Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

SOBRE FORD MADOX FORD Y JM COETZEE

De Juventud, de JM Coetzee, p. 53
Llega una carta de la Universidad de Ciudad del Cabo. Por la excelencia de sus exámenes de licenciatura, dice, se le ha concedido una beca de doscientas libras para estudios de posgrado.
La cantidad es, con mucho, demasiado pequeña para permitirle entrar en una universidad inglesa. De todos modos, ahora que ha encontrado trabajo no puede plantearse dejarlo. A menos que rechace la beca, le queda una única opción: incribirse en la Universidad de Ciudad del Cabo como estudiante de un máster in absentia. Rellena el formulario de inscripción. Tras meditarlo debidamente, rellena la casulla “Área de estudio” con “Literatura”. Estaría bien poner “Matemáticas”, pero la verdad es que no es lo bastante listo para seguir con las matemáticas. Tal vez la literatura no sea tan noble corno las matemáticas, pero al menos no le intimida. En cuanto al tema de investigación, fantasea con la idea de proponer los Cantos de Ezra Pound, pero al final se decanta por las novelas de Ford Madox Ford. Al menos para leer a Ford no hace falta saber chino.
Ford, nacido Hueffer, nieto del pintor Ford Madox Brown, publicó su primer libro en 1891 a los dieciocho años de edad. En adelante y hasta 1939, fecha de su muerte, se ganó el pan por medios exclusivamente literarios. Pound le llamó el estilista más grande de la prosa de su tiempo y vilipendió al público inglés por dejarlo de lado. Por el momento, él ha leído cuico novelas de Ford —El buen soldado y los cuatro volúmenes que constituyen No más desfiles—, y está convencido de que Pound tiene razón. Le deslumbra la complicada cronología escalonada de los argumentos de Ford, la astucia con que una nota, casual y repetida toscamente, se revela capítulos más adelante como un tema fundamental. También le conmueve el amor entre Christopher Tietjens y la jovencísima Valentine Wannop, un amor que Tietjens se abstiene de consumar pese a la buena disposición de Valentine porque (dice Tietjens) no se debe ir por ahí desflorando vírgenes. La actitud de lacónica decencia elemental de Tietjens le parece del todo admirable, la quintaesencia del inglés.
Si Ford pudo escribir cinco obras maestras como esas, se dice así mismo, seguro que todavía quedan otras, no reconocidas, entre el corpus creciente y solo catalogado de sus escritos, obras maestras que él puede ayudar a sacar a la luz. Se embarca de inmediato en la lectura de la obra completa de Ford, se pasa sábados enteros en la sala de lectura del British Museum, además de las dos tardes por semana en que la sala abre hasta tarde. Aunque las obras primerizas resultan decepcionantes, sigue adelante, excusando a Ford porque todavía debía de estar aprendiendo.

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