamente se volvió, pero a su espalda no había nadie. Ni a su derecha. Ni a su izquierda. Se encontraba en medio de un largo pasillo, sola. De pronto se apoderó de ella una angustiosa sensación de opresión; libros delante, libros detrás, libros arriba, libros abajo, y necesitó salir, respirar aire puro. Logró contenerse, no obstante, y esperar. Era posible que Fat hubiera llegado antes que ella, hubiese cogido el volumen y estuviera dando una vuelta por la biblioteca, podía ser estudiante de Stony Brook. Era posible también que el libro hubiera sido tomado en préstamo por otra persona, en cuyo caso Fat llegaría a ese mismo punto a la hora acordada. Pasaban cinco minutos de las cinco de la tarde. Repentinamente Helga Pato tuvo la sensación de estar siendo observada.

INCIPIT 266. CORRESPONDENCIA / JUAN BENET, CARMEN MARTIN GAITE

Madrid, 16 de julio de 1964

Querido Juan Benet:

Mucho tengo que retroceder en el tiempo para recordar dos horas tan buenas como las que pasé ayer en tu casa. Son de esas que almacenan beneficio y lo van desplegando después y a distancia. Por eso hoy me doy más cuenta que ayer de lo bien que me sentaron. No te lo puedes ni figurar.

Adiós.

No dejes de venir algún día para traerme los Ensayos de incertidumbre. Que estés bien, y gracias por todo.

Tu amiga

Carmiña

BENETIANA

De Coorepondencia / Carmen Martín Gaite, Juan Benet, p.51
Para mí el primer problema es el objeto del discurso. Todo lo vago que tú quieras: el carecer de un objeto concreto también es una disposición. También tiene su objeto. Sin duda no es más que un espejismo porque como es obligado decir algo al no proponerse un objeto cualquiera, se eligen todos. Se elige la multitud porque un individuo cualquiera no goza de suficiente atractivo, y eso se debe siempre a una inhibición, a una falta de voluntad, una falta de valor para confesarse a sí mismo el poco deseo que obra en nuestro interior de desarrollar el esfuerzo que necesita la comprensión cabal de un individuo. Kafka, Proust y Faulkner son tres escritores que siempre me han obsesionado. Por muy bien que los conozca siempre me dejan perplejo. Hay un rasgo común a los tres: los tres son capaces de abandonarlo todo —el héroe, la narración, la unidad dramática, las proporciones del todo— por indagar el sentido más cabal y último de una sola palabra. Por una sola conjunción, colocada en un contexto especial, son capaces de consumir páginas y páginas. Eso es en definitiva una postura cuya raíz hay que buscarla en la misma pasión que un día les llevó a escribir. Ésa es la prueba de su honestidad; porque una vez que adquirieron la maestría del estilo, se convencieron que lo importante era su función, más que el objeto del discurso, porque tan válido es una conjunción como un amor contrariado. Hasta pronto. 


Juan

INCIPIT 265. EL AMANTE DE ITALIA / HENRY JAMES

En los últimos y felices días de mayo uno puede decir, sin hacer injusticia a nadie, que el estado de ánimo de cualquier forestiero en Roma es de intensa impaciencia esperando el momento en que todos los demás forestieri hayan abandonado la ciudad. Se puede confesar este sentimiento sin ser juzgado de misántropo. La ciudad ha estado durante los meses de invierno tan completamente en manos de los bárbaros que el apasionado viajero encuentra cada vez más difícil mantener límpida su pasión. El viajero experimenta una atribulada sensación de impresiones pervertidas y adulteradas; el venerable rostro nos desconcierta con su yana impaciencia por verse reflejado en ojos ingleses, americanos, alemanes. No es simplemente el hecho de que uno nunca sea el primero o nunca sea el único en los lugares clásicos o históricos donde uno ha soñado con persuadir al tímido genius loci para que se manifieste con más confianza no es simplemente porque San Pedro, el Vaticano, el Palatino, resuenan siempre con la nota falsa de idiomas sin estilo; es la sensación opresiva de que la ciudad del alma se ha convertido por el momento en una monstruosa mezcla de balneario y tienda de souvenirs cuya vida más apasionada es la de los turistas que regatean sobre falsas tallas y bostezan en palacios y templos. Pero a uno le han hablado de un tiempo feliz cuando esos abusos empiezan a desaparecer, cuando Roma comienza a ser Roma de nuevo y uno puede disfrutar de ella con exclusividad.

