A galope tendido de mi caballo, cabalgaba entre los ventiladores.
Tenía siete años. Nada resultaba más agradable que sentir aquel exceso de aire en el cerebro. Cuanto más silbaba la velocidad, más entraba el oxígeno arrasándolo todo.
Mi corcel desembocó en la plaza del Gran Ventilador, vulgarmente conocida corno plaza de Tiananmen. Dobló hacia la derecha, por el bulevar de la Fealdad Habitable.
Yo sujetaba las riendas con una sola mano. La otra se entregaba a una exégesis de mi inmensidad interior, elogiando ora la grupa del caballo, ora el cielo de Pekín.
La elegancia de mi cabalgadura dejaba sin habla a transeúntes, escupitajos, asnos y ventiladores.
No era necesario espolear mi montura. China
Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel
INCIPIT 279. LA MUERTE LLEGA A PEMBERLEY / PD JAMES
Los Bennet de Longbourn
Las vecinas de Meryton, por lo general, coincidían en que el señor y la señora Bennet de Longbourn habían sido muy afortunados casando a cuatro de sus cinco hijas. Meryton, localidad pequeña que vive de su mercado, no figura en la ruta de ningún viaje de placer, pues carece de belleza, ubicación escenográfica o historia que la distinga, y su única casa digna de mención, Netherfield Park, si bien imponente, no aparece en los libros que recogen las muestras más notables de la arquitectura comarcal. La localidad cuenta con una sala de actos en la que con frecuencia se celebran bailes, pero carece de teatro, y el esparcimiento tiene lugar sobre todo en los domicilios particulares, donde el chismorreo alivia algo el aburrimiento de las cenas y las partidas de whist, que se suceden siempre en la misma compañía.
Una familia de cinco hijas casaderas atrae sin duda la atención compasiva de todos sus vecinos, en particular allí donde escasean otras diversiones, y la situación de los Bennet resultaba especialmente desafortunada. En ausencia de un heredero varón, la finca del señor Bennet pasaría al primo de este, el reverendo William Collins, que, como la señora Bennet no se privaba de lamentar en voz muy alta, podía echarlas a ella y a sus hijas de la casa estando el cuerpo de su esposo todavía caliente en la tumba.
ESTRATEGIAS PARA LA SUPERVIVENCIA
De Medusa, de Menéndez Salomón
Rutinas de la carnicería.
A poco que se indague en el curso de la Historia, y advertidos de que la idea de progreso es una patraña, puede acatarse sin escándalo que la indiferencia es la clave de bóveda que garantiza la cordura de nuestra especie. Casi todos aquellos que han pasado por la experiencia de los Lager o del Gulag han incidido en ese aspecto. Lo más asombroso desde el punto de vista de la razón no es la conversión del cuerpo humano en oficina para matarifes o la degradación del individuo a dígito, sino lograr que, en semejantes condiciones de pesadilla, la maquinaria intelectual y afectiva del prisionero se oriente en la dirección de la supervivencia. Vivir, aunque el precio para ello sea la suspensión de toda forma de credulidad.
Rutinas de la carnicería.
A poco que se indague en el curso de la Historia, y advertidos de que la idea de progreso es una patraña, puede acatarse sin escándalo que la indiferencia es la clave de bóveda que garantiza la cordura de nuestra especie. Casi todos aquellos que han pasado por la experiencia de los Lager o del Gulag han incidido en ese aspecto. Lo más asombroso desde el punto de vista de la razón no es la conversión del cuerpo humano en oficina para matarifes o la degradación del individuo a dígito, sino lograr que, en semejantes condiciones de pesadilla, la maquinaria intelectual y afectiva del prisionero se oriente en la dirección de la supervivencia. Vivir, aunque el precio para ello sea la suspensión de toda forma de credulidad.
INCIPIT 278. 0RGULLO Y PREJUICIO / JANE AUSTEN
CAPITULO I
Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa.
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
-Mi querido señor Bennet -le dijo un día su esposa-, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
-Pues así es -insistió ella-; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
--¿No quieres saber quién lo ha alquilado? -se impacientó su esposa.
-Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
Esta sugerencia le fue suficiente.
-Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Moms; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo
Sin embargo, poco se sabe de los sentimientos u opiniones de un hombre de tales condiciones cuando entra a formar parte de un vecindario. Esta verdad está tan arraigada en las mentes de algunas de las familias que lo rodean, que algunas le consideran de su legítima propiedad y otras de la de sus hijas.
-Mi querido señor Bennet -le dijo un día su esposa-, ¿sabías que, por fin, se ha alquilado Netherfield Park?
El señor Bennet respondió que no.
-Pues así es -insistió ella-; la señora Long ha estado aquí hace un momento y me lo ha contado todo.
El señor Bennet no hizo ademán de contestar.
--¿No quieres saber quién lo ha alquilado? -se impacientó su esposa.
-Eres tú la que quieres contármelo, y yo no tengo inconveniente en oírlo.
Esta sugerencia le fue suficiente.
