Te quiero más que a la salvación de mi alma

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SOBRE BUÑUEL

SOBRE BUÑUEL
De Aire Nuestro, de Manuel Vilas, p. 68
Hay un tipo aquí que sí me entiende. Este tipo no tiene problemas en beber un whisky con un degenerado cinematográfico como yo. Este tipo es Luis Buñuel. A Buñuel sí le gustan mis westerns. La verdad es que a mí también me encantan sus películas, que son westerns religiosos. En realidad, todo es un western. A Buñuel le encanta el Charles Bronson de Hasta que llegó su hora. Dice que le recuerda al cura que le bautizó en Calanda. Pero yo le digo que Bronson en realidad tenía ancestros rusos, de ahí sus facciones de origen mongol. Buñuel dice que justamente por eso le recuerda al sacerdote que le bautizó. Buñuel y yo somos dos solitarios de aquí abajo. A él tampoco le va muy bien con sus westerns religiosos. Aquí el jefe es Hitchcock, claro.
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Con Buñuel hablamos de España, de Almería, de Burgos, de Madrid, de los sitios en donde yo rodaba mis parodias del franquismo. Porque mis westerns hispánicos tenían un mensaje oculto: Clint era la democracia del futuro, un ser invencible, enigmático, un ser para la libertad, que venía a disparar al mundo de la Iglesia católica y a la Falange Española, etcétera. Buñuel se ríe, pero dice que sí, que él siempre vio que mis westerns no podían gustarle a Francisco Franco. Por ejemplo, está clarísimo que en El bueno, el feo y el malo, Franco era ¿feo. Buñuel dice que jamás le cupo la más mínima duda al respecto. Dice Buñuel que en Calanda y en los Monegros mis westerns hubieran quedado de lujo. Yo le digo a Buñuel que al Fernando Rey de su Tristana le hubiera quedado muy bien una canana y un sombrero, y que a su Simón del desierto le hubiera quedado estupendamente un Winchester, que a su Carberine Deneuve le hubiera venido muy bien ir montada en un caballo y llevar puesto un poncho y nada debajo. Con Buñuel sí vale la pena hablar. Me dice Buñuel que a él tampoco le habla Bergman. El pobre Luis no lo entiende. Dice que es normal que a mino me hable Bergman porque soy un cineasta de serie B. Pero no entiende que no le hable a él, que es el padre del surrealismo, y eso es institución y grandeza’. A lo mejor no tiene nada que decirnos, le digo. En cambio, el bueno de Michelangelo Atonioni sí que nos habla, pero siempre que nos habla salimos corriendo, porque el tipo es un pelma y padece halitosis múltiple (también por las narices y los ojos). En cambio, Bergman sí que aguanta a Antonioni, curioso, ¿verdad? Yo creo que alguien debería decirle a Bergman que yo hice Érase una vez en América, que me parece que se merece un respeto.

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