Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 559. GARUA ORBALLO / JOSE LUIS DUCID

Prólogo del prologador
Junto a un contenedor de basura orgánica rodeado de monitores de PC y televisores obsoletos (supongo que por la irrupción del TDT), encontré un teléfono móvil dorado, como enchapado en bronce, sin la parte de atrás de la carcasa. La verdad, más que sorprenderme, me dio pena semejante destino para un objeto tan conscientemente cursi.

A fin de liberarlo un poco de la humedad y de la mugre, mientras caminaba rumbo al bar del puerto, empecé a frotarlo con esmero contra una manga de mi abrigo y, al verlo brillar, relucir así de agradecido, decidí dirigirme a un cambalache de cosas robadas, quiero decir, a una compraventa de cosas usadas llamada Bagdad -subiendo Avda. Finisterre, todo recto, a mano derecha-; donde le procuré un flamante cargador, ignorando las burlas o lo que demonios murmurase el encargado árabe. Para sorpresa de ambos, en la desvaída tienda repleta de cachivaches y vacía de clientes, el perjudicado cacharrito se encendió. Funcionaba. Pero sólo en Modo Cámara. Con interferencias, con molestos parpadeos, aún hacía fotos ... Entonces, creo que mientras rebuscaba dinero en los bolsillos, el mercader se puso de rodillas ante mí y empezó a gesticular y a hablar cada vez más y más fuerte en su lengua nativa, sin importarle si le comprendía, al tiempo que sacudía con violencia la cabeza imprimiéndole un negativo vaivén al turbante que me rozaba la nariz.

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