-Pues sabrás, querido, que la señora Long dice que Netherfield ha sido alquilado por un joven muy rico del norte de Inglaterra; que vino el lunes en un landó de cuatro caballos para ver el lugar; y que se quedó tan encantado con él que inmediatamente llegó a un acuerdo con el señor Moms; que antes de San Miguel vendrá a ocuparlo
FREUDIANA
De Sí, de Thomas Berhard, p.60.61
Si al principio había podido pensar' todavía en una curación de esa enfermedad, finalmente habría sido absurdo confiar en una curación así y tampoco la aparición de los Suizos significó la curación sino sólo un debilitamiento de mi estado morboso, lógicamente no la curación sino sólo la interrupción del proceso morboso, del que tengo que suponer que duraba ya años, lo mismo que ese proceso morboso dura todavía hoy y estoy seguro de que durará toda mi vida. Los Suizos habían producido un debilitamiento de los síntomas de mi enfermedad; la enfermedad misma, lógicamente, no habían podido curarla los Suizos tampoco, sin embargo los Suizos me habían salvado de mi absoluta incapacidad de movimiento; como si hubiera sospechado que aparecerían en casa de Moritz, había ido a casa de Moritz, nunca ocurre ni la casualidad más pequeña.
¡TRABAJADORES DEL MUNDO¡
«La fábrica da la visión exacta de la coexistencia de los intereses sociales: la solidaridad del trabajo. El individuo se acostumbra en ella a tomar conciencia de que forma parte de un proceso productivo, de que es una pieza indispensable, tan necesaria como insuficiente. En este sentido es la más perfecta escuela de orgullo y de humildad. Siempre me acordaré de la impresión que me causaron los obreros cuando tuve ocasión de visitar las fábricas Fiat, uno de los establecimientos anglosajones, modernos y capitalistas que hay en Italia. Sentí en estos obreros una actitud de dominio, una seguridad sin pose, un menosprecio por toda forma de diletantismo. El hombre que vive en una fábrica tiene la dignidad de! trabajo, el hábito del sacrificio y de la fatiga. Es un ritmo de vida basado severamente en el sentimiento de la tolerancia y de la interdependencia, que habitúa a la puntualidad, al rigor y a la continuidad. Estas virtudes del capitalismo tienen un aroma de árida ascesis; sin embargo, en compensación, el sufrimiento contenido alimenta, por exasperación, el coraje de luchar y el instinto de la defensa política.»
Piero Gobetti, citado por Josep Pla en "Cartas de Italia"
Piero Gobetti, citado por Josep Pla en "Cartas de Italia"
OTRO ALEPH
Prólogo de E V-M a Cuentos carnívoros, de Bernard Quiriny
A veces voy a la morgue a que me den los nombres de los muertos del día, aunque está claro que al paso tan lento al que voy aún habrá de salirme un catálogo de ausentes más limitado que el del pobre Pierre Gould. En cualquier caso, creo que será crucial la presencia de la figura de Falter en mi Historia general. Debería centrar muy especialmente la atención sobre su fabuloso personaje, sobre ese hombre cuya vocación de investigador del misterio del mundo le llevó demasiado lejos. Porque Falter, pariente próximo de aquel Copi que investigaba a la amapola, es aquel tipo del que nos hablara Nabokov en su relato Ultima Tbule, aquel hombre que perdió toda compasión y escrúpulo cuando en un cuarto de hotel resolvió «el enigma del universo» y no quiso revelarlo a nadie más tras haberlo hecho una única vez cediendo al acoso de un psiquiatra al que le destrozó tanto la revelación que hasta le causó la muerte.
A veces voy a la morgue a que me den los nombres de los muertos del día, aunque está claro que al paso tan lento al que voy aún habrá de salirme un catálogo de ausentes más limitado que el del pobre Pierre Gould. En cualquier caso, creo que será crucial la presencia de la figura de Falter en mi Historia general. Debería centrar muy especialmente la atención sobre su fabuloso personaje, sobre ese hombre cuya vocación de investigador del misterio del mundo le llevó demasiado lejos. Porque Falter, pariente próximo de aquel Copi que investigaba a la amapola, es aquel tipo del que nos hablara Nabokov en su relato Ultima Tbule, aquel hombre que perdió toda compasión y escrúpulo cuando en un cuarto de hotel resolvió «el enigma del universo» y no quiso revelarlo a nadie más tras haberlo hecho una única vez cediendo al acoso de un psiquiatra al que le destrozó tanto la revelación que hasta le causó la muerte.
VACACIONES
Es más fácil aprender mecánica que psicología masculina. Una moto puedes llegar a conocerla, a un hombre JAMÁS.
MEDIDAS
Rajoy debería pedirle a Obama para que los EEUU tomasen definitivamente las riendas de este país, poniéndonos un Presidente de color y unos ministros tecnócratas yanquis. Como hizo Bruselas poniendo un primer ministro tecnócrata en Italia, pero americanos, que no sepan nada de lo que es la derecha ni la izquierda española, simplemente que conviertan España en un producto, en un parque, ya no fiel a sí mismo, sino elevado al cubo.
