Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.657. ENCICLOPEDIA SECRETA / MARTA SANZ


Desobedecer es agotador

Hay libros con vocación de resistencia, de insurrección y de combate. También hay libros obedientes. La resistencia y la desobediencia se colocan semánticamente un paso por detrás de la insurrección o el combate; aún así, son actitudes de agradecer porque implican una incomodidad para el que lee que se traduce en un riesgo para el escribe: la de ser invisible o que te llamen tonto. Cuando escribes libios desobedientes y te nombran y, en lugar de tonto te llaman malo, posiblemente eso significa que vas por buen camino.

Para desobedecer, en el ámbito del arte, hace falta no ser ”monedita oro para gustarles a todos”, intuir que sólo los idiotas suscitan unanimidades y huir, como de la peste bubónica, de la posibilidad de que la palabra desobediencia se reduzca una marca como la que se usa para anunciar fijadores del bucle rebelde —otra que la publicidad ha adocenano- blue jeans o refrescos con mucha mucha cafeína. Ser desobediente es, por tanto, una meta difícil.


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