Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

EPIFANIA

Entrevistas... DFW, 222-223
Mientras tanto, de vuelta al presente, la esposa inmadura se sentía cada vez más ensimismada y angustiada y cada vez era más infeliz. Lo que cambió todo y salvó la situación fue que tuvo una epifanía. Tuvo la epifanía cuando llevaba casada tres años y siete meses.
En términos de psicodesarrollo secular, una epifanía es un descubrimiento repentino que cambia la vida, a menudo catalizando el proceso de madurez emocional de una persona. La persona, en un solo destello cegador, «crece», «se hace adulta” y “dej[a] de lado las cosas infantiles”. Se despoja de ilusiones que se han vuelto pringosas y rancias como resultado de haberse prolongado un montón de años. Se transforma, para bien o para mal, en un ciudadano de la realidad. En realidad, las epifanías genuinas son extremadamente raras. En la vida adulta contemporánea, la madurez y la conformidad con la realidad son procesos graduales, paulatinos y a menudo imperceptibles, semejantes a la formación de cálculos renales. El idioma moderno normalmente emplea epifanía como metáfora. Solamente es en representaciones dramáticas, iconografía religiosa y en el «pensamiento mágico de los niños donde esa clase de descubrimientos quedan comprendidos en un repentino destello cegador.

Lo que desencadenó la repentina y cegadora epifanía de la joven esposa fue su abandono de la actividad mental pura en beneficio de una acción concreta y frenética. De forma  abrupta y frenética (a las pocas horas de decidirlo) telefoneó al antiguo amante con quien había mantenido una relación entusiasta y que ahora a decir de todos era el exitoso director asociado de un concesionario automovilístico local, le suplicó que se vieran y que tuvieran una charla. Hacer aquella llamada fue una de las cosas más difíciles y vergonzosas que la esposa (que se llamaba Jeni) había hecho nunca. Le parecía irracional y comportaba el riesgo de que su conducta pareciera completamente inadecuada e irracional: estaba casada, él era su antiguo amante, no habían hablado ni una vez en casi cinco años y su relación había terminado mal. Pero ella atravesaba una crisis, y temía, tal como le explicó por teléfono a su antiguo amante, por su propia salud mental, y necesitaba su ayuda, y estaba dispuesta, si hacía falta, a suplicar. El antiguo amante acordó que se reuniría con la esposa al día siguiente en un restaurante de comida rápida que había cerca del concesionario automovilístico.

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