Que todo sea todo el rato flamenco, flamenco-pop, pero también sardanas, muñeiras y jotas, Ibiza, toros (sin que mueran al final), tapas, Nadal, prostitutas vestidas de Carmen y de Cospedal con mantilla y peineta, tomatinas, sol, playa y Almodóvar y Bigas Luna y Buñuel, y el nuevo gran Las Vegas en Huesca, que queda cerca del extranjero.
Que EEUU le de la independencia al País Vasco y Francia y que gestione y potencie la imagen de España, del mismo modo que supieron potenciar su propio país.
Y ya nos dejamos de tonterías y de Bankia; todo en dólares y libras o monedas suizas.
Y, a la vez, podemos vender Canarias a Noruega y alguna de las Baleares a Islandia, que les va bien; y las Cíes al príncipe monegasco, para fiestas.
INCIPIT 277. EL CRACK-UP / F.SCOTT FITZGERALD
Ecos de la Era del Jazz
Noviembre de 1931
Es demasiado pronto para escribir sobre la Era del Jazz con perspectiva y sin ser sospechoso de arteriosclerosis prematura. Muchas personas todavía son presa de violentas arcadas cuando se encuentran accidentalmente con algunos de sus términos característicos: términos que desde entonces han cedido en intensidad ante los acuñamientos de los bajos fondos. Está tan muerta como lo estaban los escandalosos años noventa en 1902. Sin embargo, el autor de estas líneas siempre la recuerda con nostalgia. Le sostuvo, le halagó y le proporcionó más dinero del que había soñado, simplemente por decirle a la gente que él sentía lo mismo que ella, que había que hacer algo con toda la energía nerviosa acumulada y no gastada durante la guerra.
El período de diez años que, como si se resistiera a morir pasado de moda en la cama, tuvo una muerte espectacular en octubre de 1929, había comenzado más o menos en la época de las revueltas del 1 de mayo de 1919. Cuando la policía cargó contra los jóvenes campesinos desmovilizados que escuchaban embobados a los oradores de Madison Square, lo que hizo fue alienar a los jóvenes más inteligentes del orden dominante. No nos habíamos acordado para nada de la declaración de derechos hasta que Mencken se puso a repetirla machaconamente, pero sí sabíamos que ese tipo de tiranía era propio de las nerviosas nacioncillas del sur de Europa. Si hombres de negocios desalmados influían de aquel modo sobre el Gobierno, entonces quizá a fin de cuentas habíamos ido a la guerra debido a los empréstitos de J. P. Margan. Pero como estábamos cansados de las grandes causas, no hubo más que un breve estallido de indignación moral,
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Noviembre de 1931
Es demasiado pronto para escribir sobre la Era del Jazz con perspectiva y sin ser sospechoso de arteriosclerosis prematura. Muchas personas todavía son presa de violentas arcadas cuando se encuentran accidentalmente con algunos de sus términos característicos: términos que desde entonces han cedido en intensidad ante los acuñamientos de los bajos fondos. Está tan muerta como lo estaban los escandalosos años noventa en 1902. Sin embargo, el autor de estas líneas siempre la recuerda con nostalgia. Le sostuvo, le halagó y le proporcionó más dinero del que había soñado, simplemente por decirle a la gente que él sentía lo mismo que ella, que había que hacer algo con toda la energía nerviosa acumulada y no gastada durante la guerra.
El período de diez años que, como si se resistiera a morir pasado de moda en la cama, tuvo una muerte espectacular en octubre de 1929, había comenzado más o menos en la época de las revueltas del 1 de mayo de 1919. Cuando la policía cargó contra los jóvenes campesinos desmovilizados que escuchaban embobados a los oradores de Madison Square, lo que hizo fue alienar a los jóvenes más inteligentes del orden dominante. No nos habíamos acordado para nada de la declaración de derechos hasta que Mencken se puso a repetirla machaconamente, pero sí sabíamos que ese tipo de tiranía era propio de las nerviosas nacioncillas del sur de Europa. Si hombres de negocios desalmados influían de aquel modo sobre el Gobierno, entonces quizá a fin de cuentas habíamos ido a la guerra debido a los empréstitos de J. P. Margan. Pero como estábamos cansados de las grandes causas, no hubo más que un breve estallido de indignación moral,
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FAULKNERIANA
De El ruido y la furia, de William Faulkner
Te lo doy, no para que recuerdes el tiempo, sino para que consigas olvidarlo de vez en cuando durante un momento y no malgastes todo tu aliento intentando conquistarlo. Porque ninguna batalla se gana jamás, como él decía. Ni tan siquiera se libra. Sólo el campo de batalla revela al hombre su propia locura y desesperación, y la victoria es ilusión de filósofos e idiotas".
Te lo doy, no para que recuerdes el tiempo, sino para que consigas olvidarlo de vez en cuando durante un momento y no malgastes todo tu aliento intentando conquistarlo. Porque ninguna batalla se gana jamás, como él decía. Ni tan siquiera se libra. Sólo el campo de batalla revela al hombre su propia locura y desesperación, y la victoria es ilusión de filósofos e idiotas".
