Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 386. TODO LO QUE HAY / JAMES SALTER

Primeras luces
Toda la oscura noche, el agua se deslizó veloz. Bajo la cubierta, tendidos de seis en seis sobre literas de hierro, yacían cientos de hombres callados, muchos de ellos boca arriba y con los ojos aún abiertos aunque se acercaba el alba. Las luces eran tenues, los motores palpitaban sin descanso y los ventiladores inyectaban aire húmedo; mil quinientos hombres con armas y macutos tan pesados que los habrían conducido directamente al fondo, como yunques arrojados al mar; una porción del formidable ejército que navegaba hacia Okinawa, la gran isla situada al sur de Japón. Pero Okinawa era en realidad Japón, pertenecía a esa madre patria desconocida y extraña. La guerra, que duraba ya tres años y medio, estaba llegando a su desenlace. Al cabo de media hora, los primeros grupos de hombres se pondrían en fila para el desayuno y comerían de pie, hombro con hombro, silenciosos, solemnes. El barco se deslizaba suavemente con un ruido sordo. El acero del casco crujía. El frente del Pacífico no se parecía a los demás. Las distancias eran enormes. Durante días y días no había nada más que el vacío del mar y sitios con nombres extraños separados por miles de kilómetros. 

LOS AMIGOS DE BORGES Y LOS DEL REY DE ESPAÑA

De El azar de la mujer rubia de Manuel Vicent, p.114-115
La marquesa de Llanzol se salía de aquella reala que nunca leyó un libro. Ortega y Gasset estaba enamorado de ella como un crío, la cortejaba, le mandaba cartas ridículas, somojantes, babeantes, que algún día habrá que quemar. Le gustaba verla jugar al tenis en el Club de Campo o de Puerta de Hierro mientras se tomaba un vermut Cinzano bajo el parasol imaginando fllosofías. Ella se dejaba halagar por aquel filósofo, faro de la inteligencia española, y no se sabe si llegó un día a pararle los pies, como hizo Victoria Ocampo, la reinona millonaria argentina que ante su propuesta un poco atrevida le dijo: «Don José, yo le he traído a Buenos Aires como pensador, para la cama ya tengo a un campeón de polo». Xavier Zubiri también la adoraba pero se conformaba con pellizcarle e! culo después de las conferencias que impartía en los salones de! banco Urquijo sobre la inteligencia sentiente o la esencia de la nada, todo en e! aire delicado, exquisito de la Sociedad de Estudios y de la Revista de Occidente.

La mujer rubia era amiga íntima del Príncipe Juan Carlos por lazos familiares. Una prima estaba casada con el corone! Alfonso Armada, que era su ayudante e instructor. De regreso de Africa en 1967, la invitaban a cenas y fiestas en la Zarzuela. Su hermana Sonsoles estaba casada con Eduardo Fernández de Araoz, concuñado de la infanta Pilar, hermana de Juan Carlos. Su tío Ramón, marqués de Huétor, fue jefe de la Casa Civil de Franco. La mujer de éste, Pura Huétor, una verdadera arpía, era íntima amiga de doña Carmen, y la que le llevaba todos los chismorreos de la calle. «Yo bromeaba a veces con Juan Carlos y le decía: "Hay que imaginar a millones de óvulos y espermatozoides de oro saltando, bailando, bajando desde la Edad Media por todas las uretras de la historia, desde Fernando I de Castilla, Wifredo e! Velloso, los Reyes Católicos, María Estuardo, Luis XlV, María Teresa de Austria, Felipe de Orleáns y también Canuto 11 el Grande, Iván el Terrible, e! emperador alemán Guillermo 11, realizando entre ellos infinitas combinaciones hasta concentrarse en ti, querido Juan Carlos, que en e! fondo no te distingues de cualquier otro joven.