11 DE SEPTIEMBRE

Watten.
Un legado
A finales de septiembre recibí, por la venta de los terrenos de Ólling, que después de la muerte de mi tutor se habían repartido por mitad entre mi primo y yo, una suma de dinero bastante importante, que yo mismo no quería utilizar pero que, enseguida, quise dedicar a un buen fin, y de hecho, movido por la lectura de varios escritos de Undt, matemático y jurista, que se ocupaban todos de la situación, en cualquier caso sin salida, de los reclusos recién puestos en libertad, mi decisión de ofrecer en una breve carta a ese hombre, que no sólo con sus escritos, sino también directamente con su intervención personal, se ponía a la disposición de esos parias entre los hombres, siempre y con la mayor abnegación, la suma que me había llegado inesperadamente fue algo lógico. El 11 de septiembre le comuniqué a Undt, que, totalmente entregado a su tarea, se había establecido desde hacía años en el pequeño, insignificante, pero extraordinariamente conveniente para sus fines Gars del Kamp, mi decisión de poner a su disposición millón y medio, y el 13 recibí la siguiente respuesta:

De Relatos de Thomas Bernhard

PRETERITO PERFECTO

JORNADAS LIBERTARIAS INTERNACIONALES 1977

De La generación de la democracia / JL Velásquez, J Memba, p.65
EL AUGE DEL ANARQUISMO
El anarquismo en España procedía de una larga tradición que recuperó sus fueros a mediados de los setenta. No tardó en acoger en su seno a los jóvenes cansados de ser carne de cañón en las filas de la IR, deseosos de liberarse de las ataduras que imponía el modelo leninista de partido y ansiosos porque se tomara un poco en serio el valor de la libertad individual, denostada en igual proporción en la mayoría de las organizaciones que se llamaban revolucionarias. En este sentido, destaca la absoluta incomprensión respecto a cuestiones como la sexualidad, la música, las drogas o simplemente los atuendos juveniles. A los ojos censores de los dirigentes revolucionarios, la libertad individual, o, lo más importante, su ejercicio, representaba un peligro y un ejemplo de contagio ideológico burgués. Escuchar punk-rock anglosajón, en lugar de folclore de las distintas nacionalidades, llevar vaqueros y pelo largo, así como fumar porros o ser homosexual, representaba, para estas organizaciones, el colmo del aburguesamiento y el liberalismo.
Después de la legalización de la CNT se ponen de manifiesto los enfrentamientos entre los dos modos de entender la práctica y la militancia anarquista. Por un lado, existe un sector próximo al anarcosindicalismo más tradicional, partidario de encauzar el movimiento desde los centros de trabajo. Por otro, se encuentra una concepción del anarquismo más abierta, que pretende aglutinar no sólo a los trabajadores, sino también a los estudiantes, a las feministas, a los homosexuales y al resto de los grupos marginales (psiquiatrizados en lucha y presos sociales, por ejemplo). El recelo de los viejos militantes y de los dirigentes sindicales hacia esos grupos era muy fuerte, olvidando que este anarquismo disperso era la mejor baza para una renovación del movimiento no sólo ideológica. Pero, a pesar de las muchas contradicciones que encerraba, el movimiento anarquista se convirtió en refugio de los jóvenes desencantados y todavía atraídos, de alguna manera, por las reivindicaciones radicales y por el discurso de la revolución. El espacio anarquista era un teatro de operaciones donde podía ocurrir lo mejor y lo peor, donde la ausencia de una disciplina rígida era el máximo regalo.
No cabe duda de que si hubo una ideología por la que se decantó mayoritariamente la Generación del 77, ésa fue el anarquismo. Para el poder, los ácratas no eran más que una panda de drogados, y la gente «normal» seguía creyendo que habían dejado de existir después de la guerra Sin embargo, la participación multitudinaria en las jornadas libertarias de aquel verano dio fe del resurgir anarquista que se estaba empezando a detectar desde el agarrotamiento de Puig Antich. La aspiración revolucionaria que conmoviera a Orwell cuarenta años antes se mantenía viva en la Cataluña de 1977 por el impulso de la juventud. En un ambiente sin horarios ni alguaciles, claramente festivo —puesto que la revolución es la auténtica fiesta de los oprimidos—, los jóyenes militantes de la CNT, la organizadora de las jornadas, o de Mujeres Libres, debatieron animada- — mente en el Salón Diana con García Rúa, Cipriano 67 Damiano, López Campillo y algunos otros destaca- dos anarquistas, como Dany Cohn-Bendit. Los miembros irreductibles de la Generacion del 68 se- guían siendo los mentores de sus «hermanos pequeños». Allí se habló de la lucha de los homosexuales, de expansionar la conciencia programada por el sistema de enseñanza obligatorio mediante el uso de alucinógenos, y de la diferencia latente entre ácratas y anarcosindicalistas. También se puso de manifiesto la capacidad del pensamiento ácrata para cuestionar la hegemonía marxista en la izquierda cultural, así como para presentar alternativas concretas al comunismo real en problemas como el que planteaba el Estado o la autogestión. Se habló, por supuesto, de asambleísmo, y se llegaron a apuntar las conexiones existentes entre la ecología, la libertad sexual y la transformación social revolucionaria de signo libertario.