INCIPIT 276. DE EL ALAMEIN A ZEM ZEM / KEITH DOUGLAS
La noche del 23 de octubre de 1942, una barrera de casi mil cañones del Octavo E;jercito británico, al mando del general Montgomery, descargaba una tormenta de fuego sobre las posiciones del Africa Korps, con la intención de castigarlas duramente, ablandarlas lo más posible y abrir una brecha para un posterior ataque con infantería y blindados. Comenzaba la primera fase (Operación Lightfoot) de la que iba a ser una de las batallas más importantes y míticas de la Segunda Guerra Mundial: El Alamein.
Ocho días después, Keith Douglas, unjovencísimo teniente -veintidós años-, desertaba de su puesto en la retaguardia para incorporarse a su regimiento de blindados (los Sherwood Rangers), en esos momentos en primera línea de fuego. Estudiante de Literatura e Historia en Oxford, Keith Douglas ya había escrito y publicado varios poemas, alguno de ellos tan premonitorio como el titulado «Simpliry me when I'm dead».
Ocho días después, Keith Douglas, unjovencísimo teniente -veintidós años-, desertaba de su puesto en la retaguardia para incorporarse a su regimiento de blindados (los Sherwood Rangers), en esos momentos en primera línea de fuego. Estudiante de Literatura e Historia en Oxford, Keith Douglas ya había escrito y publicado varios poemas, alguno de ellos tan premonitorio como el titulado «Simpliry me when I'm dead».
AL FIN ESA COSA DISTINGUIDA
De El viajero más lento, de Enrique Vila-Matas, p.51-52
El final de las vacaciones, que no de la vida, le llegó un mal día de agosto en forma de ataque de hemiplejía que iba a dejarle sentado veinte años en una silla de ruedas. Aunque conservó enteras su lucidez y su memoria, cayó en una confusión total del lenguaje, carente (desde que le abatiera el ataque) de organización sintáctica, reducido a sustantivos o a infinitivos aislados, reducido a un mutismo tan inquietante como su tendencia a partir de entonces a leer (dicen que con los ojos fijos en términos que acaso para él eran ya profundos enigmas) grandes diccionarios. A lo largo de esos veinte años, sus amigos siguieron visitándole y, aunque él sólo pronunciaba de vez en cuando algún que otro infinitivo o sustantivo aislado, resultaba evidente que seguía reconociéndoles a todos y que era muy consciente del estado en el que se encontraba. Y una tarde, rodeado de algunos íntimos, pronunció (después de años de mutismo y ante la sorpresa general) una frase, literariamente patética.
-Bonsoir les choses d'ici bas - dijo.
Palabras intraducibles ya que, como ha observado Héctor Bianciotti en el cuento que le inspirara Larbaud, en bonsoir hay crepúsculo, el día que se acaba, en vez de noche, y una leve ironía la colora al referirse a las cosas de aquí abajo, es decir, de este mundo. Sustituirla por adiós alteraría el delicado matiz.
Y cuentan que repitió la frase varias veces, siempre conteniendo su risa, sin duda para mostrar que no se engañaba, que sabía que la frase no significaba nada, acaso para comentar la vanidad de toda empresa.
El final de las vacaciones, que no de la vida, le llegó un mal día de agosto en forma de ataque de hemiplejía que iba a dejarle sentado veinte años en una silla de ruedas. Aunque conservó enteras su lucidez y su memoria, cayó en una confusión total del lenguaje, carente (desde que le abatiera el ataque) de organización sintáctica, reducido a sustantivos o a infinitivos aislados, reducido a un mutismo tan inquietante como su tendencia a partir de entonces a leer (dicen que con los ojos fijos en términos que acaso para él eran ya profundos enigmas) grandes diccionarios. A lo largo de esos veinte años, sus amigos siguieron visitándole y, aunque él sólo pronunciaba de vez en cuando algún que otro infinitivo o sustantivo aislado, resultaba evidente que seguía reconociéndoles a todos y que era muy consciente del estado en el que se encontraba. Y una tarde, rodeado de algunos íntimos, pronunció (después de años de mutismo y ante la sorpresa general) una frase, literariamente patética.
-Bonsoir les choses d'ici bas - dijo.
Palabras intraducibles ya que, como ha observado Héctor Bianciotti en el cuento que le inspirara Larbaud, en bonsoir hay crepúsculo, el día que se acaba, en vez de noche, y una leve ironía la colora al referirse a las cosas de aquí abajo, es decir, de este mundo. Sustituirla por adiós alteraría el delicado matiz.
Y cuentan que repitió la frase varias veces, siempre conteniendo su risa, sin duda para mostrar que no se engañaba, que sabía que la frase no significaba nada, acaso para comentar la vanidad de toda empresa.
INCIPIT 275. ESCUPIRE SOBRE VUESTRA TUMBA / BORIS VIAN
PREFACIO
Hacia julio de 1946,Jean d'Halluin conoció a Sullivan, en una especie de reunión franco-americana. Dos días más tarde, Sullivan le entregaba su manuscrito.
