Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 553. FIN DE SEMANA / PETER CAMERON

Durante unos minutos después de la salida del sol, el mundo permanecía silencioso y tranquilo, y todo lo humano parecía muy lejos, como si se lo hubiera llevado la marea. Marian, entonces, dejaría a John y Roland durmiendo en la casa y bajaría por la hierba húmeda de rocío, descalza, vestida sólo con el camisón.

No es que encontrara el río especialmente bello al amanecer. En las tardes tranquilas, cuando sus aguas se tornaban de color púrpura, parecían casi dejar de fluir y semejaban una herida cárdena al final del prado, bien podía llorar contemplándolo. Pero por las mañanas no inducía en ella ninguna emoción; era simplemente un río profundo, frío, decidido, que limpiaba y sanaba a la vez. Marian lo bordeaba un trecho corriente arriba hasta llegar a un remanso apartado, en donde algunos árboles caídos formaban un cadozo tranquilo de fondo arenoso. Se adentraba un poco en el cauce y en seguida se zambullía en el agua y nadaba silenciosa, casi subrepticiamente, sin moverla apenas, dejándose llevar por ella. Después se tumbaba un rato en el atracadero, sintiendo por debajo el frescor de la corriente y por encima la incipiente tibieza del sol; y ella, su cuerpo, en medio: firme y limpio ... 

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