Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 84. LOS MISTERIOS DE BARCELONA / JUAN PERUCHO

1. Los misterios de Barcelona
Cuando Eugène Sue escribió Los misterios de Paris, un mundo, entre tenebroso e hilarante, salió a la superficie, aterrorizando a grandes masas de ingenuos lectores que seguían emocionadamente las peripecias de una lucha sin cuartel. El Bien y el Mal se enfrentaban en el dilatado escenario de la ciudad del Sena, llena a la sazón de violentos contrastes: palacios y buhardillas, jardines y catacuembas, imprecaciones y suusurros. Un caballero se quitaban entonces, elegantemente, el sombrero de copa al ofrecer su brazo a una seductora marquesa -desconocida, por el momento -mientras unas calles más allá agonizaba en su tugurio, víctima de los malvados prestamistas, un hornado comerciante, ahora en la más negra miseria. Lo peor era, sin embargo, el angustioso desamparo de la huérfana, la candorosa y bella Leonor, señorita en edad de merecer. ¿Triunfaría, también, en esta ocasión, la verdad?
Los misterios de Paris desencadenaron inmediatamente otros misterios urbanos y, entre nosotros, fue muy célbre el que publicara Anatonio Altadill bajo el título de Barcelona y sus misterios. Altadill que durante la primera República fue gobernador civil de Guadalajara y, más tarde, de Murcia, habí apublicado ya otras novelas con sustancioos títulos: Los hijos del trabajo, José y la mujer de Putifar, Amor de esposa, ¡Madre mía¡, etc. Altadill tení aun hermano llamado Carlos, a quien se desigana con el encarecido mote de "El Gandul", sin duda porque no daba golpe, y que murió tristemente en la Casa de Caridad. "El Gandul", aunque le repugnaba el tra-



INCIPIT 83. LA GRAN NOVELA SOBRE BARCELONA / SERGI PAMIES

VILLANCICO
La chica asustada telefonea al hombre famoso para decirle que tiene que verlo urgentemente. De mala gana -está en el trabajo-, el hombre ojea la agenda y suspira d emanera que se note que le va muy mal quedar. Intenta aplazar la cita hasta pasadas las fiestas, pero cuando la chica le amenaza con llamar a su mujer ya irearlo todo, se ve forzado a encontrar un rato para el día siguiente, víspera de Navidad.
El hombre famoso tiene que mentir a su mujer para justificar la ausencia de dos horas precisamente la víspera de Navidad. Con un gran despliegue de seducción, evita un conflicto matrimonial y, después de darle un beso en la frente, se compromete e volver un cuarto de hora antes de la cena que, como casa año, reúne a toda la familia.
La chica asustada llega pronto al lugar donde suele citarse con el hombre famoso, un aparthotel con el encanto de los edificios impersonales.

INCIPIT 82. EN EL CAFE DE LA JUVENTUD PERDIDA

De las dos entradas del café, siempre prefería la más estrecha, la que llamaban la puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo del local, que era pequeño. Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos de Le Condé, la mayoría de los cuales tenía nuestra edad, entre los diecinueve y los veinticinco años, diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas de ellos, pero, las más de las veces, seguía siendo adicta a su sitio, al fondo del todo.
No llegaba a una hora fija. Podía vérsela ahí sentada por la mañana muy temprano. O se presentaba a eso de las doce de la noche y se quedaba hasta la hora de cerrar. Era el café que más tarde cerraba en el barrio, junto con Le Bouquet y La Pergola, y el que tenía una clientela más peculiar. Ahora que ha pasado el tiempo me pregunto si no era sólo su presencia la que hacía peculiares el local y a las personas que en él había, como si lo hubiera impregnado todo con su perfume.

