Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

HOMBRE GORDO

El cuaderno gris, Josep Pla, p. 104-105
Los hombres flacos, corrientemente, suelen ser precisos, infatigables e incómodos; los hombres gordos, por el contrario, vagorosos, inciertos y divertidos, Los primeros suelen actuar furiosamente con el compás y la regla; los segundos operar a ojo, con una gesticulación  graciosa e imprecisa. Si estuviese gordo, me dedicaría, probablemente, a los pequeños, insignificantes pIaceres de comer y beber e iría cada anochecer al café a dormir un rato y, entre cabeceo y cabeceo, hablaría si viniese a mano, con mis amigos. Diría cosas delicadas e inciertas, cosas medio hilvanadas, apenas sugeridas; tendría un trato ligero e imperceptible; haría, como suelen hacer los gordos una intrascendente bromita del muerto y de quien lo vela con tal de que el muerto pudiese llegar al otro mundo liberado del envaramiento de las esquelas y los vivos tuviesen la sensación y pudiesen ver con sus propios ojos mi gran fondo de bondad y de debilidad. Si alguno formulase contra mi alguna impertinencia, me levantaría de la silla, porque no hay nada más incómodo para un gordo, que levantarse de la silla o sillas que ocupa sobre la tierra. Sí, señora, sí; la cantidad imprime carácter, la cantidad no puede juzgarse con las normas habituales del sentido del ridículo.
Es decir: un hombre gordo consiste en un ser que arrastra él personalmente, una gran cantidad del sentido del ridículo ineluctible, inescamoteable, definitivo, que soporta y arrastra la vida. En este sentido, un hombre gordo está en condiciones excepcionales para ser buena persona, para tener la vanidad mínima, para ver el mundo como un espectáculo fatalmente injusto, extraño a toda idea de exactitud y de perfectibilidad imposible.
Esta es la situación que me gustaría llegar a tener en este mundo.

Me resulta triste tener que decir que la moral práctica está basada en un cierto infantilismo, en una desgana vital, en una depresión de los sentidos. Cuando la sangre canta en las venas, ya la podeis atar por la cola. .. Las otras formas de la moral son discusiones de libros y periódicos que se venden en las librearías. Decía que aquélla sería la situación que me gustaría tener, dudo, sin embargo, que nunca pueda alcanzarla de una manera cabal.

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