Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 764. EL RUIDO DEL TIEMPO / JULIAN BARNES

Sucedió en medio de la guerra, en un andén tan plano y polvoriento como la interminable llanura que lo circundaba. El tren parado había salido dos días antes de Moscú, rumbo al este; le quedaban dos o tres más de trayecto, dependiendo del carbón y de los movimientos de tropas. Era poco después del amanecer, pero el hombre -en realidad, sólo un semihombre- ya se estaba impulsando hacia los vagones de asientos más cómodos en un carrito bajo con ruedas de madera. La única manera de dirigirlo era tirar del borde frontal del artilugio, y para impedir que volcara, el hombre llevaba, atada con un lazo a la pretina de sus pantalones, una cuerda que pasaba por debajo del carrito. Tiras de tela ennegrecidas le envolvían las manos y tenía la piel curtida de mendigar por las calles y las estaciones. Su padre había sido un superviviente de la guerra anterior. Bendecido por el cura del pueblo, se había ido a luchar por la patria y el zar. Para cuando volvió, el cura y el zar ya no estaban, y la patria ya no era la misma. Su mujer había gritado al ver lo que la guerra había hecho con su marido. Ahora había otra guerra y había vuelto el mismo invasor que antes, con la salvedad de que los nombres habían cambiado

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