Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 758. LA PRIMERA EDUCACION SENTIMENTAL / FLAUBERT


Una mañana de octubre, el protagonista de este libro llegó a París con un corazón de dieciocho años y un título de bachillerato en letras.
Penetró en dicha capital del mundo civilizado por la puerta Saint-Denis, pudiendo admirar su bella arquitectura; por las calles, vio coches de estiércol tirados por un caballo y un asno, carretas de panadero tiradas a brazo de hombre, lecheras vendiendo leche, porteras barriendo la calle. Entre todos organizaban un escándalo considerable. Nuestro hombre, arrimada la cabeza a la portezuela de la diligencia, contemplaba a los viandantes y leía los rótulos.

Cuando, apenas apearse del coche, abonar su billete, dejar que el empleado de impuestos indirectos registrara sus bultos, elegir un mozo y decidir por fin un hotel, se encontró de repente en un cuarto vacío y desconocido, se sentó en un sillón y se puso a meditar, en vez de abrir sus baúles y lavarse la cara.

EPILOGO

Mauricio o las elecciones primarias, Eduardo Mendoza, p. 365
 Mitologías de civilizaciones tan remotas e incomunicadas como Mesopotamia y la América Central, dan por cierta la presencia fugaz sobre la tierra de una raza de gigantes o titanes engendrados en el pecado, por lo que la perversidad era consustancial a su naturaleza y se veían inclinados al mal y a la violencia. Las mitologías coinciden también en que fueron estos seres de origen tenebroso y destino trágico quienes enseñaron a los hombres las cosas que habían de permitirles dominar el mundo: el fuego, la agricultura, la escritura, la medicina, la adivinación y los horóscopos, la técnica de trabajar los metales y fundir estatuas, de donde saldrían los ídolos, y la fabricación y el manejo de las armas. No hay acuerdo sobre si estas aportaciones fueron buenas o malas o si los hombres habrían podido sobrevivir sin ellas. Sí hay acuerdo sobre el fin de esta raza: con las armas de que ellos mismos se habían dotado, lucharon entre sí hasta acabar los unos con los otros sin excepción. En algunas versiones, sus huesos amontonados son el origen de las montañas. Otra versión menciona como de soslayo un grupo reducido de individuos, que a veces son ángeles y a veces hombres, dedicado a llorar su recuerdo por toda la eternidad, inútilmente.

PROLOGO

Mauricio o las elecciones primarias, Eduardo Mendoza, p. 9
Según los teólogos, los ángeles no son eternos. Sólo Dios es eterno, y Él creó los ángeles en un momento de la eternidad, anterior a la existencia del tiempo. En consecuencia, y aunque de hecho los ángeles son inmortales, nada garantiza que hayan de existir eternamente, salvo la voluntad de Dios. En cualquier momento Dios podría eliminar a uno, o a varios, o a todos, con causa o sin ella. Los teólogos afirman que tal cosa es improbable y que no ha ocurrido nunca. Sólo una leyenda poco fiable, seguramente derivada de un error de traducción, refiere el caso excepcional de Rahab. Rahab era el ángel tutelar de Egipto cuando el pueblo judío, guiado por Moisés, emprendió el éxodo hacia la Tierra Prometida. Aun sabiendo que Jehová estaba aliado de Moisés y del pueblo elegido y que, por consiguiente, llevaba todas las de perder, Rahab se negó a abandonar a quienes habían sido confiados a su protección, y en el desastroso episodio del Mar Rojo, pereció en el ejército del Faraón.