NABOKOVIANA

Vladimir Nabokov:  Pushkin o la verdad y lo verosímil

La vida nos regala a veces invitaciones a fiestas que nunca tendrán lugar, imágenes para libros que nunca serán publicados. Otras, nos obsequia con algo cuyo disfrute inesperado no  descubrimos sino mucho más tarde. No hace mucho conocí a un hombre peregrino. Si todavía existe, cosa que dudo, debe de ser la perla de algún manicomio. Cuando lo encontré, rozaba la locura. Su demencia, desencadenada, se decía, por una caída del caballo acontecida en su primera juventud, era de las que, al abismar el cerebro, le sugieren una falsa vejez. Mi enfermo se creía no sólo con más edad de la que realmente tenia, sino que le parecía haber tomado  parte en acontecimientos de otro siglo. Este hombre, que rayaba en los cuarenta, robusto y colorado, de mirada vidriosa, me contaba, con el ligero cabeceo de los viejos soñadores, que mi abuelo, todavÍa niño, venía a sentarse en sus rodillas, El rápido cálculo que hice mientras le escuchaba me obligó a atribuirle una edad fabulosa, Lo que resultaba una extravagancia encantadora es que cada año, a medida que su mal progresaba, él regresaba coma los cangrejos hacia un pasado cada vez más lejano. Cuando volví a verlo, hace diez años, me habló de la conquista de Sebastopol. Un mes más tarde ya me hablaba del general Bonaparte. Una semana más ... y henos aquí en plena Vendée. Si todavía vive, mi maníaco debe de estar bien lejos, entre los normandos, quizá, o incluso, quién sabe, en los brazos de Cleopatra.

INCIPIT 385. SUEÑOS DE BUNKER HILL / JOHN FANTE

Mi primer encontronazo con la fama no fue precisamente memorable. Yo era ayudante de camarero en Marx's Deli. El año era 1934. El local estaba en el centro de Los Ángeles, en el cruce de las calles Tercera y Hill. Tenía veintiún años. vivía en un mundo que limitaba al oeste con el barrio de Bunker HiII, al este con Los Angeles Street, al sur con Pershing Square y al norte con el Civic Center. Yo era un mozo sin parangón, tenía empuje y mucho estilo para el Oficio,  y aunque el salario era de hambre (un dólar al día más las comidas) llamaba mucho la atención mientras volaba de mesa en mesa, con una bandeja en la mano, ganándome las sonrisas de los clientes. Pero podía ofrecer al jefe algo más que mis dotes de camarero, ya que también era escritor. El hecho se hizo público un día que un fotógrafo borracho de Los Angeús Times se sentó a la barra y me hizo varias fotografías mientras yo servía a una clienta que me contemplaba con admiración. Al día siguiente la foto apareció en el Times con un artículo. Hablaba de la lucha y el triunfo del joven Arturo Bandini. un muchacho de Colorado, ambicioso y muy trabajador, que había irrumpido en el difícil mundo de las revistas colocando su primer cuento en The American Phoenix

SOBRE LA EDUCACION

Werther de Goethe, p. 59 (Cátedra)
15 de mayo

La gente sencilla del lugar ya me conoce y me quiere; especialmente los niños. He tenido una triste experiencia. En un principio cuando me acercaba a ellos y les preguntaba amistosamente sobre esto y lo de más allá,  algunos creían que pretendía burlarme y me despachaban  groseramente. No me incomodaba por eso; pero sentía vivamente lo que ya otras veces había observado: que gente de cierta clase mantiene siempre una fría distancia con el pueblo bajo, como si creyera perder con el acercamiento; y hasta hay insustanciales y bromistas que simulan rebajarse para hacer sentir a la pobre gente, del modo más palpable, su petulancia. Ya sé que no somos ni podemos ser iguales, pero opino que quien juzga imprescindible  distanciarse del así llamado populacho para mantener su respeto, es tan reprobable como el cobarde que se esconde del enemigo por temor a sucumbir. El otro día estuve en la fuente y encontré a una criada joven que había colocado el cántaro en el último escalón y estaba mirando a ver si venía casualmente alguna compañera que le ayudase a ponérselo en la cabeza. Bajé las escaleras y la miré diciéndole: --«¿Quieres que te ayude, mocita?» --¡Oh, no señor¡ -contestó poniéndose roja como la grana. -«Sin cumplidos» - insistí. Se colocó bien el rodete y le ayudé, me dio las gracias y se fue escaleras arriba.

