Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 206. LA BESTIA EN LA JUNGLA / HENRY JAMES; MARGUERITE DURAS


Poco importa el motivo de la turbadora conversación que mantuvieron en su encuentro; probablemente no fueran más que unas pocas palabras que él mismo pronunció sin premeditación cuando, después de reconocerse, se retrasaron y comenzaron a caminar juntos lentamente. Hacía una o dos horas que unos amigos le habían llevado a la casa donde ella se alojaba; el grupo de visitantes de la otra casa, del que él era parte y gracias al cual, según su propia teoría, él podía diluirse en la muchedumbre, había sido invitado a almorzar allí. Después del almuerzo hubo una desbandada general en virtud del objetivo primordial de la jornada, esto es: la visita al propio Weatherend y el examen de los delicados objetos, las singulares obras, los cuadros, las reliquias familiares y los diversos tesoros artísticos que hacían casi famoso el lugar. Eran tantos los enormes salones que los invitados podían deambular a su antojo, rezagarse del grupo principal y, en el caso de aquellos que se tomaban el asunto con la mayor seriedad, abismarse en misteriosas evaluaciones y cálculos. Se veían personas, solas o en parejas, inclinándose sobre objetos en rincones apartados, con las manos en las rodillas y asintiendo enfáticamente con la cabeza, como arrobados por un aroma. En el caso de las parejas, o bien mezclaban sus extáticas exhalaciones o se fundían en silencios aún más enjundiosos, de modo que para Marcher ciertos rasgos de la escena evocaban ese clima propio de

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