MEXICO LINDO

Palabras mayores: nueva narrativa mexicana, p.134.135
Los primeros reportes de actividad aeronáutica irregular detectada sobre los municipios del Sotavento (Veracruz, Boca del Río, Alvarado y Tlalixcoyan, principalmente) datan de 1989. Los habitantes de este paisaje agreste, ganaderos y campesinos, estaban ya habituados a la presencia de las luces nocturnas. Los más viejos las llamaban «brujas»; los más informados, avionetas. Incluso conocían el lugar en donde aquellas luces descendían: una brecha bordeada de matorrales y alimañas usada por el Ejército como pista de aterrizaje natural. Lo llamaban rancho La Víbora.
En esa planicie natural rodeada de esteros, era común para los habitantes de Tlalixcoyan percatarse de la presencia de soldados. La  pista de La Víbora era usada por las fuerzas armadas para realizar maniobras especiales. Por ello a nadie le extrañó que, a finales de octubre de 1991, llegaran cuadrillas de soldados a tusar la maleza baja del llano a golpes de machete y librar la pista de obstáculos. Una semana después, la mañana del7 de noviembre de   ese mismo año de 1991, el Ejército, la Policía Federal y una avioneta Cessna de origen colombiano se vieron envueltos en un sangriento escándalo que apenas logró burlar el apretado cerco de censura del gobierno: integrantes del 13° Batallón de Infantería abrieron fuego contra un grupo de agentes federales antes de que éstos pudieron aprehender a los tripulantes de la avioneta colombiana detectada desde las costas de Nicaragua por el Servicio de Aduanas estadounidense. La avioneta Cessna, supuestamente tripulada por traficantes colombianos, aterrizó sobre el llano La Víbora a las 6:50 de la mañana, seguida del King Air de los federales. Los tripulantes de la avioneta, hombre y mujer, abandonaron un cargamento de 355 kilos de cocaína en costales y desaparecieron en el monte mientras que los soldados dellJ. Batallón de Infantería, apostados en dos columnas a lo largo de la pista, abrieron fuego contra los agentes federales hasta «neutralizarlos».

De aquel suceso recuerdo dos fotos que aparecieron en el periódico local Notiver. En una de ellas, siete hombres yacían en hilera sobre el pasto, bocabajo. Eran los agentes acribillados por el ejérci to. Cinco de ellos vestían de oscuro y los otros dos iban de paisano, y aunque portaban chamarras negras, sucias de tierra y zacate, ninguno llevaba zapatos. La segunda fotografía mostraba a un sujeto sentado en el suelo, con el cañón de un fusil apuntándole al rostro. El hombre, que portaba las siglas de la PGR en el pecho, miraba di recto hacia la lente. Sus labios, congelados a mitad de un espasmo, dejaban entrever una lengua hinchada: era el único federal sobreviviente de la masacre.

EDUCACION SENTIMENTAL

La primera Eucación sentimental, Flaubert, p. 202
Despojado tempranamente de ilusiones y creyendo aún en ellas, privado de placeres estruendosos y hastiado de soñar distracciones apacibles, un buen día dio en compadecerse de sí mismo y de cuanto rodeaba su vida, quiso salir por fin de la invisible cárcel en la que giraba sobre sí mismo, cual oso en su jaula. Como estaba cansado del pensamiento o de lo que   imaginaba como tal, le apeteció la acción. Así, casto, quiso de repente el placer: nacido burgués, deseó la riqueza: creado por el cielo manso como un cordero, se prendó del sonido de los clarines y meditó el choque de los ejércitos. Amó, pues, todas las pasiones, requirió para sí todos los apetitos, todas las aspiraciones, todas las ansias; no tardaron éstas en llegar una tras otra, cual yeguas salvajes que galopan a sus anchas, relinchando y crines al viento, a la vasta llanura de su corazón.
Al principio fue el dinero. Lo amó como un pródigo y como un ladrón, para poseer extensos céspedes sombreados por robles seculares, bosques donde retozaran por el musgo los corzos, un palacio con peristilo de mármol, con estatuas antiguas y una galería de viejos cuadros, un cálido invernadero donde crecen las palmeras en plena tierra, donde es posible oler áloes y cactus, comer desconocidas frutas, tocar insólitos follajes; para tener un semental negro, con un cordón dorado en la boca y una piel de león en la grupa, montado por un negro atlético, con chaqueta de seda negra con cierre de plata, desnudos brazos y piernas, formas magníficas y briosa planta: para tener un montón de criados bien cebados, que se apiñaran en la antecámara y le escanciasen mientras comiese; para trastocar días y noches, tomar helado en verano, frutas en invierno, calentarse con caoba, lavarse los pies con kirsch, llevar una vida insolente y desdeñosa, sentirse adorado por la chusma y aborrecido por los burgueses, alimentar a una multitud de bribones y deslumbrar a una masa de imbéciles. Le hubiera gustado caminar por una mina de oro, para notar, en las entrañas de la tierra, las cálidas exhalaciones de los metales.