INCIPIT 81. EL BANDIDO / ROBERT WALSER

Edith lo ama. Luego volveremos sobre ello. Tal vez no tendría que haber trabado relación con ese inútil sin dinero. Parece que ella le envíe delegadas o, cómo decirlo, mediadoras. Amigas así tiene él en todas partes, pero nunca ocurre nada serio, y aún menos con la famosa historia de los cien francos. En una ocasión puso por pura condescendencia, por filantropía, cien mil marcos en manos de otros. Si le toman el pelo, él se suma alcachondeo. Con eso bastaría para encontrarlo realmente sospechoso. No tiene un solo amigo. Durante "todo este tiempo" que lleva entre nosotros, no ha logrado, para su contento, ganarse el aprecio del mundo masculino. ¿Acaso no es eso una prueba de la mayor y más grave falta de talento que uno pueda imaginarse? Hace ya tiempo que sus buenas maneras "crispan los nervios" de mucha gente. Y esta muchacha, la pobre Edith, lo ama, mientras él sale todas las noches, a eso de las nueve y media, y porque aún haca calor, a tomar un baño. Lo hace por mi culpa, pero si rechistar. Uno se ha esfrozado lo indecible para crearlo. ¿Acaso cree este peruano, o lo que sea, que puede hacerlo él solito? "¿Qué hay?" Así es como las chicas del pueblo se dirigen a él, y él -¡ay Dios mío¡-, que parece idiota, cree que este modo que tienen las muchachas de preguntarle qué quiere es encantador. hace tiempo que lo tratan, acá y allá, como a un auténtico desecho, y para colmo, él

INCIPIT 80. DOMINGOS DE AGOSTO / PATRICK MODIANO

Su mirada acabó por cruzarse con la mía. Era en Niza, al principio del bulevar Gambetta. Estaba subido a una especie de podio delante de un tenderete de chaquetas y abrigos de cuero y yo me había deslizado hasta la primera fila de los curiosos que le escuchaban elogiar su mercancía.
Al verme se desvaneció su desparpajo de charlatán. Ahora hablaba de una manera más seca, como si quisiera establecer una distancia entre él y su público y hacerme comprender que aquel oficio que ejercía allí, al aire libre, era muy inferior a su condición.
No había cambiado mucho después de siete años: únicamente su cuti sme parecía un poco más rojizo. Empezaba a anochecer y una ráfaga de viento se coló en la avenida Gambetta trayendo las primera sgotas de lluvia. A mi lado, una mujer de cabello rubio se probaba un abrigo de cuero. Desde su podio el vendedor se inclinaba hacia ella y la observaba con ademanes convincentes:
-Le sienta a usted de maravilla, señora.
Aquella voz conservaba su timbre metálico, de un metal que con el tiempo se hubiese oxidado. Los curiosos empezaban a dispersarse a

INCIPIT 79. DIETARIO VOLUBLE / ENRIQUE VILA.MATAS

DICIEMBRE
Aquí estoy en mi cuarto habitual, donde me parece haber estado siempre. Como en tantas mañanas de mi vida, me encuentro en casa escribiendo. Suena, contundente, la música de Be My Baby, cantada por The Ronettes. Cuando tenía diecisiete años era mi canción favorita. De pronto, oigo perfectamente que alguien acaba de llegar en ascensor al rellano. Pero es extraño. Quien ha llegado no llama a ninguna de las cuatro puertas, ni se dispone a abrir ninguna de ellas. Es como si se hubiese quedado indeciso, aturdido o simplemente inmóvil ahí. Llevo tantos años en esta casa que controlo muy bien los sonidos que se producen cerca de mi puerta. Pasan casi dos minutos hasta que, exactamente cuando termina la canción, llaman a mi timbre. Abro. Veo a un hombre de parecida edad a la mía. Es el mensajero de una editorial y ha venido para entregarme un libro. Me lo da y le firmo en un papel. “Las Ronettes...”, susurra melancólico el hombre. “Me ponen de buen humor”, le comento sin mostrarme sorprendido –aunque lo

INCIPIT 78. PARA ACABAR CON LOS NUMEROS REDONDOS / ENRIQUE VILA-MATAS

Dentro de unos meses cumpliré 50 años. No me molestaría cumplirlos de no ser por ese odio inmenso que siento por los números redondos. No los puedo soportar. Me irrita de ellos, sobre todo, su injustificado y absurdo prestigio. No veo por qué el número 100 tiene más relevancia que el 101, por ejemplo. El origen de mi odio inmenso a los números redondos es posible que se encuentre en esos aburridos monográficos de los suplementos literarios dedicados - de vez en cuando y muchas veces sin previo aviso- a celebrar con números redondos aniversarios de literatos. Soy un fanático de los suplementos literarios porque suelo encontrar en ellos referencias o escritos inéditos sobre mis autores preferidos. Pero la moda de celebrar en esos suplementos los 20, 50, 100, 500 aniversario del nacimiento o muerte de un literato normalmente logra sacarme de quicio, pues arruina - casi siempre la figura conmemorada que ocupa de repente todo el suplemento no es santo de mi devoción- mis expectativas de leer frases nuevas sobre mis escritores favoritos . Y es que por una figura conmemorada que me interesa suele haber unas 27 que me aburren profundamente y que, encima, me impiden leer nuevas ocurrencias sobre las figuras literarias que realmente me interesan.
Es muy probable que se encuentre en esos monográficos criminales el origen de mi odio hacia el absurdo prestigio de los números redondos. Esa aversión, ese odio terrible empecé yo a manifestarlo -al principio de un modo totalmente inconsciente- un domindo 3 de septiembre de 1995. Me acuerdo muy bien de ese día,.Yo llevaba

