Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

DE LA LITERATURA

Canadá, Richard Ford, p. 479-480
Siempre he aconsejado a mis alumnos pensar en la larga vida de Thomas Hardy. Nacido en 1840, muerto en 1928. Pensar en todo lo que vio, en los cambios que se operaron en su vida en tal período de tiempo. Trato de animarles a desarrollar un “concepto de vida”; a enrolar a su imaginación; a considerar su existencia en el planeta no un mero catálogo de  acontecimientos aleatorios que van desenrollándose sin fin, sino una vida, a un tiempo abstracta y finita. Lo que digo es una forma de tener en cuenta esto. .
Les enseño libros que a mí se me antojan secretamente sobre mi vida de joven: El corazón tk las tinieblas, El gran Gatsby, El cielo protector, Las historias de Nick Adams, El alcalde de Casterbridge. Una misión al vacío. Abandono. Una figura, posiblemente misteriosa, pero al final no lo es. (Estos libros ya no se  enseñan en el instituto en Canadá. Quién sabe por qué.) Mi idea es siempre “Cruzar una frontera”; la adaptación, el paso de una forma de vivir que no funciona a otra que sí funciona. También podría referirse a cruzar una línea y no poder volver jamás.

Y al tiempo que les enseño estos libros les hablo de mi larga vida, si no de los hechos, sí al menos de algunas de las lecciones aprendidas: que conocerme ahora a los sesenta y seis años es no poder imaginarme con quince años (lo cual es muy cierto en el caso de ellos); que no hay que buscar con demasiado denuedo sentidos opuestos u ocultos -ni siquiera en los libros que leen-, sino mirar todo lo de frente que puedan a las cosas que pueden ver a la luz del día. En el proceso de articular para uno mismo las cosas que uno ve, siempre se encontrará sentido y se aprenderá a aceptar el mundo.
(En la imagen Tess de Polansky)

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