INCIPIT 264. LA MANO INVISIBLE / ISAAC ROSA

Siempre, al llegar, tiene un impulso de saludar. No un saludo teatral, de pararse, juntar los pies y doblar medio cuerpo con una reverencia, aunque el lugar invite a eso o incluso a algo más circense, dar una carrerita de impulso y encadenar varias volteretas con un salto final. Se conformaría con levantar la mano y agitarla en varias direcciones, quizás sonreír, pero no lo hace, qué ridículo, Entra desde la puerta del fondo y recorre treinta metros hasta alcanzar la zona donde están colocados los materiales y herramientas. Aunque ya es su segunda semana, todavía se pone un poco nervioso al llegar. Camina sin niNCaturalidad, con paso ligero, mirando al suelo, las manos en los bolsillos, calculando sus gestos como si se viera desde fuera, qué efecto provocará su andar tímido, mete barriga, levanta un poco la barbilla, le habrán visto o todavía no. Incluso en sus primeros movimientos, al colocarse el casco o coger el cepillo, lo hace con cuidado, evitando hacer ruido, como si así ganase unos minutos de soledad antes de que le vean. Mientras barre los restos del día anterior, la arenilla y las lascas de ladrillo que quedaron por el suelo, mira con disimulo, arrugando los ojos por el deslumbramiento.

MATEMATICA Y LOCURA

De Prisión perpetua, de Piglia, p.135
EXPERIENCIA. Los jóvenes matemáticos, dijo Erika, como los poetas y los ajedrecistas y los músicos, hacen sus grandes obras y sus grandes descubrimientos antes de los veinte años, luego envejecen y son conservados en el museo o se destruyen como una llama que arde un instante y muere. Empezó a dar nombres: Einstein, Gódel, Keats, Capablanca, Mozart, Rimbaud son siempre niños un poco monstruosos y siniestros. Fenómenos de feria. Existe, dijo, una galería de freaks en el universo intelectual. Ellos poseen el genio de la forma y captan con un solo golpe de vista grandes estructuras y las fijan en un punto porque carecen de experiencia. Tienen una capacidad inhumana de concentración porque no tienen pasiones. Son geniales porque son infantiles, es decir, porque son inexpertos. A medida que viven pierden el poder de abstracción. Son vírgenes, son célibes, son animales raros, crecen en condiciones excepcionales, aislados del mundo por el muro de vidrio de la muerte emocional, como peces nadan en el acuario, flotan en un lenguaje abstracto, personal, los signos son el único aire que respiran.

Pronto los cultivarán como a animales raros, en el monasterio de los campus universitarios, alejados del contacto con la vida.
El genio depende de la inexperiencia, dijo Erika y luego encendió un cigarrillo y se rectificó, el genio es la inexperiencia.