INCIPIT 77. UN HOMBRE EN LA OSCURIDAD / PAUL AUSTER

Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana. Arriba, mi hija y mi nieta están cada una en su habitación, también solas: mi hija única, Miriam, de cuarenta y siete años, que se acuesta sola desde hace cinco, y Katya, de veintitrés, única hija de Miriam, que antes dormía con un joven llamado Titus Small, pero ahora Titus ha muerto, y mi nieta duerme sola con el corazón destrozado.
Luz radiante, y luego oscuridad. El sol fulgurando por todos los rincones del cielo, seguido de la negrura de la noche, el silencio de las estrellas, el viento que agita las ramas. Ésa es la monotonía diaria. Llevo viviendo más de un año en esta casa, desde que me dieron de alta en el hospital. Miriam insistió en que viniera, y al principio estábamos los dos solos, junto con la enfermera que me cuidaba durante el día cuando mi hija se iba a trabajar. Luego, tres meses

INCIPIT 76. NOVELA DE AJEDREZ / STEFAN ZWEIG

A bordo del transatlántico que había de zarpar a media noche de Nueva York rumbo a Buenos Aires reinaban la animación y el ajetreo propios del último momento. Los acompañanates que habían subido escoltaban entre apretujones a sus amigo; los repartidores de telegramas, con sus gorras ladeadas, recorrían los salones voceando nombres; al trajín de flores y maletas se añadía el de los niños que subían y bajaban las escalerillas curiosenado, mientras la orquesta amenizaba imperturbable el show en cubierta. Yo estaba conversando con un amigo en la cubierta de paseo, un poco al abrigo de todo aquel jaleo, cuando a nuestro lado relumbraron dos o tres veces los destellos de un flash: al parecer los reporteros habían aprovechado los últimos instantes previos a la partida para entrevistar y fitografira a algún personaje importante. Mi amigo echó una ojeada y sonrió:

-Tienen ustedes a bordo a un personaje bien curioso: Czentovic- Y como debió de deducir por mi expresión que no sabía de qué me estaba hablando, añadió: -Mirjo Czentovic, el campeón del mundo de ajedrez. Ha recorrido de punta a punta los Es-

INCIPIT 75. EL CAMINO DEL TABACO / ERSKINE CALDWELL

1
Lov Bensey regresaba por el camino del tabaco, carcomido por las lluvias, hollando con paso cansado la espesa capa de arena que lo cubría. cargaba un saco de nabos, que no poco esfuerzo le había costado conseguir, y su peso hacía aún más penoso el largo trayecto.
El día anterior, Lov había oíod decir que en Fuller había alguien que estaba vendiendo nabos a 50 céntimos el robo, y esa mañan muy temprano había salido de su casa con medio dólar en el bolsillo para comprarlos. Ahora llevaba ya recorridos 11 kilómetros, y aún le quedaban otros 3 más para llegar a su casa, junto al cargadero de carbón del ferrocarril.
4 o 5 de los Lester se encontraban en el patio delantero, si tal podía llamarse al baldío que daba acceso a la casa, cuando Lov se detuvo enfrente. Hacía cerca de 1 hora que lo habían visto en las dunas, a casi 3 kilómetros; no le habían quitado la vista de encima, y ahora que lo tenían a su alcance, estaban dispuestos a hacer todo lo posible por impedir que siguiera viaje con los nabos
Pero Lov tenía una mujer en quien pensar, además de su propia persona, y no iba a permitir que ninguno de los Lester se acercara demasiado a su saco. Habitualemnet, si tenía que pasar por allí llevando nabos, boniatos o cualquier clase de comestible, se apartaba del camino 1 kilómetro antes de llegar a la casa, daba un grna rodeo a campo traviesa, y volvía a tomarlo cuando se encontraba a una distancia pruden-

