Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 772. EL PUERCOESPIN / JULIAN BARNES

EL ANCIANO SE ENCONTRABA TAN cerca de la ventana del sexto piso del edificio como se lo permitía el soldado. En el exterior, una inusual oscuridad cubría la ciudad; en el interior del edificio, el bajo voltaje de la lámpara de escritorio se deslizaba débilmente sobre la montura metalizada de sus gruesas gafas. Iba menos acicalado de lo que el militar había supuesto: el traje tenía arrugas en la espalda, y lo que quedaba de su pelo rojizo se levantaba en mechones desordenados. Sin embargo, su postura denotaba confianza en sí mismo, incluso cierta beligerancia en la forma en la que su pie izquierdo estaba colocado con firmeza sobre la línea pintada en el suelo. Con la cabeza levemente inclinada, el anciano, mientras tanto, escuchaba la protesta de las mujeres, que serpenteaba a través del compacto centro de la capital sobre la que había ejercido su mandato durante tanto tiempo. Una sonrisa se había dibujado en su rostro.
Las mujeres se habían reunido aquella tarde lluviosa de diciembre frente a la Catedral del Arcángel San Miguel, un punto de encuentro de la antigua época monárquica. Muchas habían entrado primero y habían encendido velas a la altura de sus hombros: velas delgadas, amarillas, que tenían la tendencia, ya fuera por mala fabricación o por el calor de las llamas que las rodeaban, a doblarse por la cintura hasta alcanzar la bandeja llena de cera más abajo. 

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