NUEVAS IDEAS SOBRE LA HOMINIZACION



De Panóptico, de Menéndez Salmón, p. 105



«A fin de cuentas, ser hombre consiste en interpretar signos olvidados junto a restos de viejas pasiones, en desentrañar inscripciones que otras conciencias abocetaron tras su paso por la tierra, en ser un perito de penas y faltas, del padrón de mentiras, vergüenzas y anhelos que cada débil simio heredó de sus mayores antes de legarlo a la posteridad».

INCIPIT 263. EL ALUMNO / HENRY JAMES

El pobre joven dudaba ‘v no acababa de decidirse: le suponía un gran esfuerzo abordar el tema económico, hablar de dinero con una persona que sólo hablaba de sentimientos y, por así decirlo, de sentimientos elevados. Sin embargo, no quería despedirse, considerando cerrado su compromiso, sin que se echara una mirada más convencional en esa dirección, pues apenas permitía posibilidad alguna el modo en que planteaba el asunto la afable y corpulenta dama que se hallaba sentada ante él, manoseando unos estropeados guantes de ante con su enjoyada mano regordeta, estrujándolos y deslizándolos al mismo tiempo, y repitiendo una y otra vez toda clase de asuntos, excepto aquello que a él le hubiera gustado escuchar. Le hubiera gustado oír la cifra de su salario; pero justo en el mismo momento en que el joven, con nerviosismo, se disponía a hacer sonar esa nota, regresó el niño —a quien la señora Moreen había enviado fuera de la habitación a buscar su abanico. Volvió sin el abanico, limitándose a decir que no lo encontraba. Mientras soltaba esa cínica confesión, clavó con firmeza la mirada en el candidato a obtener el honor de ocuparse de su educación, Éste pensó, con cierta preocupación, que lo primero que tendría que enseñarle a su pupilo sería cómo debía dirigirse a su madre —especialmente que no debía darle una respuesta tan inapropiada como aquélla.

OSSESSIONE


De Prisión perpetua, de Piglia, p. 19
La idea fija.
Steve se interesa cuando sabe que mi padre es médico y que ha estado en la cárcel. Sólo el que ha estado en prisión puede hablar de enfermedades, dice. Quiere que mi padre sea su médico personal. Empiezan una conversación fantástica sobre el alcohol. Incidentalmente, dice mi padre, todo lo que se ha escrito sobre la bebida es absurdo. Hay que empezar otra vez por el principio. Beber es una actividad seria, desde siempre asociada con la filosofía. El que bebe, dice Steve, intenta disolver una obsesión. Hay que definir primero la magnitud de la obsesión. No hay nada más bello y perturbador que una idea fija. Inmóvil, detenida, un eje, un polo magnético, un campo de fuerzas psíquico que atrae y devora todo lo que encuentra. ¿Ha visto alguna vez una luz imantada? Se traga todos los insectos que se le acercan, los trata como si fueran de fierro. He visto volar interminablemente a una mariposa en el mismo lugar hasta morir de fatiga.

INCIPIT 262. EL LAMENTO DE PORTNOY / JOSEPH ROTH



Portnoy, Mal de [llamado así por Alexander Portnoy (1933- )]. Trastorno en que los impulsos altruistas y morales se experimentan con mucha intensidad, pero se hallan en perpetua guerra con el deseo sexual más extremado y, en ocasiones, perverso. Al respecto dice Spielvogel: «Abundan los actos de exhibicionismo, voyeurismo, fetichismo y autoerotismo, así como el coito oral; no obstante, y como consecuencia de la “moral” del paciente, ni la fantasía ni el acto resultan en una auténtica gratificación sexual, sino en otro tipo de sentimientos, que se imponen a todos los demás: la vergüenza y el temor al castigo, sobre todo en forma de castración» (Spíelvogel, 0., «El pene confuso», Internationale Zeitschrift für Psychoanalyse, vol. XXIV, p. 909). Spielvogel considera que estos síntomas pueden remontarse a los vínculos que hayan prevalecido en la relación madre-hijo.

