Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 916. FLORES DE PLOMO / JE ZUÑIGA


DoBLAN LAS CAMPANAS DE SANTIAGO
Desde los baldíos de Santo Domingo y Leganitos, un viento duro sopla briznas de nieve y sacude los bordes de la capa hasta enredar las piernas y obligar a la mano enguantada a sujetar el ala de la negra chistera y entornar los ojos que apenas ven el suelo empedrado, tan conocido, según entra en la calle Angosta de San Bernardo y entonces le parece que una voz de mujer grita muy lejos, “¡Mariano, ven, Mariano!”, pero es el zumbar del viento en los oídos, fue su imaginación o su deseo de que alguien le llamara y él volverse atrás, tan deseoso de eludir el encuentro, aunque el frío le hace desear la casa adonde va, no andar por calles en las que no hay sino la nublada tarde que anuncia el presto anochecer, y en el alero de un tejado algo se mueve y repite un chirrido casi animal, cual un pájaro allí enganchado y doliente. A don Mariano José de Larra, el periodista, le extraña el olor a madera quemada en el portal oscuro y oír el crujido de los escalones bajo sus pisadas y cuando entra en el despacho del cronista, que espera su visita, nota en la cara el confortable calor de la chimenea francesa bien cargada que crepita por el tiro vivaz a causa del viento, y hacia el fuego van sus ojos atraídos por la claridad de las llamas, y delante, está don Ramón de Mesonero Romanos que alza su mano para tenderla y estrechar la otra, breve y huidiza.

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