INCIPIT 384. LA HUMILLACION / PHILIP ROTH




EN EL AIRE LEVE
Había perdido su magia. El impulso estaba agotado. Jamás había fracasado en el teatro, todo cuanto emprendiera tuvo fuerza y éxito, y entonces sucedió lo terrible: no podía actuar. Salir a escena era un sufrimiento. En vez de tener la certeza de que estaría espléndido, sabía que iba a fracasar. Le ocurrió tres veces seguidas, y la última vez nadie estaba interesado, nadie acudió. No podía llegar al público. Su talento estaba muerto. Por supuesto, si lo has tenido, siempre tienes algo que te diferencia de lo de los demás. Siempre seré distinto, se decía Axler, porque soy quien soy. Cargo con eso; la gente siempre lo recordará.

LAS PALABRAS Y LAS COSAS; LOS NOMBRES Y LAS IDEAS

De Una vida absolutamente maravillosa, de E. Vila-Matas, p.491
Por completo desvelado, los ojos como platos, entré finalmente en el ensayo de Coetzee sobre Benjamín. Leí que éste había explorado a fondo el pensamiento místico judío y que era de 1916 su ensayo clave, «Sobre el lenguaje en general y sobre el lenguaje de los hombres». En él, Benjamín sostenía que una palabra no es Un signo, un sustituto de otra cosa, sino el nombre de una Idea. En Proust, en Kafka, en los surrealistas, la palabra se aparta de! significado en e! sentido «burgués» y retoma su poder elemental y gestual. La palabra como gesto es «la forma suprema en que la verdad se nos puede presentar en una época despojada de la doctrina  teológica». En los tiempos de Adán, la palabra y e! gesto de nombrar eran lo mismo. Desde entonces, e! lenguaje habría experimentado una gran caída, de la que Babel, según Benjamín, sería sólo una etapa. La tarea de la teología consistiría en recuperar la palabra, en todo su poder mimético originario, de los textos sagrados en los que ha sido conservada.
¿Pueden todavía las lenguas caídas, en la totalidad de sus intenciones, acercarnos al lenguaje puro? Comprendiendo de golpe que, en el fondo, toda mi vida, sin ser consciente de ello, había estado intentando reconstruir un discurso desarticulado (el discurso original), recordé a mi amigo Paco Monge, que Un día me dejó esta nota: «¿Por qué no pensar que, allá abajo, también hay otro bosque en el que los nombres no tienen cosas?».

¿Los nombres son o fueron Ideas? 

INCIPIT 383. DOBLE PAREJA / JOHN IRVING

1
EL ANGEL LLAMADO «LA SONRISA DE REIMS,.
Mi mujer, Utchka (cuyo nombre ya hace tiempo que abrevié en Utch), podría infundir paciencia a una bomba de relojería.  Por suerte, a mí me ha enseñado a tener un poco. Utch aprendió a ser paciente bajo lo que podríamos llamar coacción. Nació en 1938, d año del Anschluss, en Eichbüchl, pueblecito austríaco a
las afueras de la ciudad proletaria de Wiener Neudstadt, a una hora de coche de Viena. Cuando tenia tres años mataron a su padre por saboteador bolchevique. No quedó demostrado que fuese bolchevique, poro sí que era un saboteador. En las postrimerías de la guerra, Wiener Neudstadt se convertirla en el mayor aeródromo de Europa y en el involuntario emplazamiento de la fábrica alemana de aviones Messerschmítt. Al padre de Utch lo mataron en 1941, cuando se disponía a volar Unos Messersmmitt en la pista de aterrizaje de Wiener Neustadt. Después de que d padre de Utch fuera sorPrendido Y muerto, el Standarle local de las SS de Wiener Neustadt hizo una visita a la madre de Utch en Eichbüchl. Los de las SS anunciaron que iban a prevenir al pueblo contra la «semilla de traición», de la que evidentemente estaba llena la familia de Utch. Alentaron a los aldeanos a vigilar con mucha atención a la madre de Utch para asegurarse de que no fuese bolchevique como su difunto marido. Luego la violaron y le robaron un reloj de cuco de madera que el padre de Utch habla comprado en Hungría.