SUICIDIO

De Panóptico, de Menéndez Salmón, p. 59-60


Diario de sesiones

4 de diciembre

Los internos, que habían afrontado con excelente ánimo los preparativos navideños, se encuentran esta mañana abatidos por culpa del suicidio de Egon K., paciente que ocupaba la celda inmediata a la de Winter. Este ha plasmado sobre la servilleta del desayuno un sucinto razonamiento a propósito de la decisión de su vecino. Lo transcribo a continuación, dado su evidente interés:
«Al arrancarse la vida, ese pobre diablo estaba afirmando, de forma indirecta, su apego a la existencia. El suicidio es la máxima expresión de la voluntad por perdurar. Cuando Egon K. se arranca su tiempo y su cuerpo testimonia, de modo irrefutable a mi entender, que hubiera deseado habitar otro tiempo y otro cuerpo. Cada suicida resuelve así las antinomias entre eternidad y temporalidad, espíritu y materia, necesidad y libertad. Un hombre no se quita la vida porque el mundo o el resto de seres humanos le repugnen sino por el dolor que experimenta al no poder encarnarse en otro pedazo de carroña distinto al que le ha tocado en suerte conservar. No dudo que bajo el rostro azulado y feo de Egon K., recorrido por el aterrador ósculo de la estricnina, resplandecía la esperanza por poseer una piel páIida y lustrosa, dueña de un futuro inmejorable».

INCIPIT 261. EL MAPA Y EL TERRITORIO / HOULLEBECQ

Jeff Koons acababa de levantarse de su asiento con los brazos hacia delante en un impulso de entusiasmo. Sentado enfrente de él, en un canapé de cuero blanco parcialmente recubierto de seda, un poco encogido sobre sí mismo, Damien Hirst parecía a punto de emitir una objeción; tenía la cara colorada, sombría. Los dos vestían traje negro -el de Koons, de rayas finas-, camisa blanca y corbata negra. Entre los dos hombres, en una mesa baja, descansaba un cesto de frutas confitadas al que ni uno ni otro prestaba la menor atención; Hirst bebía una Budweiser Light.

Detrás de ellos, un ventanal daba a un paisaje de edificios altos que formaban una maraña babilónica de polígonos gigantescos que se extendía hasta los confines del horizonte; la noche era luminosa, el aire absolutamente diáfano. Se podría decir que estaban en Qatar o en Dubai; la decoración de la habitación se inspiraba en realidad en una fotografía publicitaria, sacada de una publicación de lujo alemana, del Hotel Emirates de Abu Dabi,
La frente de Jeff Koons relucía ligeramente; Jed la sombreó con un cepillo y retrocedió tres pasos.

CHISTE

De La mano invisible de Isaac Rosa, p.179


Qué más te da quién esté detrás de esto, yo en la fábrica tampoco sabía bien quiénes eran los dueños ni quiénes estaban en los despachos de la sede central. Mira a los presentes, uno a uno, juega a adivinar si alguno de ellos tendrá en su casa una limpiadora que una o dos veces por semana les friegue los baños yios suelos y les planche la ropa. Léete bien el contrato antes de quejarte, que seguro que lo pone ahí pero no nos hemos dado cuenta. Varias veces ha trabajado por horas en casas que eran como la suya, de trabajadores que no debían de ganar mucho más que ella, dos sueldos y una hipoteca, finales de mes apretados, breves vacaciones y un capricho de vez en cuando, pero sin embargo la llamaban y le pagaban treinta euros en lugar de limpiarse ellos mismos la casa. A mí en el fondo me gusta esto, creo que estamos participando en algo importante, no sé qué pero algo importante, en todo caso estamos mejor de lo que estaríamos en cualquier empresa haciendo lo mismo, y tampoco están las cosas por ahí como para ponernos exquisitos. Casas de barrio humilde, pisos sin ascensor ni calefacción, electrodomésticos de marca blanca, muebles baratos, monos colgados en los tendederos, furgonetas de reparto aparcadas, y sin embargo tenían limpiadora, le recordaba a un cuento que le repetía su madre cuando era pequeña, érase una vez una familia muy pobre muy pobre, el padre era pobre, la madre era pobre, los hijos eran pobres, la criada era pobre; su madre se reía al contarlo y ella no le veía la gracia, y sin embargo ella también se lo ha contado a sus hijos, que tampoco entienden el chiste, y qué más, mamá, eso es todo, vaya cuento.

