Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 852. TEATRO / EDUARDO MENDOZA

Sala de una casa de campo. A la izquierda, una puerta que da al campo. A la derecha, otra puerta que comunica con el interior de la casa. En el centro, una ventana. Poco mobiliario. Una vieja chaise longue: el barniz dorado de la madera ha saltado; la seda, apolillada, ha perdido el color. Una mesa con restos de comida: la sobria cena de una persona sola. Un mueble con cajones y un espejo. Bastantes libros.
(Noche de tormenta. MALLENCA sola, sentada en la chaise longue, escucha el repicar de la lluvia en el tejado, suspira.)
MALLENCA
No soy una mujer miedosa. Nada me asusta
salvo las cosas verdaderamente horribles.
Vivo sola y una mujer que vive sola
no puede ser miedosa. Ni tiene por qué serlo.
Una mujer sola, en principio, nunca corre peligro
si conserva la calma. Y yo jamás la pierdo.
Si a medianoche oigo algún ruido,
como esta noche, no me asusto.
No creo en los fantasmas. Los ruidos y los pasos
                                                   y los gemidos que oigo a veces, como hoy,
                                                   como esta noche,
                                                    los hacen la madera, o el viento,

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