Pero se le olvidó ganarlo, demasiado ocupado en soñar con él. 

FRANCISCO DE HERRERA EL VIEJO

Eres como eres / Melania Mazzucco, p. 152
El cuadro tenía como título San José con el Niño Jesús. Pero el hombre allí representado, que vestía una blusa azul índigo, envuelto en un suave manto amarillo, no tenía nada que hiciera pensar en San José. Ni tampoco el niño -retratado con naturalidad- tenía nada de divino, y de no haber tenido entre sus pequeñas manos una corona de espinas, Giose nunca habría adivinado que se trataba de Jesús. Es más, inicialmente incluso lo tomó por una niña, porque llevaba una blusita rosada. Ninguno de los dos tenía aureola alguna. Para él sólo se trataba de un padre, aún joven, que no llegaría a los cuarenta, con el pelo largo y la barba oscura, junto a su hijo, con el pelo rizado y rubio. No se parecían. No tenían la misma sangre. Estaban sentados sobre una piedra, en el límite del bosque, entre los árboles. El padre sujetaba a su hijo del brazo, con dulzura. El amor que sentía por el niño emanaba una especie de luz, un halo dorado que los iluminaba a los dos. Ese sentimiento era visible. Visible como la firma del  pintor. Y la fecha, que pintada sobre la piedra resaltaba en la tela: 1645.

La leyenda del cuadro rezaba: Francisco de Herrera el Viejo (1590-1656). Pero el nombre del pintor en esa época no le decía nada. Enseguida Giose quiso saberlo todo acerca de él. Herrera había tenido la desgracia de trabajar en el Siglo de Oro de la pintura española; y durante su vida, y después de su muerte, se vio eclipsado por la sombra de Velázquez, Zurbarán, Murillo, Ribera. Tal vez no sólo fuera porque tenía menos talento que ellos. Era un tipo impulsivo, violento e irascible. Conoció la gloria y la deshonra; incluso fue condenado por falsificación de moneda. Quienes le encargaban las obras de cuando en cuando las rechazaban, y luego dejaron de pedírselas, obligándolo a emigrar desde su Andalucía hacia la capital, donde, de todos modos, tampoco encontró su sitio. Pero, o justo por eso mismo, era también un artista libre, que quería pintar únicamente a su manera. Su pintura era contradictoria, como él  mismo. Podía pasar del naturalismo más brutal al sentimentalismo más lánguido. Era un maestro intransigente, pero sabía cómo enseñar.

INCIPIT 578. ESA PUTA TAN DISTINGUIDA / JUAN MARSE



1) Ahí va, señorita. Lo Toma o lo deja. Yo solo respondo por escrito.
2) Porque siempre he confiado más en la escritura que en el blablablá.
3) Hijo adoptivo y de incierto origen biológico.
4) Habría preferido nacer en otra época, en otro país, con ojos azules y un hoyuelo en la barbilla.
5) No perdamos el tiempo con bobadas. No milito bajo ninguna bandera. Decía Flaubert que todas están llenas de sangre y de mierda y que ya va siendo hora de acabar con ellas.

6) Soy algo más que laico, soy decididamente anticlerical. Mientras la Iglesia católica no pida perdón por su complicidad con la dictadura franquista, declararme anticlerical es lo menos que puedo hacer. Disfruto de una saludable clerofobia desde la más tierna adolescencia.