INCIPIT 74. SANGRE SABIA / FLANNERY O'CONNOR

CAPITULO 1
Hazel Motes estaba sentado en el asiento de felpa verde con el cuerpo echado hacia delante. Unas veces miraba por la ventanilla, como si quisiera saltar fuera, y otras a lo largo del pasillo, hacia el fondo del coche. El tren corría por entre las copas de los árboles que se apartaban a su paso y mostraban entre los claros al sol fijo, muy rojo, sobre los bosques lejanos. Más cerca, las tierras de labor se ondulabany agostaban bajo el sol, y uno spocos cerdos, hociqueando entre los surcos, parecían grandes piedras manchadas. La señora Wally Bee Hitchock, que estaba sentada frente a Motes, dijo que en su opinión un atardecer como aquél era el momento mñas hermoso del día, y le preguntó si no pensaba igual. La señora Hitchcok era una mujer gorda, que llevaba un traje con cuello y puños de color de rosa, y cuyas piernas, en forma de pera, colgaban del asiento sin llegar al suelo.
Haze la miró durante un segundo y, sin contestarle, se inclinó de nuevo hacia delante y fijó su vista

INCIPIT 73. LA PUERTA / MAGDA SZABO

LA PUERTA
Rara vez sueño. Pero cuando lo hago, me despierto sobresaltada y con el cuerpo bañado en sudor. Entonces vuelvoa acsotarme y, mientras espero a que mi corazón se calme, me pongo a meditar sobre el irresistible poder mágico de la noche. De niña y jovencita nunca soñaba, no cosas buenas ni malas; es la edad madura la que arrastra y me trae en una masa compacta los horribles sedimentos del pasado, lo que resulta aún más atroz porque esos acontecimientos, sin haberlos vivido nunca en la realidad, en los ensueños se me presentan de una forma aún más concentrada y trágica. Entonces me despierto con gritos de terror.
Mis sueños son siempre idénticos, las mismas visiones reurrentes de un modo invariable: estoy junto a la escalera de nuestra cas, delante de la puerta de cristal reforzado con alambes contra roturas y montado en marcos de metal. Afuera, en la calle, hay una ambulancia, las siluetas fluorescentes del perosnal de urgencias que vislumbro a través del vidrio cobran una dimensión sobrehumana, sus rostros hinchados parecen rodeados de un halo, como la luna. Intento hacer girar la llave en la cerradura para abrir la puerta y dejar pasar a los sanitarios: si no lo logro, llegarán tarde para atender a mi enfermo. Pero, por más que me esfuerzo, la cerradura no se mueve, la puerta sigue inmóvil como si la hubieran soldado a su marco metálico.Pido auxilio, peor nadie acude, ninguno de los vecinos de las tres plantas del edificio; no pueden

INCIPIT 72 / VIDA, REPRESENTACION Y MUERTE DE LUL MAZREKU / ISMAIL KADARE


I
Prólogo
Los acontecimientos que se referirán a continuación tuvieron lugar durante las vacaciones veraniegas en una villa albanesa. Era un verano hermoso, tan luminoso que asustaba, pues resulta más fácil imaginar tales estíos al cabo de siglos cargados de peligro.
El escenario no era menos espléndido: el litoral marítimo, con su variedad de pequeñas palyas, el paseo de la ciudad que discurría a lo largo de la línea de la costa, los cafés, las cervecerías, finalmente el gran hotel turístico, con su terraza frente al mar, el mejor lugar, al decir de todos, para tomar el cafñe de la mañana, todo ello no hacía sino acrecentar la sensación de opulencia.
Dos pequeñas islas deshabitadas al frente, con todos los vestigios y menudencias hallados en ellas: colillas de cigarrillos, barras de carmín y preservativos usados, al parecer, por los presonajes de esta historia, no puede afirmarse que desempeñaran papel alguno en ella.
Por el contrario, el teatro antiguo de Butrinto, retirado a las entarñas de la cercana depresión, si bien no se alcanzaba a verlos con los ojos, llegó a sospecharse que, desde el contra-