En el entretanto, le contó que se consideraba más negro que blanco, pese a haber cruzado la frontera; como se sabe, varios millares de «negros» (considerados como tales por la ley) desaparecen todos los años de las listas de empadronamiento y se pasan al otro bando; su preferencia por los negros le inspiraba a Sullivan una especie de desprecio por los «buenos negros», por aquellos a los que los blancos, en las novelas, daban palmaditas cariñosas en la espalda. Opinaba que era posible imaginar, e incluso encontrar en la vida real, a negros tan "duros» como los blancos. Es lo que, por su parte, había intentado demostrar en la breve novela cuyos derechos exclusivos de publicación adquirió Jean d'Halluin tan pronto como se enteró, por su amigo, de su existencia. Sullivan no tenía el menor inconveniente en dejar su manuscrito en Francia, ya que los contactos que había establecido
Hacia julio de 1946,Jean d'Halluin conoció a Sullivan, en una especie de reunión franco-americana. Dos días más tarde, Sullivan le entregaba su manuscrito.
En el entretanto, le contó que se consideraba más negro que blanco, pese a haber cruzado la frontera; como se sabe, varios millares de «negros» (considerados como tales por la ley) desaparecen todos los años de las listas de empadronamiento y se pasan al otro bando; su preferencia por los negros le inspiraba a Sullivan una especie de desprecio por los «buenos negros», por aquellos a los que los blancos, en las novelas, daban palmaditas cariñosas en la espalda. Opinaba que era posible imaginar, e incluso encontrar en la vida real, a negros tan "duros» como los blancos. Es lo que, por su parte, había intentado demostrar en la breve novela cuyos derechos exclusivos de publicación adquirió Jean d'Halluin tan pronto como se enteró, por su amigo, de su existencia. Sullivan no tenía el menor inconveniente en dejar su manuscrito en Francia, ya que los contactos que había establecido
BENETIANA
Sobre La península de Julián Gracq ( Babelia, 06.04.12)
Científico de la construcción narrativa y orfebre de la frase (y modelo en las dos instancias de Juan Benet," para quien fue seminal, más que Faulkner), leer a Gracq consiste en introducirse en un paraíso intoxicante donde, entre la vegetación frondosa y bellísima siempre hay, a punto de brotar, un convulso mundo de pasiones (el escritor coqueteó con el surrealismo y publicó un libro, lleno de interés, sobre André Breton)
Científico de la construcción narrativa y orfebre de la frase (y modelo en las dos instancias de Juan Benet," para quien fue seminal, más que Faulkner), leer a Gracq consiste en introducirse en un paraíso intoxicante donde, entre la vegetación frondosa y bellísima siempre hay, a punto de brotar, un convulso mundo de pasiones (el escritor coqueteó con el surrealismo y publicó un libro, lleno de interés, sobre André Breton)
DEL PROGRESO DE LA CIVILIZACION Y LA AMPLIACION DE LA CONCIENCIA DE LA HUMANIDAD
Fernando Pessoa, Libro del desasosiego
A mi sensibilidad cada vez más profunda y a mi conciencia cada vez mayor de la terrible y religiosa misión que todo hombre de genio recibe de Dios con su genio, todo cuanto es futilidad literaria, mero-arte, va sonando gradualmente cada vez más hueco y repugnante. Poco a poco, pero con segundad, en el divino cumplimiento íntimo de una evolución cuyos fines me son ocultos, he venido alzando mis propósitos y mis ambiciones cada vez más a la altura de aquellas cualidades que recibí. Tener una acción sobre la humanidad, contribuir con todo el poder de mi esfuerzo a la civilización se me vienen convirtiendo en los graves y pesados fines de mi vida. Y así, hacer arte me parece algo cada vez más importante, misión cada vez más terrible -deber que ha de ser cumplido arduamente, monásticamente, sin desviar los ojos del fin creador-de-civilización de toda obra artística. Y por eso mi propio concepto estético del arte aumentó y ganó en dificultad; me exijo ahora mucha más perfección y una elaboración cuidada. Hacer arte rápidamente, aunque sea bien hecho, me parece poco. Debo a la misión que en mí siento una perfección absoluta en lo realizado, una seriedad íntegra en lo escrito. (...) Regreso a mí. Durante años he viajado recogiendo maneras-de-sentir. Ahora, habiéndolo visto y sentido todo, tengo el deber de encerrarme en casa dentro de mi espíritu y trabajar, cuanto pueda y en todo cuanto pueda, para el progreso de la civilización y la ampliación de la conciencia de la humanidad.
