Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 807. VIRGINIA WOOLF / NIGEL NICOLSON

De niña Virginia Woolf era una gran aficionada a cazar mariposas y polillas. Con ayuda de su hermana y hermanos, solía embadurnar los troncos de los árboles con melaza para atraer y capturar a los insectos y clavar después sus cuerpos sin vida en planchas de corcho, con las alas extendidas y sujetos por alfileres. Su interés no decayó con la madurez y cuando descubrió que también a mí me gustaba cazar insectos, insistió en que saliéramos juntosde expedición por los campos de Long Barn, la casa que mi familia tenía en Kent, a tres kilómetros de Knole, donde había nacido mi madre [Vita Sackville-West]. Yo tenía nueve años. Una tarde de verano mientras peinábamos las altas hierbas con nuestras redes sin atrapar nada, Virginia se detuvo de pronto, y apoyándose en su bastón de bambú como un salvaje descansaría sobre su azagaya, me preguntó: “¿Cómo es ser niño?”. Yo, sorprendido, repuse: “Bueno, Virginia, ya lo sabes. Tú también has sido niña. Yo no sé cómo es ser tú, porque nunca he sido mayor”. Fue la única ocasión en que conseguí sacar lo mejor de ella, dialécticamente.

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