Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 833. AÑOS FELICES / GONZALO TORNE

No, claro que no se trataba de una mansión. Aunque la llamasen así por bromear, la palabra solía reservarse para las edificaciones coloniales esparcidas al norte de la isla, sobre un terreno resbaladizo que en los días oscuros del otoño recordaba a unas marismas europeas, poblado como estaba por aquellos despistados sauces llorones, que nunca arraigaron a demasiada profundidad. Pero ser, lo que se dice ser, era una casa, todo lo grande que quieras, pero una casa más, integrada en una serie de viviendas familiares que cubrían el tramo de calle y respondían con estilos distintos a una parecida ambición de testimonio patrimonial. Fue Robert Osborn quien se empeñó en rematar la casa con una mansarda al estilo parisino, que al ojo entendido le suscitaba un efecto cómico parecido al del pastelero al que en un brote juguetón le da por coronar un pastel de boda horneado para doscientos invitados con una cerecita glasé.

Pero qué nos importa ahora la casa ... Es mucho mejor empezar por el día en que salieron a navegar, la última excursión que hicieron los cuatro antes de que el príncipe impactase contra su mundo. 

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