INCIPIT 71. EL DUELO / ANTON P. CHEJOV

CAPITULO I
Eran las ocho de la mañana. Los oficiales, los funcionarios y los forasteros solían bañarse a esa hora en el mar, después de una noche de calor y bochorno, encamin´nadose luego a la cantina para tomarse una taza de café o de té. Ivan Andreich Layeski, joven de unos 28 años, rubio, enjuto, en pantuflas y con gorra del uniforme del Ministerio de Finanzas, encontró en la playa a nuemrosos conocidos, entre los que se halaba su amigo, el médico militar Samoilenko.
Con su gran cabeza rapada, sin cuello, colorado, narigudo, hirsutas las negras cejas y las grise patillas, gordo, panzó, y por añadidura, con un bronco vozarrón de sargemto, Samoilenko producía una primera impresión desagradable, de déspota y cascarrabias; pero a los tres días de conocerle, su rostro comenzaba a parecer bondadoso, simpático y hasta bello. Pese a la bastedad de su figura y a la rudeza de su tono, era persona delicada, infinitamente buena, afable y servicial. Se tuteaba con toda la ciudad, prestaba dinero, curaba, casaba, reconcialiaba a las enemistades y organizaba excursiones durante las cuales asaba deliciosos espetones de cordero al estilo caucasiano y hacía una sabrosísima sopa de pescado. Siempre estaba gestionando algo a favor de alguien, y nunca se le veía triste. La opinión general le tenía por hombre intachable, y sólo se le conocián dos debilidades: la primera, que se avergonzaba de su bondad

INCIPT 7O. HORAS VENECIANAS / HENRY JAMES

Habría mucho que decir sobre la dorada cadena de ciudades históricas que se extiende desde Milán a Venecia, en la que los meros nombres -Brescia, Verona, mantua, Padua- ya adornan las frases. Sin embargo, he de traer a la memoria recuerdos de hace tres años para extender mi breve historia. Tan sólo de Verona y Venecia he vuelto a tener impresiones recientes pero incluso a éstas debo hacer breve justicia. Llegué a Venecia, tal y como lo había hecho la vez anterior, un día de finales de verano, cuando las sombras comienzan a alargarse y la luz a enrojecerse, y noté como las sensaciones se asemejaban en gran medida. Se produjo el mismo intolerable retraso que la última vez en Mestre, justo antes de que la priemra visión de la laguna conformara el ya inconfundible

INCIPIT 69. CARNE DE PIXEL / AGUSTIN FERNANDEZ MALLO

mi cara digitalizada en el parpadeo de la pantalla. A mitad de la calle un portal, 1 m2 de acera, 2 m3 de aire, escenario en el que el tiempo [emboscado en su abstracción sin masa ni peso] a fin de encarnarse saqueará el recuerdo. El tiempo a tu lado me mostró que no hay más razones para creer en la imposibilidad de la vida después de la muerte de las que hay para creerla igualmente imposible antes. Que la luz que a cada instante llega y te hace feliz y bien hecho son besos que lanzaste y en forma de verdad irrefutable [invisible] regresan [quién ve la luz]. Que la soledad del sprinter supera a la del corredor de fondo no porque llegue primero, sino porque imagina que llegará primero; pero, adónde. Sin habla, mirabas fijamente, apretabas mi mano, llorabas y llovía. Vi claro en ese instante [suma de instantes] por qué era tan bueno el verso tan malo que antes de morir recitó aquel Replicante, porque en tus ojos vi cosas que jamás ni yo ni nade había visto, y todas se perderán [son simultáneas muerte y vida] como tus lágrimas en la lluvia. No hubo esta vez ningún pájaro blanco al vuelo para decirnos que algo muere en luz saturada para que otra cosa nazca en vacío [lo dijo Heinsenberg, lo dijo Heráclito, lo dijo Burgalat, lo dijeron tantos]. Sólo transparente opacidad. Ahora yo ya sólo aspiro a las enumeraciones.

INCIPIT 68. LA INVENCION DE LA SOLEDAD / PAUL AUSTER

Un día hay vida. Por ejemplo, un hombre de excelente salud, ni siquiera viejo, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose sólo de sus asuntos y soñando con la vida que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte. El hombre deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y muere. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. No nos queda otra cosa, la irreductible certeza de nuestra mortalidad. Podemos aceptar con resignación la muerte que sobreviene después de una larga enfermedad, e incluso la accidental podemos achacarla al destino; pero cuando un hombre muere sin causa aparente, cuando un hombre muere simplemente porque es un hombre, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en muerte, y es como si la muerte hubiese sido dueña de la vida durante toda su existencia.

INCIPIT 67. EL VIENTO LIGERO EN PARMA / ENRIQUE VILA-MATAS

Gombrowicz en seis horas y cuarto
"Yo no era nada, por lo tanto
podía permitírmelo todo"
Gombrowicz. Testamento
Ante todo, aclarar la forma ridícula en que surgió mi fascinación por la literatura de Gombrowicz. Surgió mucho antes de leerle. Nació exactamente de la visión de una fotografía que acompañaba a la entrevista que le hacían en el número uno de la revista española Quimera.