14 DE ABRIL

De Rojos y blancos de Pío Baroja, p.137
En el Heraldo de Aragón  hay un artículo que dice: “Los artífices de! 14 de abril que se han visto obligados a tomar el camino del destierro”
La verdad es que yo no recuerdo con exactitud qué es lo que ocurrió el 14 de abril. Supongo que es una fecha de la Revolución española; pero no sé cuál. Aquí, en París, no tengo libro que consultar.
A continuación, se inserta una lista estúpida, en la que se ven mezclados los nombres de unos escritores con los de unos políticos, a los que yo no conozco ni sé quiénes son: entre ellos figuran Rodríguez Pérez, Calviño, Gubiert, Mayol y algunos otros que deben ser políticos, y entre los escritores estoy yo, que, de primera intención, no recuerdo qué es lo que pasó el 14 de abril. Qué necedades. Yo no hablaría nunca de la política de Zaragoza, si no estuviera enterado de ella. ¡Qué estupidez!
Del 14 de abril no sé nada, ni sé qué pasó. De fechas históricas modernas, recuerdo el 93 en Francia, en parte por la novela de Víctor Hugo, el 14 de julio con la toma de la Bastilla, el 2 de mayo en Madrid con Oaoiz y Velarde, el año 23 con la intervención del duque de Angulema.

DEBERA TIRAR LA ESCALERA DESPUES DE USARLA

De En cuerpo y en lo otro de DFWallace, p.120

El hecho de que la Kate de Markson pierda repentinamente interés por las carreteras en cuanto las ha encontrado y en los hechos en cuanto los ha «asimilado»" resulta tan endeble, imperfecto y real como, por ejemplo, la prisa que le entra a Stendhal por ponerle fin a La   Cartuja de Farola en cuanto Fabrizio se tira a Celia ... y el hecho de que, finalmente, Kate solo valore lo que no se dice, lo que no se lee –quemando páginas a medida que las lee,  deshaciéndose de la familia en cuanto cobra “responsabilidad” de ella; probablemente incluso alimentando su epístola con el conocimiento condenado/ delicioso de que no se dirige a ninguna parte- evoca a la perfección, una vez más, el terrible y conmovedor precepto final del Tractatus de su maestro. Una traducción aproximada de esto sería: «Cualquiera que entienda lo que estoy haciendo no tardará en reconocer que es un absurdo, en cuanto haya usado lo que estoy diciendo -como si fueran peldaños- para subir más arriba de lo que estoy diciendo; es decir, que deberá tirar la escalera después de usarla». Este pasaje, igual que la mayor parte de W, solo trata de forma indirecta de lo que trata realmente. Es un pasaje que susurra y  juega. En realidad, trata de la plenitud del vacío, de la importancia del silencio

INCIPIT 382. EL EXPRESO DE ORIENTE / GREGORG VON REZZORI

Mientras estaba esperando delante de recepción a que le entregaran la llave de su cuarto, había echado mano del más pesado de los catálogos allí expuestos, automáticamente, para llenar el vacío de la inactividad y porque se había acostumbrado a estar siempre leyendo algo en los momentos ociosos, fuera lo que fuese: cualquier página de cualquier libro, periódico O revista, cualquier folleto, hasta las indicaciones farmacológicas en una cajita de píldoras, o lo que tuviera a mano. Esta costumbre formaba parte de las medidas de seguridad para no dar rienda suelta a los pensamientos, cosa que había de desembocar inevitablemente en algo desagradable: las intimaciones de una situación sin salida o un recuerdo atormentador. Tenía que procurar no desprenderse por completo de aquel enrejado de realidad en el cual, hasta hacía muy poco, había estado firmemente entrenzado con sus negocios, para no encarar a cada paso la existencia desde su humanidad desnuda, despojado de las ficciones y las ilusiones que posibilitaban la travesía sonámbula de la vida, dependiendo únicamente de experiencias que no admitían engaño y que lo habían vuelto sensible, como en carne viva. En tales  circunstancias, hasta el más estúpido folleto publicitario servía para salir de apuros.

