Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

TRUMAN CAPOTE

De Matara a un ruiseñor de Harper Lee,p. 181-182
Según Dill lo explicaba, me encontré preguntándome cómo sería la vida si Jem fuera diferente, incluso de como era ahora; lo que yo haría si Atticus no sintiera la necesidad de mi presencia, ayuda y consejo. Vaya, no podía pasarse ni un solo día sin mí. Incluso Calpurnia no podría  seguir adelante a menos que yo estuviera ahí. Me necesitaban.
-Dill, seguro que no es así.. . tu familia no podría pasar sin ti. Solo son mezquinos contigo. Te diré lo que debes hacer respecto a eso ... Dill continuó hablando en la oscuridad.
-La cuestión es ... lo que intento decir es ... ellos se lo pasan mejor sin mí, yo no puedo ayudarlos en nada. No son mezquinos. Me compran todo lo que quiero, pero es como si me dijeran: «Ahora que lo tienes, vete a jugar con ello. Tienes toda una habitación llena de cosas. Te he comprado ese libro, así que ve a leerlo». -Dill puso una voz más grave-. No eres un muchacho. Los muchachos salen y juegan al béisbol con otros muchachos, no se quedan en casa molestando a sus padres. -La voz de Dill volvió a ser la de siempre-. Ah, no son mezquinos. Te besan y abrazan cuando te dan los buenos días y las buenas noches y cuando te dicen adiós, y te dicen que te quieren ... Scout, consigamos un bebé.
-¿Dónde?
Dill había oído hablar de un hombre que tenía una barca con la que iba remando hasta una isla llena de niebla donde estaban todos esos bebés; se podía pedir uno ...
-Eso es mentira. La tía me dijo que Dios los hace bajar por la chimenea. Al menos creo que eso fue lo que dijo. Por una vez, la pronunciación de la tía no había sido demasiado clara.
-Bueno, no es así. Los bebés se sacan de otras personas. También está ese hombre ... él tiene todos esos bebés esperando a que los despierten, él les insufla vida ...
Dill estaba emocionado otra vez. En su viva imaginación siempre flotaban cosas hermosas. Podía leer dos libros en el tiempo en que yo leía uno, pero prefería la magia de sus propias invenciones. Sumaba y restaba con más rapidez que el rayo, pero prefería esa otra dimensión, un mundo donde los bebés dormían, esperando a que los recogieran por la mañana como si fueran lirios. Hablaba lentamente arrullándose a sí mismo y arrastrándome  también a mí al sueño, pero en la quietud de su isla brumosa se erigía la borrosa imagen de una casa gris con tristes puertas marrones.
-¿Dill?
-¿Mmm?
-¿Por qué crees que Boo Radley no ha huido nunca? Dill suspiró pesadamente y se puso de espaldas a mí.

-Quizá no tenga ningún lugar a donde huir ...

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