Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

TEDIO Y DOLOR

El rey pálido, DF Wallace, p. 194-105
Para mí, por lo menos de forma retrospectiva, la pregunta interesante de verdad es por qué el tedio resulta ser un impedimento tan poderoso para la atención. Por qué nos apartamos instintivamente de lo aburrido. Tal vez sea porque el aburrimiento es intrínsecamente doloroso; tal vez sea de ahí de donde vienen expresiones como aburrimiento atroz o aburrimiento mortal. Pero puede que haya más. Puede que el aburrimiento esté asociado con el dolor psíquico porque algo que resulta aburrido u opaco no consigue suministrar el bastante estímulo como para distraer a la gente de otra clase más profunda de dolor que está siempre presente, aunque solamente sea a un nivel ambiental muy bajo, y que la mayoría de nosotros nos pasamos casi todo nuestro tiempo y energía intentando distraernos para no sentir, o por lo menos para no sentirlo de forma directa o con toda nuestra atención. Cierto, todo esto es bastante confuso, y cuesta hablar de ello en abstracto ... pero está claro que tiene que haber algo detrás no solamente del hecho de que haya hilo musical en los lugares aburridos o tediosos, sino de que ya hayan puesto hasta televisión en las salas de espera, junto a las cajas de los supermercados, en las puertas de embarque de los aeropuertos o en los asientos traseros de los coches todoterreno. Walkmans, iPods, Black/B erries y teléfonos móviles que se ajustan a la cabeza. El terror al silencio carente de distracciones. No se me ocurre nadie que  hoy día crea realmente que la supuesta sociedad de la información actual sea  una simple cuestión de información. Todo el mundo sabe que en el fondo hay algo más.

La cuestión relevante de cara a esta autobiografia es que durante mi estancia en la Agencia yo aprendí algo sobre el tedio, la información y la complejidad irrelevante. Sobre el hecho de abrirse paso por el tedio igual que uno se abre paso por un terreno, con sus desniveles y sus bosques y sus yermos interminables. Aprendí sobre el tema de forma extensa y exquisita durante aquel año sabático. Y desde entonces me he dado cuenta, tanto en el trabajo como en el ocio y en el tiempo que pasarnos con los amigos y basta en la intimidad de la vida familiar, de que la gente de carne y hueso no habla mucho del tedio. De esas partes de la vida que son y deben ser tediosas. ¿A qué se debe ese silencio? Tal vez sea porque el tema resulta en sí  mismo tedioso ... Lo que pasa es que entonces volvemos otra vez al punto de partida, que   resulta tedioso e irritante. Y, sin embargo, yo sospecho que hay algo más ... muchísimo más, delante de nuestras mismas narices, oculto precisamente por el hecho de ser tan grande.

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