PASIONARIA

De El azar de la mujer Rubia, de Manuel Vicent, p.147-149
Uno detrás de otro, Adolfo Suárez veía pasar todos los féretros. Recordaba a Carmen cuando le decía: «Traigo un mensaje para ti: "Dile que  se atreva a legalizar al Partido Comunista"». Oía cantar La Zarzamora y después enjugaba las lágrimas de su mujer Amparo Illana cuando tuvo que aprobar la Ley del Divorcio siendo presidente del Gobierno.
En el entierro de la madre ibérica, Dolores Ibárruri, diosa de luto, un gran cadáver de noviembre, en Madrid no había milicianos ni barricadas sino una batalla de nubes, aunque la tarde se puso muy dulce en su honor después del aguacero. Fue acompañada a la tumba por gente muy curtida, campesinos cuyo rostro ha labrado la vida, obreros de antigua crin que lloraban y otros hijos de la escarcha. El féretro, tan austero como la verdad, iba cubierto con la bandera roja, atravesando una plantación de flores y puños por la bajada de Génova hacia la plaza de Colón, y desde los balcones de algunos bancos acorazados muchos financieros, habiendo interrumpido por un momento el consejo de administración, lo contemplaron con cierta curiosidad no exenta de respeto, con una copa en la mano y el pensamiento en Brunete. Lejos del cortejo se oía un clamor de bocinas airadas que estaban fuera de la Historia. ¡No hay derecho a que corten el tráfico!

¿Qué pasa? ¿Por qué hay semejante atasco? Están enterrando a Pasionaria. Hoy en la ciudad el cadáver de los héroes sólo produce atascos, pero a Pasionaria la llevaba el río hasta más allá del sueño que es la inmortalidad. Esta vez no había travestis tirados en las aceras con el rímel corrido por el llanto, ni plañideras de clase media con el carrito del supermercado, ni carrozas de oro con guarnición de ediles y maceros vestidos de sota, como en el entierro del alcalde  Tierno Galván. El duelo de Dolores Ibárruri lo formaba el macizo central de la raza con zamarras de oveja, cazadoras de plásticos y paños rudimentarios  que albergaban corazones sencillos. Con lágrimas en los ojos la multitud gritaba: ,,¡No pasarán! », aquel alarido de resistencia que ya se ha hecho romántico, el cual ahora subía hacia los altos despachos y se perdía por el horizonte de los automóviles atascados, y mientras cada día un pedazo de la Historia se derrumba, el cadáver de Dolores Ibárruri esta tarde pasaba entre tantos escombros como una sombra de nostalgia. 

Todo cuanto alguna vez ocurrió está condenado a repetirse.

De Limbo de Agustín Fernández-Mallo, p. 137
Todo cuanto alguna vez ocurrió está condenado a repetirse. Si todo lo que existe no hubiera ya existido, moriríamos de susto una vez que lo tuviéramos delante. Predecimos lo que ya ha ocurrido. Son tales repeticiones las que crean adaptaciones a una cotidianidad que de otro modo sería invivible. A esta ley tampoco se escapan los secuestrados. Entre cuatro paredes llenas e! día con repeticiones. Caminas por el apartamento y tus pies son un salvapantallas; cuando has pasado por todos los puntos, cuando ya has pisado todas las baldosas, la pantalla se actualiza y vuelves a empezar. Esto ocurre varias veces al día.