EL PROCESO

Mauricio o las elecciones primarias, Juan Villoro, p, 53
-Precisamente. El partido socialista es el partido de los fracasados y los zascandiles como nosotros. Primero quisimos hacer la revolución y al final nos hemos quedado con el Estado del bienestar. Yo voto socialista, por supuesto; los demás son peores. Incluso es posible que el PSOE vuelva a ganar. Pero como ganará por el voto de los inútiles, lo seguirá haciendo fatal y durará poco. Bebió un sorbo de cerveza y continuó: El partido socialista se basa en la falta de ideales. Ni la santa tradición ni la revolución permanente. Sólo gestión y distribución. Poco estimulante, salvo que sea novedoso, como en España. Todo nos parece bien comparado con lo que hemos tenido. Pero cuando nos acostumbremos, veremos que detrás de la práctica diaria no hay nada. Peor aún: le veremos las interioridades al partido y no nos gustarán. Un gobierno sin ideología ha de mantener un nivel muy alto de eficiencia y de honradez, y eso no está al alcance de nadie. En cuanto hayan puesto la casa en orden y la gente vea que poco o nada cambia, vendrán las viejas retóricas y los harán a un lado. Embarcarse con ellos es ir de cabeza al fracaso. Esto por lo que se refiere a los socialistas en general. Aquí el panorama es aún peor. Cataluña es ingobernable. Durante siglos hemos funcionado a nuestro aire, sin estamento político, y no estamos preparados para encajar en una estructura de poder. Estamos acostumbrados a vivir en la periferia de un Estado incompetente y a sobrevivir a base de pactos secretos, acuerdos tácitos y chanchullos disimulados, bajo el velo de un  nacionalismo sentimental, autocompasivo y autocomplaciente. En Cataluña la política es un circo de pulgas para un público embrutecido por el fútbol y el virolai. Jordi Pujol entiende la situación y por eso gana y volverá a ganar. Su partido no es tal partido, sino una asociación de hombres de negocios que dirigen el país como lo que es: un negocio.

LA FE

El testigo, Juan Villoro, p. 273
-¿Se ha preguntado por qué Jesús resucitó ante unos cuantos? Si lo hubiera hecho ante todos, en forma categórica, no habría dudas del prodigio. Escogió a unos cuantos testigos. ¿Por qué?
-Supongo que me lo va a decir.
-Me interesa mucho la idea del dios oculto. Jesús no se hace evidente, no para todos, así convierte la fe en algo especulativo: «Bienaventurados los que creen sin haber visto.» Ese ocultamiemo es lo que da fuerza a la libertad de creer; ante la falta de una certeza absoluta, podemos tener fe o no tenerla, debemos elegir. Seda muy fácil creer lo obvio.
-0 vivir sin todas esas complicaciones.

-Tiene razón. La fe es un problema voluntario. Nuestro Ramón estaría de acuerdo. No sé hasta qué punto llegó a reflexionar en esto, pero ya Dostoievski había tratado el tema con una claridad canija. Seria muy aburrido tener fe en un mundo resuelto; el enigma de la creación es que no ha terminado, somos parte del borrador y tenemos que decidir; a veces la aceptación piadosa y la libertad se oponen; fue lo que el poeta experimentó de manera ejemplar. ¿Qué sentido tiene estar aquí? ¡Acaban de matarle a un amigo, don Julio! La creación no está saliendo muy bien, que digamos, y le voy a decir otra cosa: tengo miedo de que Félix Rovirosa la empeore otro poquito. Cuando él me habla de revelar misterios en horario triple A, recuerdo las bondades del dios oculto. ¿Qué le parece esta prédica de banqueta?

TV

El testigo, Juan Villoro, p. 451
Estoy asombrado de la irrealidad a la que se llega en televisión, tal vez eso sea lo bueno. Tengo una teoría: la televisión no pertenece a la cultura sino a la neurología; estimula un enlace de neurocircuitos que te permite ver en estado de zombi, suspendiendo el juicio. Y no sólo eso, también los que están dentro de la pantalla se encuentran alterados; el efecto de las cámaras produce una especie de trance, como el aura luminosa que ven los afectados de jaquecas y que tantas veces se confundió con las apariciones religiosas. Las personas se vacían de sí mismas, sin pudor alguno, porque eso no las compromete; es como si no fueran ellas. Ayer me pidieron un comentario sobre el inicio del rodaje para un documental que seguirá toda la telenovela. No sabes la de zarandajas que dije, migajas tontas como las que ahora escupo, pero eso sí, hablé en tono de Zeus tonante, un obispo ebrio de colonche, una abadesa en su empacho de mejor merengue, un gentleman en combate, alguna vez los hubo, no lo dudes, lucí mi corbata de guerra. Hazme el favor, ¡un hacendado con corbata! Estaba como en éxtasis, vaciándome sin ser yo, dichoso como lagartija en tumba ajena, una droga, sobrino; ya necesito volver a declarar para calmarme.