A mi sensibilidad cada vez más profunda y a mi conciencia cada vez mayor de la terrible y religiosa misión que todo hombre de genio recibe de Dios con su genio, todo cuanto es futilidad literaria, mero-arte, va sonando gradualmente cada vez más hueco y repugnante. Poco a poco, pero con segundad, en el divino cumplimiento íntimo de una evolución cuyos fines me son ocultos, he venido alzando mis propósitos y mis ambiciones cada vez más a la altura de aquellas cualidades que recibí. Tener una acción sobre la humanidad, contribuir con todo el poder de mi esfuerzo a la civilización se me vienen convirtiendo en los graves y pesados fines de mi vida. Y así, hacer arte me parece algo cada vez más importante, misión cada vez más terrible -deber que ha de ser cumplido arduamente, monásticamente, sin desviar los ojos del fin creador-de-civilización de toda obra artística. Y por eso mi propio concepto estético del arte aumentó y ganó en dificultad; me exijo ahora mucha más perfección y una elaboración cuidada. Hacer arte rápidamente, aunque sea bien hecho, me parece poco. Debo a la misión que en mí siento una perfección absoluta en lo realizado, una seriedad íntegra en lo escrito. (...) Regreso a mí. Durante años he viajado recogiendo maneras-de-sentir. Ahora, habiéndolo visto y sentido todo, tengo el deber de encerrarme en casa dentro de mi espíritu y trabajar, cuanto pueda y en todo cuanto pueda, para el progreso de la civilización y la ampliación de la conciencia de la humanidad.
CONSPIRACION SHANDY
De El corazón aventurero, de Ernst Jünger, p.24-25
Tristram Shandy
Berlín
Durante los combates en Bapaum llevaba siempre conmigo en el guardamapas la edición de bolsillo del Tristram Shandy y también figuraba entre mis cosas cuando aguardábamos la orden de ataque ante la localidad de Favreuil. Puesto que se nos obligaba a esperar en la loma donde estaban las posiciones de artillería, desde el alba hasta bien pasado el mediodía, no tardó en invadirme el tedio, a pesar de que la situación entrañaba peligro. Así pues, comencé a hojearlo, y su melodía entreverada y atravesada por diversas luces, se desposó pronto, como una secreta voz de acompañamiento, con las circunstancias externas, en una armonía de claroscuro. Tras muchas interrupciones y tras haber leído algunos capítulos, recibimos finalmente la orden de ataque; guardé el libro de nuevo y al ponerse el sol ya había caído herido. En el hospital militar retomé una vez más el hilo, como si todo lo acaecido en el intermedio sólo fuera un sueño o perteneciera al contenido mismo del libro como si se hubiese interpolado un tipo particular de fuerza espiritual. Me administraron morfina y continué la lectura ora despierto ora aletargado, de tal modo que los múltiples estados de ánimo fragmentaron y ensamblaron una vez más los pasajes del texto ya mil veces fragmentados y ensamblados. Los accesos de fiebre que combatía con cócteles de borgoña y codeína, los bombardeos de artillería y aviación sobre el lugar a través del cual ya comenzaba a fluir la retirada y donde con frecuencia nos dejaban completamente olvidados, todas estas circunstancias aumentaban aún más el desconcierto, de modo que hoy sólo me ha quedado de aquellos días un recuerdo confuso de un estado de excitación mitad sensibilidad y mitad delirio, en el que uno mismo no se habría sorprendido ni siquiera por una erupción volcánica y en el que el pobre Yorick y el honrado tío Toby eran las figuras más familiares que se me presentaban.
Así, en circunstancias tan dignas, ingresé en la orden secreta de los shandystas, a la que, hasta el día de hoy, he permanecido fiel.
Tristram Shandy
Berlín
Durante los combates en Bapaum llevaba siempre conmigo en el guardamapas la edición de bolsillo del Tristram Shandy y también figuraba entre mis cosas cuando aguardábamos la orden de ataque ante la localidad de Favreuil. Puesto que se nos obligaba a esperar en la loma donde estaban las posiciones de artillería, desde el alba hasta bien pasado el mediodía, no tardó en invadirme el tedio, a pesar de que la situación entrañaba peligro. Así pues, comencé a hojearlo, y su melodía entreverada y atravesada por diversas luces, se desposó pronto, como una secreta voz de acompañamiento, con las circunstancias externas, en una armonía de claroscuro. Tras muchas interrupciones y tras haber leído algunos capítulos, recibimos finalmente la orden de ataque; guardé el libro de nuevo y al ponerse el sol ya había caído herido. En el hospital militar retomé una vez más el hilo, como si todo lo acaecido en el intermedio sólo fuera un sueño o perteneciera al contenido mismo del libro como si se hubiese interpolado un tipo particular de fuerza espiritual. Me administraron morfina y continué la lectura ora despierto ora aletargado, de tal modo que los múltiples estados de ánimo fragmentaron y ensamblaron una vez más los pasajes del texto ya mil veces fragmentados y ensamblados. Los accesos de fiebre que combatía con cócteles de borgoña y codeína, los bombardeos de artillería y aviación sobre el lugar a través del cual ya comenzaba a fluir la retirada y donde con frecuencia nos dejaban completamente olvidados, todas estas circunstancias aumentaban aún más el desconcierto, de modo que hoy sólo me ha quedado de aquellos días un recuerdo confuso de un estado de excitación mitad sensibilidad y mitad delirio, en el que uno mismo no se habría sorprendido ni siquiera por una erupción volcánica y en el que el pobre Yorick y el honrado tío Toby eran las figuras más familiares que se me presentaban.