Durante los meses iniciales del secuestro se dibujó insistentemente en mi cabeza el último  cuadro que recordaba haber visto, , pintado en 1852. Podría haber sido otro cualquiera, pero fue ése; lo reproducía una revista de interiorismo. Ofelia yace muerta en el río, boca arriba, los ojos abiertos y los labios también abiertos, pero no con expresión de estar muerta, sino de gozo. Los brazos de Ofelia se hallan ligeramente separados, como atrapada en el momento de realizar una ofrenda a las nubes, al cielo, a algo que no vemos. En una de sus manos aún sostiene las flores que había ido arrancando en las cercanías de! arroyo antes de que, no se sabe, fuera arrojada al agua o simplemente se cayera.

INCIPIT 381. ARDIENTE SECRETO / STEPHAN ZWEIG

EL PARTENAIRE

La locomotora emitió un grito ronco. Había alcanzado el Semmering. Durante un minuto los negros vagones descansaron en la luz plateada de las alturas, arrojaron unas cuantas personas, se tragaron otras, unas voces enojadas cruzaron de un lado a otro, después la máquina enronquecida volvió a gritar allí delante y, traqueteando, arrastró la oscura cadena hacia abajo, en dirección a la entrada del túnel. Nítido, extenso y con fondos claros, barridos por el viento húmedo, volvió a aparecer el paisaje. Uno de los recién llegados, un joven que inspiraba simpatía por lo correcto de su indumentaria y la elasticidad natural de sus andares, se adelantó a los demás para tomar un coche de punto que le llevara hasta el hotel. Sin prisa, los caballos trotaron por el camino en cuesta. La primavera se dejaba sentir en el aire. En el cielo revoloteaban esas nubes blancas, revoltosas, que sólo se dan en los meses de mayo y junio, esos compinches blancos, aún jóvenes y revolantes, que, juguetones, corren por la pista azul, para en un instante ocultarse tras las altas montañas; que se abrazan y huyen, que tan pronto se arrugan como si fueran pañuelos de bolsillo

SOBRE LA LIBERTAD DE PRENSA

De Cartas escogidas de WFaulkner
Mi deseo es que no venga, aunque ya sé que no puedo evitarlo, no hasta que un número suficiente de nosotros -por pocos que parezca que quedamos- que conservan el valor de su intimidad, se unan para protegerse de una de las cosas más temibles de la moderna vida americana: la Libertad de Prensa. Un individuo puede protegerse de la libertad de otro individuo, pero cuando enormes y acaudaladas organizaciones como la prensa, la religi6n o los grupos políticos empiezan a federarse bajo reclamos morales como la democracia y la libertad, en cuya estructura los miembros o practicantes individuales son absueltos de toda limitaci6n moral individual, que Dios nos ayude.
Por lo tanto, si sus jefes insisten en enviarle a pesar de todo, por favor adviértele de que me atrincheraré para defender lo que queda de mi vida privada hasta la última bala.

SOBRE EL SEXO

De En cuerpo y en lo otro de David Foster Wallace, p.166 
¿El impulso humano de follan? Cualquier animal puede follar. Pero solo los humanos podemos experimentar pasión sexual, que es algo completamente distinto de la mera pulsión biológica de aparearse. Y la pasión sexual ha sobrevivido durante milenios como fuerza psíquica vital dentro de la vida humana, no a pesar de los impedimentos sino gracias a ellos. El coito de toda la vida se carga de erotismo y de potencia espiritual precisamente en los momentos en que los impedimentos, conflictos, tabúes y consecuencias le confieren un   carácter de doble filo: el sexo significativo es al mismo tiempo una victoria y una rendición, una trascendencia y una transgresión, triunfante y terrible y extático y triste. Las tortugas y los mosquitos se pueden aparear, pero solo la voluntad humana puede desafiar, transgredir, vencer y amar: elegir.

