Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

LA VISION DE EZEQUIEL

De Un hombre enamorado de KO Knausgard, p.352
Al día siguiente volví al despacho y seguí escribiendo la historia sobre Ezequiel que había iniciado, para intentar convertir el material sobre ángeles en una historia, como Thure Erik había sugerido, y no sólo un repaso ensayístico de los ángeles como fenómeno. Las visiones de Ezequiel eran grandiosas y enigmáticas, y la orden del Señor de que se comiera el libro enrollado para convertir así las palabras en carne y hueso, me resultaba completamente irresistible. Al mismo tiempo, aparecía en la escritura el propio Ezequiel, el profeta enajenado con sus visiones escatológicas, rodeado de la vida cotidiana de los pobres, con todo lo que ello conllevaba de dudas, escepticismo y repentinos cambios entre el interior de las visiones, en las que los ángeles arden y los seres humanos son objeto de una matanza, y el exterior de las mismas, donde aparece Ezequiel con un ladrillo que se supone que es Jerusalén, dibujando figuras que pretenden ser ejércitos, alcázares y parapetos, todo por orden del Señor, delante de su casa, ante los ojos de los hombres de la ciudad. Los detalles concretos de la resurrección: “¡Huesos secos, oíd la palabra de Yahvé. Así dice el Señor Yahvé a estos huesos: Yo voy a hacer entrar en vosotros el espíritu y viviréis. Y pondré sobre vosotros nervios, os cubriré de carne, y extenderé sobre vosotros piel”. Y entonces cuando está concluido: “Revivieron y se pusieron de pie, un ejército grande en extremo”

El ejército de los muertos.

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