Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 172. MI IDOLATRADO HIJO SISI / MIGUEL DELIBES

El establecimiento Cecilio Rubes. Materiales Higiénicos tenía en 1917 tres amplias vidrieras a la calle, iluminación eléctrica, buena calefacción y un local holgado, atiborrado de enseres sanitarios. Cecilio Rubes era en 1917 un experto negociante, lo que se dice un agudo hombre de negocios, avalado por una tradición de lustros. De niño, Cecilio Rubes no se sentía atraído por los negocios de su padre; a él le hubiese gustado alterar la tradición familiar, dedicarse a una profesión que exigiera más cerebro y más iniciativa, pero Cecilio Rubes dejó pasar los años decisivos, bien porque Cecilio Rubes no fuese lo que se dice un hombre intuitivo y audaz, bien porque el comercio de materiales higiénicos latiese en la sangre de los Rubes con una fatalidad inexorable.
A las siete de la tarde del día de Nochebuena de 1917, el establecimiento Cecilio Rubes. Materiales Higiénicos tenía las luces apagadas y los blancos enseres asumían en la penumbra —a la feble, verdosa luz de gas que a través de los tres grandes ventanales se adentraba de la calle— la incierta y rígida pasividad de un camposanto abandonado.
Al fondo del establecimiento se hallaban los despachos de la administración y en el deValentín, el contable, había luz, y en ese momento Cecilio Rubes, de pie, con los pulgares en las axilas, decía morosamente, como si le costase un esfuerzo desplazar los enormes bigotes rubios para dar paso a su voz:
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