Históricamente, tanto la naturaleza como la cultura han erigido ingeniosos impedimentos que le confieren su precio y su valor a esa elección de la pasión: los preceptos religiosos; las penas por adulterio y divorcio; la castidad caballeresca y el decoro cortesano; el estigma del  nacimiento ilegítimo; las chaperonas; los complejos de virgen/puta; la sífilis; los abortos secretos, y un conjunto de códigos «morales» que ponen la sensualidad al mismo nivel de tabú que la defecación y la apostasía ... desde el miedo que le tenían los victorianos al cuerpo hasta la norma de «un pie siempre en el suelo» de los inicios de la televisión; desde la ruina automática de las mujeres «caídas en desgracia» hasta las riñas en los asientos traseros de los cines en las que las novias luchaban por negarles a los novios lo que ellos les suplicaban a fin de conservar su respeto. Cierto: desde la perspectiva de 1996, la mayoría de los antiguos dragones se ven estúpidos y crueles. Pero hemos de darnos cuenta de que tenían algo grande a su favor: mientras reinaban los dragones, el sexo no fue despreocupado, jamás.  Históricamente, la sexualidad humana ha sido un asunto tremendamente serio; y cuanto más feroces eran sus dragones, más serio se volvía el sexo; y cuanto más alto era el precio de la elección, más intenso era el voltaje erótico que rodeaba lo que la gente elegía.

LOS ONCE MIL DOSCIENTOS DIEZ DECRETOS DE LA REVOLUCION FRANCESA

De El Noventa y tres, de Victor Hugo, p.227-228
Esta Asamblea, al mismo tiempo que desprendia revolución, producía civilización; era un infierno, pero también una fragua. En la misma caldera en que bullía el terror, fermentaba el progreso. De aquel caos de sombra y de aquella tumultuosa corrida de nubarrones, salían inmensos rayos de luz paralelos a las leyes eternas, que han quedado visibles para siempre en el horizonte de los pueblos, y que son: una, la justicia; otra, la tolerancia; otra, la bondad; otra, la razón; otra, la verdad; y otra, el amor. La Convención promulgaba este gran axioma: «La  libertad de un ciudadano termina donde comienza la libertad de otro ciudadano», que resume en dos líneas toda la sociabilidad humana. También declaró sagrada la indigencia, y sagrada la enfermedad del ciego y del sordomudo, convertidos en pupilos del Estado; sagrada la  paternidad de la madre soltera, a la que consolaba y ayudaba; sagrada la infancia en el huérfano, que la patria adoptaba; y sagrada la inocencia del acusado absuelto, a quien  indemnizaba. Execraba el tráfico de negros, abolía la esclavitud, proclamaba la solidaridad civica, decretaba la instrucción gratuita, organizaba la educación nacional con la Escuela Normal en Paris, con la escuela central en las capitales de distrito y con la escuela primaria en cada pueblo; creaba los Conservatorios y los Museos; decretaba la unificación de los códigos, de los pesos y medidas y de cálculo mediante el sistema decimal; fundaba la Hacienda en Francia, de tal modo que sucedió el crédito público a la larga bancarrota de la monarquía; daba a las comunicaciones el telégrafo; a la vejez, presupuesto para los hospicios; a la enfermedad, hospitales saneados; a la enseñanza, la Escuela Politécnica; a la ciencia, la oficina de  longitudes; al espíritu humano, el Instituto de Francia. Era cosmopolita a la vez que nacional. De los once mil doscientos diez decretos que promulgó, la tercera parte tenían una finalidad política; las otras dos, una finalidad humana. Declaraba que la moral universal era la base de la sociedad, y la conciencia universal el fundamento de la ley. Y todo esto, la abolición de la servidumbre, la fraternidad aclamada, la humanidad protegida, la conciencia humana  aleccionada, la ley del trabajo transformada en derecho al trabajo, pasando de onerosa a caritativa, la riqueza nacional consolidada, la infancia protegida y educada, las ciencias y las letras difundidas, la luz irradiando en todas las cumbres, el auxilio para todas las miserias y la promulgación de todos los principios, lo hizo la Convención llevando en sus entrañas una hidra, Vendea, y llevando en sus espaldas, ese montón de tigres, los reyes.

WIKIPEDIA

Todo el saber universal a tu alcance en mi enciclopedia mundial: Pinciopedia