Así, en circunstancias tan dignas, ingresé en la orden secreta de los shandystas, a la que, hasta el día de hoy, he permanecido fiel.
OBLOMOV
De Oblomov, de Iván Alexándrovich Goncharov, p.74-75
- El señor iba a escribir al propietario, ¿no es cierto, Ilia IIIich?
-Sí, le escribiré . Pero todo no se puede hacer al mismo tiempo.
- Podría escribirle en este momento, si quiere hacerlo.
-¡ Ahora! Ahora tengo otras cosas mucho más importantes en que pensar. Imaginas que todo es tan fácil como cortar leña. ¡ Mira, mira, ni tan siquiera tenemos tinta en casa ! -exclamó Oblomov introduciendo la pluma en el tintero--. ¿ Cómo puedo escribir sin tinta?
-Voy a llenarlo de kvas - repuso Zajar, y cogiendo el tintero salió del cuarto, mientras Oblomov buscaba una hoja de papel
-¡ Tampoco hay papel¡ - exclamó Ilia lllieh montando en cólera- . ¡Este ZaJar! ¡Será mi ruina! Te repito que eres un criminal! -exclamó cuando le vio entrar- ¡No te preocupas de nada! ¡En toda la casa es imposible encontrar una hoja de papel de escribir!
Zajar sacó de un cajón media hoja de papel gris.
- No sirve -repuso Oblomov- . Es el que utilizo para cubrir el vaso de noche.
Zajar guardó silencio.
- Bien, dámelo. Luego Alexeiev lo copiará.
Ilia Illich tomó asiento ante la mesa e inmediatamente empezó a escribir:
Muy señor mío ...
- ¡Vaya una tinta! - exclamó-. ¡Otra vez procura ocuparte de las cosas mejor, Zajar!
Transcurrieron unos segundos y continuó escribiendo:
El piso en el cual habito, en el segundo rellano de la casa en la cual se propone usted realizar obras, es muy adecuado para mi manera de vivir a los hábitos que he ido adquiriendo durante mi larga estancia en esta casa. Pero habiéndome enterado por mi criado Zajar Trofimich, de que usted le había dicho que el piso que yo ocupo…
Oblomov se detuvo y releyó lo escrito.
-¡Qué calamidad! --exclamó en voz alta-o He puesto dos veces el cual y luego tres que seguidos.
Corrigió la redacción, pero entonces parecía que el cual hiciera referencia al piso en vez de a la casa. Trató de arreglarlo y suprimió uno de los ques. Tachó la palabra, pero tuvo que volver a escribirla, haciéndolo hasta tres veces; siempre sin el menor éxito.
No hay modo de solucionarlo -murmuró lleno de impaciencia- . ¡Maldita carta ! Pero no quiero romperme la cabeza por una tontería como ésta. Al parecer, he perdido el hábito de escribir cartas de negocios. Pero veo que están a punto de dar las tres." .
- ¡Zajar!
Oblomov rompió en cuatro pedazos el papel y lo arrojó al suelo.
- El señor iba a escribir al propietario, ¿no es cierto, Ilia IIIich?
-Sí, le escribiré . Pero todo no se puede hacer al mismo tiempo.
- Podría escribirle en este momento, si quiere hacerlo.
-¡ Ahora! Ahora tengo otras cosas mucho más importantes en que pensar. Imaginas que todo es tan fácil como cortar leña. ¡ Mira, mira, ni tan siquiera tenemos tinta en casa ! -exclamó Oblomov introduciendo la pluma en el tintero--. ¿ Cómo puedo escribir sin tinta?
-Voy a llenarlo de kvas - repuso Zajar, y cogiendo el tintero salió del cuarto, mientras Oblomov buscaba una hoja de papel
-¡ Tampoco hay papel¡ - exclamó Ilia lllieh montando en cólera- . ¡Este ZaJar! ¡Será mi ruina! Te repito que eres un criminal! -exclamó cuando le vio entrar- ¡No te preocupas de nada! ¡En toda la casa es imposible encontrar una hoja de papel de escribir!
Zajar sacó de un cajón media hoja de papel gris.
- No sirve -repuso Oblomov- . Es el que utilizo para cubrir el vaso de noche.
Zajar guardó silencio.
- Bien, dámelo. Luego Alexeiev lo copiará.
Ilia Illich tomó asiento ante la mesa e inmediatamente empezó a escribir:
Muy señor mío ...
- ¡Vaya una tinta! - exclamó-. ¡Otra vez procura ocuparte de las cosas mejor, Zajar!
Transcurrieron unos segundos y continuó escribiendo:
El piso en el cual habito, en el segundo rellano de la casa en la cual se propone usted realizar obras, es muy adecuado para mi manera de vivir a los hábitos que he ido adquiriendo durante mi larga estancia en esta casa. Pero habiéndome enterado por mi criado Zajar Trofimich, de que usted le había dicho que el piso que yo ocupo…
Oblomov se detuvo y releyó lo escrito.
