
VACACIONES EN PARiS
Nunca he visto un París más encantador que el de la pasada Navidad. Hasta el tiempo había reclamado su parte de la diversión; el cielo estaba radiante y el aire era tan suave y puro como el de una primavera meridional. Era un día para pasarlo en las calles y así lo hiz0 todo el mundo Lo dediqué a darme un paseo por media ciudad, y en todos los lugares por donde anduve encontré el entretenimiento que disfrutan los paseantes Aquello por lo que a la gente le encanta Paris resultaba casi absurdamente evidente, el hechizo, la seducción y el regocijo estaban estampados en todo. Confieso que en secreto no dejaba de pensar en el Príncipe de Bismarck deseando que se diera una siesta por los bulevares No es que le hubieran puesto muy nervioso, supongo, puesto que después de todo los bulevares no son humanos, pero el espectáculo integro parecía un recordatorio supremo de un hecho que en estos tiempos está presente constan
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