Gombrowicz posaba con una gorra, muy altivo en lo alto de lo que parecía un carruaje, en Tandil, Argentina. Tenía lo que yo entendía que había que tener, un arrogante rostro de persona inteligente. Aún no sabía que él había escrito: "Cuanto más inteligente se es, más estúpido".
Aún no sabía esto ni otras muchas cosas, pero me pareció intuir que en la entrevista Gombrowicz decía cosas geniales o enrevesadas. Las frases enrevesadas acabaron pareciéndome incluso mejores que las geniales. Quiero ser como él, pensé inmediatamente. No quería ser como Juan Benet o Sánchez Ferlosio. Quería ser un escritor no-español, y a ser posible raro y del país más extraño que encontrara. Y cuando fuera maduro, quería escribir sobre la inmadurez, como Gombrowicz, y tener un rostro tan orgulloso como él. Como digo, fue un amor a primera vista a través de una fotografía y de unas palabras dichas en una entrevista que leí apresuradamente. Un comienzo de enamoramiento algo ridículo. Claro está que es bien evidente que siempre por algo se empieza. Del mismo modo que —otra evidencia— el amor es ciego. De repente, todo lo de Gombrowicz empezó a parecerme fascinante. Pero la irradiación del encanto, durante mucho tiempo, provino sólo del espacio de

INCIPIT 66./ UNA NOVELITA LUMPEN / ROBERTO BOLAÑO

Ahora soy una madre y también una mujer casada, pero no hace mucho fui una delincuente. Mi hermano y yo nos habíamos quedado huérfanos. Eso de alguna manera lo justificaba todo. No teníamos a nadie. Y todo había sucedido de la noche a la mañana.
Nuestro spadres murieron en un accidente automovilístico durante las primeras vacaciones que hicieron solos, en una carretera cercana a Nápoles, cro, o en otra horrible carretera del sur. Nuestro coche era un Fiat amarillo, de segunda mano, pero que parecía nuevo. Cuando lo vi, en el desguazadero de la policía donde había otros coches accidentados, le pregunté a mi hermano por el color.
-¿No era amarill0?
Mi hermanodijo que sí, claro que era amarillo, pero eso fue antes. Antes del accidente. las colisiones deforman el color o deforman nuestra manera de percibir el color. No sé que quiso decir con eso. Se lo pregunté. Dio: luz... color... todo... Pensé que el pobre estaba más afectado que yo.
Esa noche dormimos en un hotel y al día siguiente colvimos a Roma en tren, con lo que quedaba de nuestros padres, ya compañados por una asistente social o una edu-

INCIPIT 66 / LA GOTA DE ORO / MICHEL TOURNIER

Una lluvia de pedradas devolvió hacia la masa compacta y dócil de las ovejas al suelto escuadrón de las cabras, siempre dispuestas a dispersarse por las carreras. Idriss conducía su pequeño rebaño hacia la línea rojiza de las dunas, un poco más allá de adonde lo había llevado ayer o antesdeayer. La semana pasada se había asegurado, bajo promesa de decolverla, la compañía de Baba y Mabrouk, y los días habían transcurrido en un soplo. Pero a sus dos compañeros los habían retenido para que ayudarana su padre en el huerto a dragar las acequias de riego. A los quince años Idriss ya no estaba en edad de confesar cómo la angustia de la soledad daba alas a sus pies y le impedía instalarse a la sombra de un madroño silvestre, esperando el deslizarse de las olas, como lo hicera con sus compañeros. Sabía ya de cierto que los vientos de los confines del desierto no son djenouns que secuestran a los niños imprudentes y revoltosos, como tantas

INCIPIT 65. CRONICA DE PIEDRA / ISMAIL KADARE

Era una ciudad sorprendente que, como un ser prehistórico, parecía haber surgido bruscamente en el valle en una noche de invierno para escalar penosamente la falda de la montaña. Todo en ella era viejo y pétreo, desde las calles y las fuentes hasta los tejados de sus soberbias casas seculares, cubiertos de losas de piedra gris semejantes a escamas gigantescas. Resultaba difícil creer que bajo aquella formidable coraza subsistiera y se renovara la carne tierna de la vida.

Al viajero que la veí apor primera vez, la ciudad le despertaba el impulso de establecer una comparación, pero acto seguido, tras hacerle caer en la trampa, ella rechazaba la semejanza, pues era una ciudad que no se parecía a nada. Soportaba tan fugazmente las comparaciones como las lluvias, como el granizo, como el arco iris o las multicolores banderas extranjeras que desaparecían de sus tejados del mismo modo que lleganan, tan efímeras e irreales como perdurable y concreta era ella.

