Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma
Catalina en Abismos de pasión de Luis Buñuel

INCIPIT 337. NOTICIAS DEL EXTRANJERO / ALBERTO MANGUEL

Desde su ventana podía ver la playa que estaba más abajo, pero alcanzarla parecía imposible, como si el mar y la arena y las piedras fueran parte de una postal. Era impensable dejarse caer como un pájaro, como el corazón de una manzana; en cambio, tendría que regresar a la casa, entrar en la fresca oscuridad del vestíbulo. Primero debería pasar al Iado de la habitación  de sus padres; luego caminar ligeramente para evitar el crujido de las tablas de la escalera de madera; después cuidarse de la sala de estar, donde Monsieur Clive se encontraría leyendo; por fin, pasar de largo, corriendo, la cocina y a Rebeca, la mucama.
Pero quizás tendría suerte. Quizás Rebeca estaría hablando con alguien y habría cerrado la puerta de la cocina. Quizás sus padres habrían salido. Quizás Monsieur Clive estaría dormido. La habitación de sus padres parecía vacía. Echó una mirada a la gran mecedora de su madre, con los brazos en jarras, y luego, en un rincón, al vestidor de roble de su padre. Durante un momento se sintió a salvo. Bajó de puntillas la escalera, sujetándose en la fría barandilla.
-Bonjour. Ven a darme el beso de buenos días.

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