Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

PROTEO


Principio, medio, fin, Valeria Luiselli, p. 39

La cosa fue que nunca nadie le dio ningún crédito por haber descubierto esos mosaicos, porque era jornalera y el crédito se lo llevó el arqueólogo. Pero Nanna siguió excavando y en un momento dado encontró un vestíbulo con mosaicos aún más hermosos, perfectamente preservados, con una representación del mito del dios Proteo: un dios del mar, elusivo, siempre cambiante, profeta y pastor de las bestias marinas, hijo del dios mayor del mar, Poseidón, y de Fénice. Proteo podia no solo ver el futuro, como la mayoría de los profetas, también veía el pasado remoto con absoluta claridad. pero detestaba revelar sus profecías a los mortales. Si alguien acudía a él en busca de información, Proteo cambiaba de forma, para escabullirse. En manos de su captor, se convertía en pez espada, en cámara, en tempestad, en medusa, en burro, en cepillo de dientes, en fuego, en barco, en libro.

¿En cepillo de dientes?

Bueno, en lo que fuera. Así, transformándose de una cosa en otra, despistaba y mareaba a su captor y lograba escapar.

Pez espada, cámara, tempestad, medusa, burro, cepillo de dientes, fuego, barco, libro, repite ella.

Sí, o en cualquier otra cosa, esos son solo ejemplos. Simplemente se metamorfoseaba en cosas distintas. Pero si su captor aguantaba y podía seguir reconociéndolo en todas sus metamorfosis, en algún momento Proteo volvía a su forma original de dios y revelaba la verdad sobre el pasado y el futuro antes de regresar otra vez a las aguas.


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