Era un ciudad empinada, quizá la más empinada del mundo, que había desafiado todas las leyes arquitectónicas

INCIPIT 64. / VIERNES O LOS LIMBOS DEL PACIFICO

PREFACIO

Con la precisión de una plomada, el fanal suspendido del techo medía ocn sus oscilaciones la dimensión de los bandazos que daba el Virginia, bajo un oleaje cada vez más intenso. El capitán Pieter Van Deyssel se sobló sobre su tripa para dejar el juego de tarot ante Robinson:

-Cortad y volved a la primera carta- le dijo. Luego se derrumbó oómodamente en su sillón y aspiró una bocanada de su pipa de porcelana.

-Es el demiurgo -comentó-. Uno de los tresa arcanos mayores fundamentales. Representa un juglar ante una mesa cubierta de extraños objetos. Eso significa que hay en vos un organizador. Un organizador qu elucha contra un universo desordenado y que se esfuerza por dominar con resursos improvisados. parece que puede conseguirlo, peor no olvidemos que ese demiurgo es también bufón: su obra es ilusión, su orden ilusorio. Desgraciadamente, lo ignora; el escepticismo no es su fuerte.

Un choque sordo sacudió al navío al tiempo que el fanal formaba un ángulo de 45 grados en el techo. Una repentina orzada había situado al Virginia prácticamente a la cuadra, y una ola acababa de derrumbarse sobre el puente con un ruido similar al estampido de un cañonazo. Robinson dio la vuelta

INCIPIT 63. EL TRAJE DE LOS DOMINGOS / ENRIQUE VILA--MATAS

La gallina robada
(Cuento de navidad)
"Isabel la Católica, las hostias consagradas, los melones, los rosarios, las indigestiones truculentas, las corridas de toros, los tambores de Calanda y las sardinas del Ampurdán. En resumen: mi vida debe orientarse hacia España y la Familia"
Salvador Dalí decía esto en un día de Navidad de un año hoy muy lejano. Ese día de navidad es el primero del que me acuerdo y tambiçen el que más recuerdo. No por la frase de Dalí especialmente, sino porque ese día nevó en Barcelona. El miserable patio de la casa en la que vivíamos aparecíó nevado, y yo pensé que aquello era lo más normal, que siempre que llegaba el 25 de diciembre nevaba en toda la tierra.
Me acuerdo muy bien de ese día: yo con bufanda dentro de la casa -no teníamos calefación ni estufas- contemplando maravillado la nieve, mientras a mi lado papá escuchaba, en la radio, en una emisora extranjera, el mensaje navideño del pintor Dalí. En la cocina, mi madre, al oir la frase, comenzó a reir, primero muy despacio, para terminar haciéndolo con tanta deseperación que terminó llorando de risa y sus lágrimas parecían imitar los gruesos copos de nieve que emblanquecían nuestro triste patio de la periferia barcelonesa. Yo creo que lloraba de lo felices pero pobres que éramos, porque en esos día en que Dalí quería orientarse hacia españa y la Familia, nosotros éramos pobres de solemnidad.
A mi padre le habían pùesto una multa de una peseta por fumar en el tranvía, y no había podido pagarla y había pasado un día entero en comisaría, hasta que le dejaron marcharse cuendo vieron que era pobre de solemnidad. Eese mismo día, el de esa Nochebuena que iba a preceder a la spalabras de Dalí y a la nieve y a las lágrimas como copos de mi triste

LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA A EXAMEN

No País de onte publicouse un artigo sobre as universidades españolas. Recolle os datos da revista Popular Science, dos que facemos unha breve nota.

"La valía de un investigador se mide por los artículos que consigue publicar en las revistas científicas. Aplicando el mismo criterio a las facultades de ciencias españolas, la Universidad de Barcelona ocupa el primer puesto de la clasificación entre los centros de educación superior. Le siguen la Complutense (Madrid) y la Autónoma de Barcelona." "Estos datos han sido elaborados por la revista Popular Science, y recogidos en la web del Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC) de la Fundación Española para la Ciencia y Tecnología, dependiente del Ministerio de Ciencia e Innovación."

