Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p. 39
La cosa fue que nunca nadie le
dio ningún crédito por haber descubierto esos mosaicos, porque era jornalera y
el crédito se lo llevó el arqueólogo. Pero Nanna siguió excavando y en un
momento dado encontró un vestíbulo con mosaicos aún más hermosos, perfectamente
preservados, con una representación del mito del dios Proteo: un dios del mar,
elusivo, siempre cambiante, profeta y pastor de las bestias marinas, hijo del
dios mayor del mar, Poseidón, y de Fénice. Proteo podia no solo ver el futuro,
como la mayoría de los profetas, también veía el pasado remoto con absoluta
claridad. pero detestaba revelar sus profecías a los mortales. Si alguien
acudía a él en busca de información, Proteo cambiaba de forma, para
escabullirse. En manos de su captor, se convertía en pez espada, en cámara, en
tempestad, en medusa, en burro, en cepillo de dientes, en fuego, en barco, en
libro.
¿En cepillo de dientes?
Bueno, en lo que fuera. Así,
transformándose de una cosa en otra, despistaba y mareaba a su captor y lograba
escapar.
Pez espada, cámara, tempestad,
medusa, burro, cepillo de dientes, fuego, barco, libro, repite ella.
Sí, o en cualquier otra cosa,
esos son solo ejemplos. Simplemente se metamorfoseaba en cosas distintas. Pero
si su captor aguantaba y podía seguir reconociéndolo en todas sus metamorfosis,
en algún momento Proteo volvía a su forma original de dios y revelaba la verdad
sobre el pasado y el futuro antes de regresar otra vez a las aguas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario