Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

BARCELONA 2016

Dicionario enciclopédico, JP Andújar, p. 259
Mesmer dijo percibir en una paciente un flujo eléctrico y supuso que eso tan magnético era la salud. Pero el magnetismo animal, lo estamos viendo hoy, es la corriente que nos arrastra por los adoquines como si fuésemos tranvías. Es lo que nos hace vibrar como un diapasón entre la voz de su amo y la voz de la conciencia; dos criaturas a elegir: el perro y el grillo. El magnetismo animal es la fascinación por la gente, por el mogollón que se ha echado a la calle con pancartas descomunales que reproducen el Guernica de Picasso, con banderas que llevan impreso el cuadro de El cuarto Estado, aquel de los campesinos marchando hacia la industria, que sirvió luego para el cartel de Novecento. Así son las manifestaciones ahora en Barcelona. El personal hablándole en la calle a gobiernos que no escuchan, y de esta manera parece que de repente la ciudad se llene cada tarde de sábado con decenas de miles de locos que van hablando solos en un alzheimer de camisetas monocolores donde la lucha por no olvidar es también a vida o muerte. Sí, así es Barcelona cuando avanzan las reivindicaciones en columnas hacia el corazón de la ciudad. No es la ciudad burguesa donde los trabajadores pueden ir al centro para darles algarrobas a las palomas de la plaza de Catalunya. Es una ciudad anegada por mareas ingentes que gritan porque les han engañado con la casa, con el trabajo y en las cajas de ahorros, les han robado hasta las mantas de los hospitales (sí, lo dicen los Goyas, en sus grabados se ve esta misma desesperación y esta misma incertidumbre, todo esto viene de lejos). Una larga marcha (siempre es así, la noche es corta pero la marcha es larga) de familias que se sienten rotas porque les han quitado todo (es decir, todo lo que creían tener); de gente libre en un mundo libre saqueada por los eternos dueños de este país donde el dolor persigue como una sombra a cada mujer, a cada hombre, por las autopistas, las aceras, los ascensores... En este secarral rodeado de mar por todas partes menos por una que le une a Hollande, el dolor es la única compañía que se tiene. ¿Recuerdas la historia de Juana la Loca? Reina de picas habiendo querido ser reina de corazones, fue arrastrando su depresión por su siglo de oro sucio y acabó muriendo encerrada.

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