BENETIANA

De Variaciones sobre un tema romántico, de JB, p. 73


—Aquello no habrá cambiado nada.
—Aquello no habrá cambiado nada —dijo el viejo, desde el fondo de su sillón— pero el recuerdo sí.
—Me tengo que ir ya, don León.
—El recuerdo sólo cambia —dijo Fermina, en actitud sentenciosa, cuando se disponía a recoger los restos de la merienda— cuando lo que fue no fue lo que tenía que haber sido. Cambia, cambia, demasiado.
—No digas tonterías, Fermina —respondió don León—. Lo que fue nunca fue lo que fue.
—Don León, me voy —anunció el joven.
—Fermina.
—Diga el señor.
—Algo de humo, por favor.

INCIPIT 260. EL VIAJE / SERGIO PITOL

INTRODUCCIÓN

Y un día, de repente, me hice la pregunta: ¿Por qué has omitido a Praga en tus escritos? ¿No te fastidia volver siempre a temas tan manidos: tu niñez en el ingenio de Potrero, el estupor de la llegada a Roma, la ceguera en Venecia? ¿Te agrada, acaso, sentirte capturado en ese círculo estrecho? ¿Por pura manía o por empobrecimiento de visiones, de lenguaje? ¿Te habrás vuelto una momia, un fiambre, sin siquiera haberte dado cuenta?
Un tratamiento de choque puede lograr resultados inmejorables. Estimula fibras que languidecían, rescata energías que estaban a punto de perderse. A veces es divertido provocarse. Claro, sin abusar; jamás me encarnizo en los reproches; alterno con cuidado la severidad con el ditirambo. En vez de ensañarme contra mis limitaciones he aprendido a contemplarlas con condescendencia y aun con cierta complicidad. De ese juego nace mi escritura; al menos así me lo parece.
Un cronista de lo real, un novelista, y si talentoso mejor, Dickens, por ejemplo, concibe la comedia humana no sólo como una mera feria de vanidades, sino que, a partir de ella, nos muestra un complejo mecanismo de relojería

MATRIMONIO

De Prisión perpetua, de Piglia, p.53
No hay nada tan abyecto, dijo Lucía, como la convivencia de un hombre y una mujer. En teoría podemos comprender a una persona, pero en la práctica no la soportamos. El matrimonio es una institución criminal. Con los lazos matrimoniales siempre termina ahorcado alguno de los cónyuges. En eso reside el sentido de la fórmula «hasta que la muerte nos separe».


Su padre había fotografiado a su madre en todas las posturas posibles, de espaldas, al sesgo, con disfraces, en cueros, con vestidos alemanes o paraguayos. Era un artista óptico y estaba obsesionado. Se encerraban días enteros en los altos de la casa y abandonaban a la hija que se moría de tedio y subía descalza la escalera para espiarlos.

Hasta que al fin supongo que mi madre se hartó y quiso escapar, dijo Lucía.

El suicidio de la mujer terminó caratulado como muerte dudosa y el padre fue sobreseído; la causa quedó abierta

CENIZAS A LAS CENIZAS

De El mapa y el territorio de Houllebecq, p. 282


Y cuanto más reflexionaba sobre ello tanto más le parecía impío, aunque no creyera en Dios, tanto más le parecía en cierto modo antropológicamente impío dispersar las cenizas de un ser humano sobre ios prados, los ríos o el mar, o incluso, como creía recordar que había hecho el fantoche de Alain Gillot-Pétré, considerado en su tiempo la persona que había rejuvenecido la presentación televisada del boletín meteorológico, en el ojo de un huracán. Un ser humano era una conciencia, una conciencia única, individual e irreemplazable, y merecía por ello un monumento, una estela, al menos una inscripción, en suma, algo que afirmara y trasladase a los siglos futuros el testimonio de su existencia, he aquí lo que pensaba Jasselin en el fondo de sí mismo.

