Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

SAN GARCINUÑO

La vida negociable, Luis Lander, p. 158
¿Un santo en los infernos?
Dicen que se condenó a propósito, y es de suponer que con la venia del Señor, para poder ser nuncio y espía del Vaticano en el reino de Lucifer. Es el único santo que pecó a su pesar y por orden divina.
Es una historia absurda, y le limpié la boca con el babero.
¿Absurda? Qué sabes tú de esas cosas. La religión está llena de misterios vedados al hombre. Tratándose de Dios, todo es posible.
Y ese santo, ¿hizo milagros? Porque para ser santo hay que hacer milagros, ¿no?
Así es. No hay cosa más hermosa en el mundo que los milagros. Y o me sé muchos, a ti te los contaba de niño, y a menudo me los cuento a mí mismo y encuentro mucho consuelo en ellos. Sin ir más lejos, el que tu madre se fijara en mí y se casara conmigo, ¿qué fue sino un milagro? Pero, volviendo a lo nuestro, se dice que, tres días después de morir, san Garcinuño, que entonces aún no era santo, apareció mezclado entre los peregrinos que iban a ver al Papa, y que uno que lo reconoció, solo de verlo se quedó ciego para siempre. Todos gritaron: iMilagro!, imilagro!, y dicen que el ciego sonreía como si siguiera viendo por dentro. Pero a otros que lo miraron y no lo reconocieron, no les pasó nada. Eso me lo han contado a mí sus descendientes, y hay documentos que lo atestiguan. Y todos sus milagros eran así, prodigios perniciosos, pero que mostraban igualmente la omnipotencia del Altísimo.
¿Dejar a alguien ciego es un milagro?

iQuién sabe! Piensa que le privó de la luz natural, pero le abrió los ojos del alma a una luz interior. Debe de haber muchos milagros en el mundo que tienen la apariencia de una desgracia, y sin embargo son milagros, y prueban la existencia de Dios.

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