Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 204. EL ALUMNO / HENRY JAMES

El pobre joven dudaba, sin acabar de decidirse: le suponía un gran esfuerzo abordar el tema de las condiciones económicas,hablarle de dinero a una persona que sólo hablaba de sentimientos y, podíamos decirlo así, de la aristocracia. Sin embargo, no quería considerar cerrado el compromiso e irse sin que se echara en aquella dirección una mirada más convencional, pues apenas dejaba res- quicio para ello el modo en que abordaba el asunto la dama afable y corpulenta que se hallaba sentada ante él, jugando con unos sobados gants de Suede que oprimía y deslizaba a través de su mano gordezuela y enjoyada, sin cansarse de repetir una y otra vez toda clase de cosas, excepto lo que al joven le hubiera gustado oír. Le hubiera gustado oír la cifra de su salario: pero en el mismo momento en que el joven, con nerviosismo, se disponía a hacer sonar aquella nota, regresó el niño (a quien la señora Moteen había hecho salir de la habitación diciéndole que fuera a por su abanico). El niño volvió sin el abanico, limitándose a decir, como si tal cosa, que no lo encontraba. Mientras dejaba caer aquella confesión cínica, clavó con firmeza la mirada en el aspirante a alcanzar el honor de ocuparse de su educación. Este personaje pensó, con cierta severidad, que la primera cosa que tendría que enseñarle a su pupilo sería cómo debía dirigirse a su madre (especialmente que no debían darse respuestas tan impropias como aquélla).

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