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INCIPIT 1.598. MINIMOSCA / GUSTAVO FAVERON PATRAU
Seis meses después, en Bangor Middle School, la niña transgénero le mostrará al Amnésico la película. Entrarán a la escuela de noche, clandestinamente, por un callejón entre el edificio principal y el coliseo. En una computadora, en la biblioteca a oscuras, verán cuatro escenas. La niña transgénero dirá en esta escena sales tú, mira bien, Amnésico, dime si no eres tú. El Amnésico, en efecto, se reconoce en la pantalla. Está de espaldas a la cámara, pero es obvio que se trata de él, sentado ante una mesa en un café. Enfrente suyo hay un anciano que habla en voz baja. Primero no se escucha lo que dice, pero la niña transgénero sube el volumen. Hay cosas que el ojo humano nunca debe ver, está diciendo el anciano. Si el ojo humano las percibe, no las comprende. Son cosas que el ojo humano debería evitar, cosas que jamás debió haber visto. Cuando el ojo humano las ve, se quedan adentro de él, es imposible arrancarlas de adentro de ese ojo. Lo peor es que no siempre le causan horror. A veces, el ojo humano las ve y esas cosas lo hechizan, lo embrujan y el pánico se convierte en placer y en medio del placer el ojo humano se pregunta quién soy, por qué me atrae lo abominable. Al Amnésico lo impresiona la vejez del hombre y lo impresionan sus manos de uñas negras. Le parece el personaje de una saga en la última escena del último episodio, cuando el misterio de la vida cede su lugar al misterio de la muerte
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