Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 1.669. TODOS LOS PECADOS Y LA MITAD DE MI DOLOR / ELENA MEDEL


Lo contrario de la muerte es el deseo. La respuesta sencilla —la evidente— nos colmaría la boca sin mentir: la vida es lo contrario de la muerte. Pero yo he deseado. Un labio que se muerde hasta que brota la sangre de la piel rota, la rasgadura del deseo que se clava contra el pecho: feroz deseo —feroz— quebrando el velo que guarda las costillas, doblegándome hasta sustituirme, inexistente yo. Me refiero al hambre y a la urgencia. También he conocido el deseo de lo que me faltaba a mí, un objeto valioso y su advertencia, no olvides que eres por cuanto otros fueron; o algo hermoso sin más, con una gracia distinta a todo aquello de lo que dispongo. He deseado también cuanto se me escapaba: no una risa o un gesto sino una posición, alguien que se sienta a esperar cuanto se le ha concedido, alguien que ofrece las palmas de sus manos vacías para que se las rebosen. He deseado al alcance de mi tacto, y he deseado algo que se me escaparía de poseerlo. Lujuria o impudicia, lascivia, envidia y rencor: deseo. Porque el aire me ha colmado el pecho hasta que no respirase, porque la muerte y la vida se han confundido en mí, no escribo sobre la batalla: escribo sobre el alimento.

 


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