Te quiero más que a la salvación de mi alma

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LAS CUSCAS

La feria, JJ Arreola, p 70
Ahora somos una ciudad civilizada: ya tenemos zona de tolerancia. Con caseta de policía y toda la cosa. Se acabaron los escándalos en el centro y junto a las familias decentes.
-Yo, cada vez que pasaba por Las Siete Naciones, le tapaba a mi hijo los ojos con el rebozo.
-Pero piense usted también en los demás, en las familias decentes que viven por allá. Nosotros aquí muy a gusto en nuestros barrios limpiecitos) y ellos con semejante vecindad.
-No en balde se estuvieron quejando y hasta hicieron una junta pata que no les echaran allá la vida alegre, pero ya ve usted, perdieron y ni modo.
-Muchos se han ido de sus casas.
-Las han vendido a como dio lugar, perdieron el dinero y la querencia, con tal de no estar revueltos entre las priscapochas.
-La que salió ganando fue doña María la Matraca. Todas sus casitas quedaron en la zona.
-Ya desde antes tenía dos o tres alquiladas para el refocile, y dizque las adaptó para que le pagaran más renta.
-Dicen que alguien le dio el pitazo y estuvo compre y compre propiedades por todo ese rumbo.
-Hay quien asegura que todo el callejón de lerdo es de ella y que no contenta con cobrar las rentitas, le está metiendo dinero al negocio.
-Válgame Dios, una mujer decente, que vivía de sus abejitas, y que ahora nadie la baja de madrota…
-Ella no tiene la culpa. Sus propiedades estaban allí desde un principio, y allí le cayeron las cuscas como llovidas del cielo…

-Hizo bien. Yo hada la misma cosa si estuviera en su lugar.Casitas que le daban ocho o diez pesos de renta, ahora no las baja de treinta y cincuenta. Le llovió en su milpita, como quien dice…
Foto de Cartier-Bresson, México 1934

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