Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

SEXO ORAL

De Plegarias atendidas de Truman Capote, p.21
Me puse a hacer auto-stop sin tener pensado ningún destino particular. Me cogió un hombre que conducía un Cadillac blanco descapotable. Un tipo robusto con la nariz partida y enrojecida y pecosa de un irlandés. Nadie lo habría topar un marica, y sin embargo lo era. Me preguntó adónde dirigía, y yo me limité a encoger los hombros. Quiso saber mi edad y le dije dieciocho, aunque en realidad tenía tres años menos. Con una sonrisa forzada me dijo:
-Bueno, no quisiera corromper la moralidad de un menor
Como si yo tuviera alguna moralidad.
Después, de un modo solemne dijo:
-Eres un muchacho bien parecido.
Y era verdad, de baja estatura, uno setenta (y al final uno setenta y dos), pero fuerte y bien proporcionado, con el pelo castaño claro rizado, ojos pardos y un rostro espectacularmente anguloso. Observarme en el espejo me resultaba siempre una experiencia reconfortante. De modo que cuando Ne se lanzó al ataque, pensó que tenía fruta fresca entre sus manos. iJa! iCon lo temprano que había empezado yo! A los siete u ocho años, más o menos, ya había conocido toda la gama, desde numerosos chicos mayores, hasta varios curas pasando incluso por un guapo jardinero negro. En realidad yo era una especie de puta barata. Había pocas cosas que no hubiese hecho por cinco centavos de chocolate.

Aunque viví varios meses con él, no me acuerdo del apellido de Ned. ¿Ames? Era masajista jefe de un gran hotel de Miami Beach, una de esas guaridas de judíos inactivos de color pastel y nombre francés. Ned me enseñó el oficio, y después de abandonarle me gané la vida como masajista en una serie de hoteles de Miami Beach. De ese modo tuve un buen número de clientes particulares, hombres y mujeres a quienes daba masajes y les enseñaba ejercicios corporales y faciales, aunque los ejercicios faciales sean todos una estafa. Chupar pollas es el único eficaz. No es ninguna broma. No hay nada como eso para dar firmeza a las mandíbulas.

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