-¡Qué calamidad! --exclamó en voz alta-o He puesto dos veces el cual y luego tres que seguidos.
Corrigió la redacción, pero entonces parecía que el cual hiciera referencia al piso en vez de a la casa. Trató de arreglarlo y suprimió uno de los ques. Tachó la palabra, pero tuvo que volver a escribirla, haciéndolo hasta tres veces; siempre sin el menor éxito.
No hay modo de solucionarlo -murmuró lleno de impaciencia- . ¡Maldita carta ! Pero no quiero romperme la cabeza por una tontería como ésta. Al parecer, he perdido el hábito de escribir cartas de negocios. Pero veo que están a punto de dar las tres." .
- ¡Zajar!
Oblomov rompió en cuatro pedazos el papel y lo arrojó al suelo.
INCIPIT 274. LOS EMBAJADORES /HENRY JAMES
I
Cuando Strether llegó al hotel, su primera pregunta fue acerca de su amigo; no obstante, al enterarse de que Waymarsh no iba a llegar, al parecer, hasta la noche, no se desconcertó del todo. En recepción le entregaron un telegrama, con respuesta pagada, en que aquel le encargaba una habitación «siempre que no fuera ruidosa»; de modo que el acuerdo de que se encontrarían en Chestery no en Liverpool seguía teniendo validez hasta el momento. El oculto prurito, empero, que había impelido a Strether a no desear por ningún concepto la presencia de Waymarsh en el muelle y que en consecuencia le había llevado a posponer dicha alegría durante unas horas era el mismo que a la sazón le hacía comprender que aún podía esperar sin sentir ninguna decepción. En el peor de los casos cenarían juntos y, con todos sus respetos para el querido Waymarsh -incluso para sí mismo, dadas las circunstancias-, había poco temor de que en lo sucesivo no se vieran con suficiencia. El prurito en activo a que acabo de referirme había sido, por lo que toca al hombre que había desembarcado después, enteramente instintivo; resultado del insistente presentimiento de que, por agradable que fuese, tras separación tan larga, ver la cara de su compañero, todo se disolvería en una bagatela sin importancia si se las arreglaba para que dicha cara se presentase al próximo vapor como la primera «nota» de Europa. A esto había que añadir ya su certeza de que demostraría, como mucho y de todas todas, dicha nota europea en medida más que suficiente.
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Cuando Strether llegó al hotel, su primera pregunta fue acerca de su amigo; no obstante, al enterarse de que Waymarsh no iba a llegar, al parecer, hasta la noche, no se desconcertó del todo. En recepción le entregaron un telegrama, con respuesta pagada, en que aquel le encargaba una habitación «siempre que no fuera ruidosa»; de modo que el acuerdo de que se encontrarían en Chestery no en Liverpool seguía teniendo validez hasta el momento. El oculto prurito, empero, que había impelido a Strether a no desear por ningún concepto la presencia de Waymarsh en el muelle y que en consecuencia le había llevado a posponer dicha alegría durante unas horas era el mismo que a la sazón le hacía comprender que aún podía esperar sin sentir ninguna decepción. En el peor de los casos cenarían juntos y, con todos sus respetos para el querido Waymarsh -incluso para sí mismo, dadas las circunstancias-, había poco temor de que en lo sucesivo no se vieran con suficiencia. El prurito en activo a que acabo de referirme había sido, por lo que toca al hombre que había desembarcado después, enteramente instintivo; resultado del insistente presentimiento de que, por agradable que fuese, tras separación tan larga, ver la cara de su compañero, todo se disolvería en una bagatela sin importancia si se las arreglaba para que dicha cara se presentase al próximo vapor como la primera «nota» de Europa. A esto había que añadir ya su certeza de que demostraría, como mucho y de todas todas, dicha nota europea en medida más que suficiente.
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DE LOS POLITICOS
De La elegancia del erizo, de Muriel Barbery, p.56
Ésta es una idea profunda mía, pero nació a su vez de otro idea profunda. Lo dijo un invitado de papá que vino ayer a cenar: "Los que saben hacer las cosas, las hacen; los que no saben, enseñan a hacerlas; los que no saben enseñar, enseñan a los que enseñan, y los que no saben enseñar a los que enseñan, se meten en política.» Todo el mundo pareció encontrar aquello muy inspirado, pero no por los motivos adecuados. "Cuánta razón tiene», dijo Colombe, que es especialista en falsa autocrítica. Forma parte de aquellos que piensan que el saber vale por el poder y el perdón. Si sé que formo parte de una elite autosatisfecha que sacrifica el bien común por exceso de arrogancia, me libro de la crítica y consigo con ello el doble de prestigio. Papá también tiende a pensar así, aunque es menos cretino que mi hermana. Él todavía cree que existe algo llamado "deber» y, aunque sea a mi juicio quimérico, ello lo protege de la idiotez del cinismo. Me explico: no hay mayor frivolidad que ser cínico.
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