El verano de Cervantes, Antonio Muñoz Molina, p. 241
En White-Jacket, la novela de
aventuras en un buque guerra que publicó dos años antes que Moby Dick, el
narrador, que parece que habla con su propia voz contando recuerdos muy vividos,
agobiantes muchas veces, sobre la dureza
disciplinaria de la vida en el mar, evoca a un marinero llamado Nord, lector de
buenos libros, “muy romántico”, revolcado por el molino de la adversidad. Dice
Melvllle: Muchas veces me había
fijado en su figura alta, erecta, austera. marchando corno don Quijote entre
los pigmeos de la tripulación a la que pertenecía. La sombra del caballero
sigue rondando por las páginas desordenadas y convulsas de la novela, que tiene
mucho de imperfecta anticipación de Moby-Dick. Un médico del barco, de buena familia
pero de escasa fortuna, había leído Don Quijote, y esa en lugar de curarlo de
su quijotismo, como hubiera debido, lo
volvió todavía más quijotesco. Durante una parada en Rio de Janeiro. y a pesar
del calor del trópico, este médico arruinado se pasea por la ciudad con un gran
chaquetón azul de marinero, echado con un gesto de elegancia española sobre un
hombro de caballero. En un cuento escrito en 1856, The Piazza Tales, Melvillle describe un prado
muy verde en en que unas vacas permanecen tan inmóviles que ni siquiera
rumian, como si estuvieran
hechizadas. Y los hechizados no comen, al menos eso dice don Quijote, el más
sabio de todos los sabios que han existido nunca.
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