ECFRASIS

Esa puta tan distinguida, Juan Marsé, 56-57
Pero de pronto, cuando más provocativa está resultando la actuación silente de la bella, más explícita su sonrisa y más insinuante el contoneo de su cuerpo enfundado en el vestido negro de satén, cuando abre los brazos en un gesto amplio y fogoso de posesión que alcanza a la totalidad del público del casino y también del cine, un abrazo amoroso que llegará con el tiempo a los más remotos rincones del ancho mundo y alcanzará a futuras generaciones de rendidos admiradores, cuando ya el cuerpo filmado en rutilante blanco y negro se ha convertido en puro sexo bajo la luz de los focos, y ella, con maliciosa lentitud, se quita del brazo el largo guante y lo agita en el aire haciendo molinetes, entonces la imagen se congela y brota súbitamente en torno a su deslumbrante cabellera una tímida constelación de manchas grises y marrones, como un sarpullido o como pequeñas burbujas de un ácido corrosivo. La bella aún ha tenido tiempo de arrojar el guante al público del casino que la aclama, y también el collar que alegremente se arranca del cuello; incluso ha podido iniciar, con pícara parsimonia, el gesto de bajar la cremallera en el costado de su vestido, pero poco más puede hacer antes de quedarse fijada y a merced de la corrosión del celuloide que la rodea y avanza imparable. Al principio son manchas difusas, pequeñas mariposas de luz que revolotean alternando su posición, como si no acabaran de decidirse a permanecer, algunas se funden al instante como pompas de jabón y otras se expanden y se ennegrecen como manchones de tinta, hasta que la mancha más grande y activa gana rápidamente terreno y empieza a absorber a las demás y a todo lo que encuentra a su paso, primero la cabellera de reflejos cobrizos, que una luz soñada iluminaba por detrás de la cabeza, y enseguida la cara hermosa, borrando de paso el fulgor de la sonrisa y los ojos alegres, después los hombros de seda y acto seguido los pechos, las ondulantes caderas y la mano tocando ya la cremallera, anunciando el inmediato desnudo. La imagen congelada se desvanece por fin totalmente, se encienden las luces de la sala y arrecian los silbidos y las protestas del público.

INCIPIT 577. LA GEOMETRIA DEL AMOR / JOHN CHEEVER

Somos una familia que siempre estuvo espiritualmente muy unida. Nuestro padre se ahogó en un accidente marino cuando éramos pequeños y nuestra madre siempre destacó el hecho de que nuestras relaciones de familia tienen una suerte de permanencia que nunca volveremos a encontrar. No pienso mucho en la familia, pero cuando recuerdo a sus miembros y la costa en que vivían y la sal marina que según creo fluye por nuestras venas, me alegro de recordar que  soy un Pommeroy (que tengo la nariz, el color de la piel y la promesa de la longevidad) y que si bien no somos una familia distinguida, cuando nos reunimos compartimos la ilusión de que los Pommeroy son únicos. No digo esto porque me interese en la historia de la familia o porque este sentimiento de originalidad sea profundo o importante para mi, sino para aclarar la idea de que nos guardamos mutua lealtad a pesar de nuestras diferencias, y de que cualquier acto que implique faltar a esta lealtad es fuente de confusión y dolor.

Somos cuatro hijos; mi hermana Diana y los tres hombres, Chaddy, Lawrence y yo. Como ocurre en la mayoria de las familias en que los hijos ya sobrepasaron la veintena, nos hemos separado a causa del trabajo, el matrimonio y la guerra. Helen y yo vivimos en Long Island, con nuestros cuatro hijos. Yo enseño en un colegio secundario y ya pasé la edad en que espero me designen director, pero respeto mi trabajo. Chaddy, que ha prosperado más que el resto, vive en Manhattan con Odette y sus hijos. Mamá vive en Filadelfia, y después de su divorcio Diana ha estado residiendo en Francia, pero en verano vuelve a Estados Unidos para pasar un mes en el Promontorio.

