Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 774. LAS CORRECCIONES / JONATHAN FRANZEN

Locura de un frente frío de la pradera otoñal, mientras va pasando. Se palpaba: algo terrible iba a ocurrir. El sol bajo, en el cielo: luminaria menor, estrella enfriándose. Ráfagas de desorden, sucesivas. Árboles inquietos, temperaturas en descenso, toda la religión nórdica de las cosas llegando a su fin. No hay aquí niños en los jardines. Largas las sombras en el césped espeso, virando al amarillo. Los robles rojos y los robles palustres y los robles blancos de los pantanos llovían bellotas sobre casas libres de hipoteca. Las ventanas a prueba de temporal se estremecían en los dormitorios vados. Y el zumbido y el hipo de un secador de ropa, la discordia nasal de un esparcidor de hierba, el proceso de maduración de unas manzanas lugareñas en una bolsa de papel, el olor de la gasolina con que Alfred Lambert había limpiado la brocha, tras su sesión matinal de pintura del sillón biplaza de mimbre.
Las tres de la tarde era hora de riesgos en estos barrios residenciales y gerontocráticos de St. Jude. Alfred se acababa de despertar en el sillón azul, de buen tamaño, en que llevaba  durmiendo desde después de comer. Ya había cumplido con su siesta, y las noticias locales no empezaban hasta las cinco. Dos horas vacías eran un criadero de infecciones. Se incorporó trabajosamente y se detuvo junto a la mesa de Ping-Pong, tratando de oír a Enid, sin lograrlo.

Resonaba por toda la casa un timbre de alarma que sólo Alfred y Enid eran capaces de ·oír directamente. Era el timbre de alarma de la ansiedad.

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