Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 561. LA ZONA DE INTERES / MARTIN AMIS

l. THOMSEN: PRIMERA IMPRESIÓN
No me era extraño el resplandor del relámpago; no me era extraño el rayo. Con una experiencia envidiable en ambas cosas, no me era c:xtraño el aguacero; el aguacero y luego el sol y el arcoíris.
Ella volvía de la Ciudad Vieja con sus dos hijas, y se hallaban ya muy dentro de la Zona de Interés. Delante de ellas, a la espera para recibirlas, se extendía una avenida -casi una columnata- de arces, cuyas ramas y hojas lobuladas se entrelazaban en lo alto. A última hora de una tarde de verano, llena de mosquitos diminutos y brillantes ... Mi cuaderno está abierto sobre un tocón, y la brisa hace fluctuar con curiosidad sus hojas. Alta, ancha y llena, y, sin embargo, de paso liviano, con un vestido estriado blanco que le llegaba hasta los tobillos y un sombrero de paja de color crema con una banda negra, y un bolso de paja bamboleante (las niñas, también de blanco, también llevaban sombreros y bolsos de paja), entraba y salía de tramos de una calidez leonada, amarillenta, difusa. Reía con la cabeza hacia atrás, y la garganta tensa. Yo le seguía el paso, en paralelo, con mi chaqueta de tweed hecha a medida y mis pantalones de sarga, con mi tablero de pinzas y mi pluma estilográfica.

Ahora las tres cruzaban el camino de entrada a la Academia Ecuestre. Rodeada traviesamente por las niñas, dejó atrás el molino de viento ornamental, el alto palo de mayo, los patíbulos de tres ruedas, el percherón atado con descuido a la bomba de agua de hierro, y siguió hacia delante.

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