Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

HOMBRES


El escándalo de los Wapshot, John Cheever, p. 84
En el piso de abajo, Betsey pensó airadamente que Coverly había encontrado al fin algo útil que hacer los sábados por la mañana y que por lo menos una habitación estaría limpia. Se metió en el cuarto de baño donde tuvo una visión, no tanto de la emancipación de su sexo como de la esclavización del macho.
El progreso rutinario -una Presidenta y un Senado femenino- no aparecía en la fantasía de Betsey. De hecho, en su visión los hombres continuaban realizando la mayor parte del trabajo en el mundo, si bien ampliado para incluir las tareas domésticas y las compras. Sonrió al imaginar a un hombre inclinado sobre la tabla de la plancha, un hombre limpiando el polvo de la mesa, un hombre untando el asado. En su visión todos los monumentos públicos en homenaje a grandes hombres serían derribados y arrojados a los vertederos. Generales a caballo, sacerdotes con sotana, estadistas de frac, aviadores, exploradores, inventores, poetas y filósofos serían reemplazados por atractivas representaciones de la mujer. Las mujeres tendrían independencia sexual completa y harían el amor con desconocidos con la misma despreocupación con que compraban un libro de bolsillo, y al volver a casa por la tarde, les describirían con descaro a sus deprimidos maridos (que estarían preparando un asado a la parrilla) los momentos más destacados de sus aventuras eróticas. No fue tan lejos como para imaginar una legislación que limitara los derechos de los hombres; pero les veía tan cabizbajos, insulsos y deprimidos que habrían perdido la posibilidad de que los tomaran en serio.

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