JAMESIANA 33

Lo romántico, por otro lado, representa las cosa que ni siquiera con todas las facilidades del mundo, toda la riqueza y el coraje y la inteligencia y la aventura, podemos conocer directamente; las cosas que sólo pùeden llegarnos a través del hermoso circuito y subterfugio de nuestro pensamiento y nuestro deseo.
HENRY JAMES, El arte de la novela

INCIPT 62. EL PROYECTO BRONTE / JENNIFER VANDEVER

Cartas
Es doloros depender de los pequeños estímulos
que las cartas dan
Charlotte Brontë a Ellen Nussey, 1850
A algunos amantes, el destino sólo les concede una opotunidad para que se conozcan. A otros, en cambio, les da muchísimas, de modo que su emparejamiento más bien parece obra de la prima del destino, la suerte. Cualesquiera que sean las circunstancias, sin embargo, debe darse un determinado número de condiciones para que se produzca ese acontecimiento fortuito. En el caso de Sara y Paul, fue la combinación de un seminario sobre novela británica moderna, una aburrida fiesta en vacaciones, la anglofilia en general y el vago parecido de Paul con Lawrence Oliver de joven en particular. Aprovecharon tantísimo su buena suerte que seis años más tarde seguían el uno al lado del otro, contemplando la muchedumbre, mirando de soslayo hacia la puerta y bebiendo un merlot barato en vasos de plástco.
En cualquier caso, hasta en la más generosa de las predicciones, el destino tiene mucho que decir. Romeo y Julieta se conocieron un domingo y el jueves estaban muertos. Este era un hecho que Sara había descubierto en un seminario académico. "El amor y el tiempo en
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YO


Pedro Incio Piñeiro nació en La Coruña el 18 de junio de 1959 coincidiendo con la primera huelga general pacífica celebrada en España desde 1936 (con escaso éxito, la huelga, no el nacimiento). Hijo de Pedro I, de profesión marinero, mecánico, chauffer, y de Nicolasa, pescantina. Después de unos interesantes estudios de Bachillerato se licenció en Geografía e Historia, especialidad de Historia de América, por la Universidad Central de Barcelona; posteriormente se licenció en la especialidad de Historia del Arte Moderno y Contemporáneo por la Universidad de Santiago de Compostela. Se recibió de bibliotecario y opositó con éxito a una plaza de la Escala de Ayudantes de Archivos, Bibliotecas y Museos de la Universidad de Santiago. En la actualidad desarrolla sus labores profesionales como Jefe de la Sección de Información y Coordinación del Servicio de Bibliotecas de la Universade da Coruña. Está felizmente casado y tiene tres hijos: Víctor, Cristina y Pedro III.

INCIPIT 61. TRES CANTOS FUNEBRES POR KOSOVO / ISMAIL KADARE


Nunca había coincidido que se corriera primero la voz de que habría guerra y que después se hiciera la paz. En cambio lo contrario, que tras las esperanzas de paz se declarara de pronto la guerra, eso era algo casi habitual en la gran península.

Algunas veces daba la impresión de que la península era verdaderamente grande y que había en ella sitio para todos: para lenguas y religiones distintas, para una docena de pueblos, estados, reinos y prinicpados, incluso para tres imperios, dos de los cuales, el de los servios y el de los búlgaros, ya se habían hundido, mientras el tercero, el bizantino, para su porpia vergüenza y la de toda la cristiandad, se había declarado vasallo de los turcos.

Pero es así que llegaban otros días en quyue se operaban transformaciones en la mente de las gentes y entonces la región les parecía angosta. La sensación

INCIPT 60. LA EDUACION DE OSCAR FAIRFAX / LOUIS AUCHINCLOSS

Padre y Dios
El retrato que hizo Sargent de mi padre -pintado cuando yo tenía diez años, en 1905-, que cuelga todavía en el vestíbulo principal de la Colonial Art Gallery, de cuyo consejo él fue miembro muchos años, podría considerarse la imagen ideal del aristócrata americano de su época. En caso de que hubiera habido alguno. De hecho, ésa debió de ser la pregunta que se hacía el artista. Aunque el famoso retrato transoceáncio que Sargent hizo de Lord Ribblesdale -quien, aunque dotado del porte majestuoso de un ministro, decidió posar como el señor de Buckhounds- representa la seguridad absoluta de un terrateniente, el maestro de las fisonomías eligió impregnar el de mi padre con un ligero toque de autoreprobación.
Lionel Faurfax, alto y delgado, aparece sentado con un aire de relajación controlada en un bergère Luis XV, vestido con un traje ligero de tonos acordes con el cabello prematuramente gris del modelo y el blanco nacarado de sus apacibles y curiosos ojos. Con una mano está sujetando un libro encuadernado en tafilete, el dedo índice entre las páginas como si el pintor hubiese interrumpido -interrupción

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