INCIPIT 576. ERES COMO ERES / MELANIA G. MAZZUCCO

EL AÑO CERO
Si me preguntan m qué año nacl, yo contesto. Porque doy por descontado mentir¡ no se espera que las mujeres digan la verdad. Ni tampoco los jóvenes, a menos que ostenten el privilegio de su edad para sacar provecho del mismo. A la juventud se le perdonan de  buena gana el error, la presunción y la valentia. Y yo detesto el determinismo de la biologla. Quien me pregunta, además, tampoco  sabe que considero cada año de mi vida un milagro, y que presumo de ello. Pero contesto a mi manera.
Naci en e l año del caballo, digo. Según el horóscopo chino, lo nacidos bajo el signo del caballo son rebeldes que no soportan las imposiciones, hablan mucho y no timen el sentido del  tiempo. Les gusta viajar, la crin al viento. Yo también tengo crin, y también el carácter imprevisible y la impaciencia equina, y todo lo demás. Pero me gustarla poseer la genial estupidez del caballo de carreras, sobre la que mi abuela fabula, la capacidad irresistible de apuntar hacia la meta.

Otras veces digo: nacl en el año de la unión monetaria. Porque me siento ciudadana de este viejo continente, aunque abriera los ojos en otra parte del mundo. Es el año en que se hizo realidad un sueño que siempre habla parecido una utopia de locos hasta poco tiempo antes. Y además me siento nueva, como Europa, y llamada a construir un mundo diferente al que me ha precedido.

DEL AMOR

Rock Springs, Richard Ford, p. 74
Pero yo ahora sabía cómo llega uno a ser un delincuente en este mundo, cómo lo pierde todo. De alguna manera, quién sabe por qué, tus decisiones un día dan un vuelco y pierdes tu dominio de las cosas. Y un día te despiertas y te encuentras en la situación en la que juraste que jamás te encontradas, y ya no sabes qué es para ti lo más importante en este mundo. Y después de eso, todo ha acabado. Y yo no queda que a mí me sucediera; jamás pensé, de hecho, en la posibilidad de que llegara a sucederme. Sabía el significado del amor. El amor era no crear problemas, no ponerse en situación de creados. Era no dejar a una mujer porque se ha puesto el pensamiento en otra. Era no llegar nunca a estar donde se juró que nunca se estada. Y no era vivir aislado, estar solo. Eso nunca. Nunca.

DEL DIVORCIO

Rock Springs, Richard Ford, p. 54
Mientras caminaba hacia la escuela. pensé que mi vida habia dado un vuelco repentino, y que era posible que durante un tiempo -quizá largo- no supiera exactamente la naturaleza o el sentido de tal vuelco. Era posible incluso que jamás llegara a saberlo. Era una de esas cosas que pasan -lo sabía-, y a mí me había pasado así y en aquel momento. Y mientras subía por la calle en la fría tarde de Great Falls, fui haciéndome estas preguntas. ¿Por qué no permitía mi padre que mi madre volviera? ¿Por qué quiso Woody quedarse conmigo allí fuera, en la noche fría~ con riesgo de perder la vida? ¿Por qué tuvo que decir que mi madre había estado casada otra vez, si no era cierto? Y, en cuanto a mi madre, ¿por qué decidió hacer lo que hizo? Cinco años después mi padre se fue a Ely, Nevada, a romper la huelga del petróleo, y encontró una muerte fortuita. Y en los años transcurridos desde entonces he ido viendo a mi madre de cuando en cuando, en un lugar u otro con un hombre u otro, y puedo decir que, como mínimo, nos conocemos el uno al otro. Pero nunca he sabido la respuesta a esas preguntas, jamás le he pedido a nadie que me diera su respuesta. Aunque probablemente la respuesta es simple: es la vida baja, cierta frialdad que hay en todos nosotros, cierto desamparo que hace que no entendamos bien la vida cuando en rigor la vida es pura y simple, que hace que nuestra  existencia sea como una frontera entre dos nadas, y que nos hace ser idénticos a animales que se cruzan en el camino: vigilantes, implacables, carentes de paciencia y de deseo.
En la imagen Aprés Balthus

