Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 551. CERTEZAS ABSOLUTAS / SIMON SCHAMA

1. FRENTE AL ACANTILADO
Anse de Foulon, Q.uebec, cuatro de la madrugada,
11 de septiembre de 1 7 59

Fue la oscuridad, negra como el alquitrán, la que sirvió su propósito; eso y el silencio, aunque no sepa muy bien, pese a que lo presenciara con mis propios ojos y yo lo hiciera poco después, cómo los hombres consiguieron trepar por el acantilado cargando con el fusil y setenta cartuchos a sus espaldas. Permanecimos de pie en la embarrada orilla del do, con la mirada fija en los voluntarios. Parecían un montón de lagartijas desperdigadas por las rocas, pero sin su agilidad, arrastrándose por el acantilado y meneando las posaderas debido al esfuerzo. Les veiamos mal, porque desaparecían aqui y allá entre arbustos marchitos de cedros y abetos que colgaban sobre la ladera de la colina. Pero podíamos sentir el esfuerzo tembloroso del avance. Y vive Dios que lo estaban haciendo bastante bien. De vez en cuando la bota de un hombre encontraba un punto de apoyo que consideraba seguro, e inmediatamente caía una lluvia de tierra suelta que casi le precipitaba por el abismo. Las maldiciones son tan normales para un soldado como respirar, pero esa noche no escuchamos ninguna, por lo menos al principio. Algún truhán dirá después que el general en persona habla decapitado a un hombre que maldijo demasiado alto cuando se le cayó la mochila, acallando así a cualquiera que pensase hacer lo mismo. Pero nunca fue ése el estilo del general. A pesar de tener el temperamento de un pelirrojo era un comandante metódico que gustaba de hacer las cosas según las ordenanzas

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