Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

COETZEE DEJA IBM

De Juventud, de JM Coetzee, p.143
Trabajar para International Computers no se parece en nada a trabajar para IBM. Para empezar, puede empaquetar el traje negro. Tiene despacho propio, un cubículo en un cobertizo prefabricado del jardín trasero de la casa que International Computers ha convertido en laboratorio informático. La Casa Solariega, la llaman: una casona vieja y laberíntica al final de un camino de tres kilómetros sembrado de hojas en las afueras de Bracknell. Se supone que tiene una historia, aunque nadie la conoce.
Pese a la designación ((laboratorio informático», en las instalaciones no hay ningún ordenador. Para probar los programas que debe confeccionar tendrá que ir a la universidad de Canibridge, que posee uno de los tres ordenadores Atlas que existen, todos ligeramente distintos entre sí. El ordenador Atlas -lo lee en las instrucciones que le entregan la primera mañana- es la réplica británica a IBM. En cuanto los ingenieros y programadores de International Computers hayan acabado los prototipos, Atlas será el mayor ordenador del mundo, o al menos el más grande que se pueda comprar en el mercado libre (los militares norteamericanos tienen ordenadores propios, de capacidad desconocida, y presumible- mente también el ejército ruso). Gracias a Atlas la industria informática británica asestará un golpe del que IBM tardará años en recuperarse. Es lo que hay enjuego. Por eso International Computers ha reunido un equipo de programadores jóvenes y brillantes, del que ahora él forma parte en su retiro campestre.
Lo que Atlas tiene de especial, lo que le hace único entre todos los ordenadores del inundo, es que posee cierta conciencia de sí mismo. A intervalos regulares -cada diez segundos, o incluso cada segundo- se interroga, se pregunta qué tareas está realizando y si las realiza con eficiencia óptima. Si no las está realizando de manera eficiente, las reordena y las lleva a cabo en otro orden mejor, y así ahorra tiempo y, por tanto, dinero.
El se encargará de confeccionar la rutina que deberá seguir la máquina al final de cada cambio de cinta magnética. ¿Debería leer otra tira de cinta magnética?, tendría que preguntarse el ordenador. ¿O, por el contrario, debería partirla y leer una tarjeta perforada o una tira de cinta de papel? ¿Debería escribir parte de las salidas acumuladas en otra cinta magnética o debería optar por una ráfaga de computación? Estas preguntas deben contestarse de acuerdo con el principio de eficiencia preponderante. Dispondrá de todo el tiempo que necesite (pero preferiblemente solo seis meses, porque International Computers se ha embarcado en una carrera contra el tiempo) para verter las preguntas y respuestas a un código que la máquina sepa leer y para comprobar que estén formuladas de manera óptima. Todos sus colegas programadores tienen tareas comparables y un calendario similar. Entretanto, los ingenieros de la Universidad de Manchester trabajarán día y noche para perfeccionar el hardware electrónico. Si todo sale conforme a lo previsto, Atlas entrará en producción en 1965.

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