Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

SUICIDIO

De Panóptico, de Menéndez Salmón, p. 59-60


Diario de sesiones

4 de diciembre

Los internos, que habían afrontado con excelente ánimo los preparativos navideños, se encuentran esta mañana abatidos por culpa del suicidio de Egon K., paciente que ocupaba la celda inmediata a la de Winter. Este ha plasmado sobre la servilleta del desayuno un sucinto razonamiento a propósito de la decisión de su vecino. Lo transcribo a continuación, dado su evidente interés:
«Al arrancarse la vida, ese pobre diablo estaba afirmando, de forma indirecta, su apego a la existencia. El suicidio es la máxima expresión de la voluntad por perdurar. Cuando Egon K. se arranca su tiempo y su cuerpo testimonia, de modo irrefutable a mi entender, que hubiera deseado habitar otro tiempo y otro cuerpo. Cada suicida resuelve así las antinomias entre eternidad y temporalidad, espíritu y materia, necesidad y libertad. Un hombre no se quita la vida porque el mundo o el resto de seres humanos le repugnen sino por el dolor que experimenta al no poder encarnarse en otro pedazo de carroña distinto al que le ha tocado en suerte conservar. No dudo que bajo el rostro azulado y feo de Egon K., recorrido por el aterrador ósculo de la estricnina, resplandecía la esperanza por poseer una piel páIida y lustrosa, dueña de un futuro inmejorable».

1 comentario:

Salamandrágora dijo...

Sí, hay algo de verdad en el texto. Cuando te visitan ideas suicidas es porque deseas haber habitado otro tiempo. No sé si otro cuerpo. De mi cuerpo no tengo queja, de mi tiempo sí. El cuerpo que me tocó en suerte no es un pedazo de carroña, pero hay días en que lo mandaría a la mierda.

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