Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

GENETICA

Middlesex, Jeffrey Eugenides, p. 53
Trato de volver mentalmente a una época anterior a la genética, antes de que todo el mundo adquiriese la costumbre de explicar cualquier cosa con un: “Está en los genes”. Un tiempo anterior a nuestra actual libertad ... ¡y mucho más libre! Desdémona no tenía idea de lo que estaba pasando. No contemplaba sus entrañas como un vasto código lleno de números, de secuencias infinitas entre las cuales hay alguna que puede contener un error. Ahora sabemos que andamos con ese mapa por ahí. Que dicta nuestro destino incluso cuando no hacemos nada, parados en la esquina de la calle. Nos pinta en la cara las mismas arrugas y manchas de vejez que tenían nuestros padres. Nos hace moquear de manera idiosincrásica, reconocible, familiar. Genes profundamente arraigados controlan los músculos del ojo, de modo que dos hermanas parpadean de la misma forma, y a hermanos gemelos se les cae la baba al mismo tiempo. A veces, cuando estoy inquieto, me veo palpándome el cartílago de la nariz de la misma manera que mi hermano. Nuestras gargantas y laringes, formadas bajo las mismas instrucciones, comprimen el aire de cierta manera para que salga con los mismos tonos y decibelios. Y eso se puede extraprolar hacia atrás en el tiempo, de modo que cuando yo hablo, Desdémona hable también. Ella es quien escribe ahora estas palabras. Desdémona, que no sabe absolutamente nada del ejército que tiene en su interior, ejecutando un millón de órdenes, ni del soldado que desobedeció, ausentándose sin permiso ...

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