Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

DESTINO

De A propósito de Majorana, p. 177
Hay tantos hombres en la tierra, tantos destinos entrecruzados, que cuesta pensar en la partitura que los aglutine a todos, una que sea capaz de hacer sonar la música en la que cada parte, cada uno de los destinos de cada uno de los hombres, entre en armonía con los otros. Y sin embargo ocurre. Si uno despega la mirada de la vida de cualquier individuo, si logra salir de ese trazo particular para leer el movimiento que los distintos recorridos inscriben en el conjunto, puede comprobar que es armónico, como si cada uno de los trazos obedeciera a una especie de control central. A partir de ahí uno puede pensar que los destinos en el fondo no son tan diferentes unos de otros, y que es en esa uniformidad donde radica la posibilidad de armonía. Pero también se puede pensar en que no son las caracteristicas de cada movimiento las que posibilitan la coincidencia, sino que es el orden central el que determina los parámetros dentro de los cuales se moverán los diferentes recorridos. Superflua -o no tanto- resulta entonces la pregunta acerca del grado de libertad que conservan los individuos dentro de los parámetros fijados. Lo importante de esta idea es que implica la idea de predestinación,   el hecho de que nuestros cuerpos y nuestras mentes no son libres en realidad, sino que nacen delimitados por la partitura que el orden central les impone. Quien crea en la predestinación,  en que las cosas pasan por algo, debiera tener sin duda un grado de ansiedad menor frente a lo que el futuro le depare. Todos sus pasos han sido escritos ya en las estrellas, con lo que  poco puede afectar e] empeño que ponga en querer variarlos.

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