INCIPIT 259 . PRISION PERPETUA / RICARDO PIGLIA


En otro país
1
Una vez mi padre me dio un consejo que nunca pude olvidar:
«También los paranoicos tienen enemigos!», me dijo, a los gritos, en el teléfono, tratando de hacerse entender desde la lejanía, en febrero o marzo de 1957. No era un consejo pero siempre lo usé así: una máxima privada que condensa la experiencia de una vida. Esa frase era el fin de un relato, el cristal donde se reflejaba la catástrofe. Mi padre había estado casi un año preso porque salió a defender a Perón en el 55 y de golpe la historia argentina le parecía un complot tramado para destruirlo.
Se crió en el campo, un médico de provincia que cuando tomaba y estaba alegre enfurecía a mi madre cantando «La pulpera de Santa Lucía» con una variante obscena que había aprendido en un prostíbulo de Irenque Lauquen. Se hizo peronista en el 45 y fue peronista toda la vida. Los acontecimientos se encadenaron para hacerlo abdicar pero él se mantuvo firme. Salió de la cárcel y se siguió reuniendo con los compañeros del movimiento (como los llamaba), que venían a casa a imaginar la vuelta de Perón.
Hay hombres sobrios y aplomados, a los que la desgracia los quiebra por adentro, sin que se vea. No saben quejarse, son ceremoniosos y gentiles, piensan que los demás actuarán con la misma mag-

CRISIS


De La mano invisible, de Isaac Rosa, p. 284El ingreso anual de cualquier sociedad es siempre exactamente igual al valor de cambio del producto anual total de su actividad, o más bien es precisamente lo mismo que ese valor de cambio. En la medida en que todo individuo procura en lo posible invertir su capital en la actividad nacional y orientar esa actividad para que su producción alcance el máximo valor, todo individuo necesariamente trabaja para hacer que el ingreso anual de la sociedad sea el máximo posible. Es verdad que por regla general él ni intenta promover el interés general ni sabe en qué medida lo está promoviendo. Al preferir dedicarse a la actividad nacional más que a la extranjera él sólo persigue su propia seguridad; y al orientar esa actividad de manera que produzca un valor máximo él sólo busca su propio beneficio, pero en este caso como en otros una mano invisible lo conduce a promover un objetivo que no entraba en sus propósitos. El que sea así no es necesariamente malo para la sociedad. Al perseguir su propio interés frecuentemente fomentará el de la sociedad mucho más eficazmente que si de hecho intentara fomentarlo.

POUND EN LA CARCEL


De El espía de Justo Navarro, p.140
Lo sacaron de la tumba de hierro el 18 de junio, un domingo, y, al cabo de tres días, poco a poco resucitó otra ve Lo trasladaron a una tienda grande y piramidal para oficiales delincuentes, en la zona de la enfermería Fue un ascenso: ahora era un criminal aristócrata Tenía tela metálica contra los mosquitos en las ventanas, y estaba rodeado de gráficos y mapas con manchas de café Un olivo se alzaba frente a la tienda Como un reflejo del agujero mental de Pound, la pirámide de lona se abría al cielo en el techo Se veían mariposas blancas en junio, y estrellas La tienda era un observatorio astronómico Besó la tierra después de dormir sobre cemento, bendita Itaha
Se impuso un régimen de ejercicio diario Del mango de una escoba hizo una raqueta de tenis, un taco de billar, un florete, un bate de béisboL Bateó piedras pisanas Fue en Metato mosquetero campeón deportivo, avejentado, viejo Pidió permiso para usar una máquina de escribir y consiguió una Remington Standard que por las noches no usaba nadie Habia empezado a escribir un canto en papel liigiénico Cada noche, después del toque de queda, la Remington Standard de la farmacia del DTC empezaba a fabricar versos de Pound, y Pound tecleaba impcruosamente y cantaba las palabras que iba tec1eando Las teclas golpeaban como mates en un partido de tenis, porque se aprende a escribir como se aprende a jugar al tenis, dijo un día. Dejó de teclear y oyó al grillo. Sé bienvenido, mi grillo, grillo mío, pero no cantes después del toque de queda, viola da gamba, Mozart, tecleó,
140

WIKIPEDIA

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