Te quiero más que a la salvación de mi alma

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LINDA BOQUITA Y VERDES MIS OJOS

LINDA BOQUITA Y VERDES MIS OJOS

Hablamos de: Lee, Arthur, Joanie, de los Ellenhogen – la señora Leona ¡Guarg¡ y Bob-; del letrado Lissberg y del juez Madre Vittorio; también de Junior y de Shaley y sus líos. Pero sobre todo hablamos de mentiras, una vez más: lies, lies, lies. Y de cigarrillos, muchos cigarrillos, ceniceros llenos, mujeres que encienden cigarros, hombres que los buscan, otros que los encuentran.
La mentira, la gran mentira: parece como si de atrás para adelante, los cuentos de JDS fuesen creciendo en su inabarcable y rotunda falsedad: tanto más verdaderos son cuanto más se miente en ellos.
Y tenemos a la gran Bobary de los cincuenta: así como la epifanía de la obra del Flaubert es ese pase en carromato: vueltas y vueltas al centro de Rouen, aquí nos encontramos con un carromato inmóvil, donde sólo se mueven los cigarrillos y las mentiras; y los mantras. La gran mentira: la novia puesta al desnudo por sus celibatarios mismos.
Por lo demás, pequeñas cosas hermosas y curiosas: esa obsesión del celibatario: ascensoristas, repartidores, policías, la necesidad de que le den un golpe a la chica, los asquerosos guantes blancos; las escasas luces de la novia.
Y al final como siempre la incógnita: ¿qué quiere decir ella cuando se siente floja, totalmente floja? Cuando se siente ¡fatal¡ La femme fatal peut-être?
Sigue De Daumier-Smith's blue period. Elija su
camino:

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1 comentario:

Natalia Book dijo...

A mí el cuento de Salinger me pareció muy bueno. Y el final, abierto, también. Yo creo que Arthur lo sabe todo y que simplemente llama para pasarle el problema a Lee. Hay que estar muy seguro para hacer una cosa así.
Saludos

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