VIVA LA REPUBLICA

Al presidente de la Liga de Escritores Americanos
Con la máxima sinceridad deseo dejar constancia pública de que me opongo irrevocablemente a Franco y al fascismo, a todas las violaciones del gobierno legal y a los ultrajes contra el pueblo de la España Republicana.
William Faulkner

INCIPIT 575. ROCK SPRINGS / RICHARD FORD

Edna y yo salimos de Kalispell camino de Tampa-St. Pete, donde todavía me quedaban algunos amigos de los buenos tiempos, gente que jamás me entregada a la policía. Me las había arreglado para tener algunos roces con la ley en Kalispell, todo por culpa de unos cheques sin fondos, que en Montana son delito penado con la cárcel. Y o sabía que a Edna le rondaba la cabeza la idea de dejarme, porque no era la primera vez en mi vida que tenía líos con la justicia. Edna también había tenido sus problemas, la pérdida de sus hijos y evitar día tras día que Danny, su ex marido, se colara en su casa y se lo llevara todo mientras ella trabajaba, que era el verdadero motivo por el cual me fui a vivir con ella al principio; eso y la necesidad de darle a mi hija Cheryl una vida algo mejor.

No sé muy bien qué había entre Edna y yo; tal vez eran unas corrientes confluyentes las que nos habían hecho acabar varados en la misma playa. Aunque -como sé muy bien- a veces el amor se construye sobre cimientos aún más frágiles. Y cuando aquella tarde entré en casa, me limité a preguntarle si queda venirse a Florida conmigo y dejarlo todo tal como estaba, y ella me dijo: “¿Por qué no? Tampoco tengo la agenda tan llena.»

INCIPIT 574. MAURICIO O LAS ELECCIONES PRIMARIAS / EDUARDO MENDOZA

Según los teólogos, los ángeles no son eternos. Sólo Dios es eterno, y El creó los ángeles en un momento de la eternidad, anterior a la existencia del tiempo. En consecuencia, y aunque de hecho los ángeles son inmortales, nada garantiza que hayan de existir eternamente, salvo la voluntad de Dios. En cualquier momento Dios podría eliminar a uno, o a varios, o a todos, con causa o sin ella. Los teólogos afirman que tal cosa es improbable y que no ha ocurrido nunca. Sólo una leyenda poco fiable, seguramente derivada de un error de traducción, refiere el caso excepcional de Rahab. Rahab era el ángel tutelar de Egipto cuando el pueblo judío, guiado por Moisés, emprendió el éxodo hacia la Tierra Prometida. Aun sabiendo que Jehová estaba aliado de Moisés y del pueblo elegido y que, por consiguiente, llevaba todas las de perder, Rahab se negó a abandonar a quienes habían sido confiados a su protección, y en el desastroso episodio del Mar Rojo, pereció en el ejército del Faraón.

INCIPIT 573. VINELAND / THOMAS PYNCHON

Una mañana de verano de 1984, máis tarde de lo habitual, Zoyd Wheeler se despertó flotando entre rayos de sol que atravesaban una higuera trepadora colgada de la ventana, mientras un escuadrón de arrendajos azules caminaba ruidosamente sobre el tejado. En su sueño, los arrendajos eran palomas mensajeras de algún lugar lejano, allende el océano, que aterrizaban y despegaban de nuevo una por una, todas ellas con un mensaje para él y una vibración de luz en las alas, pero no podía alcanzar a tiempo a ninguna. Comprendió que era otro poderoso empujón de fuerzas invisibles, relacionado, casi con seguridad, con la carta que había llegado con su último cheque por discapacitado mental, recordándole que si no hacía alguna locura en público antes de una fecha para la que ya faltaba menos de una semana, perdería el derecho a percibir prestaciones. Se levantó de la cama gimiendo. En algún lugar indeterminado, al pie de la colina, se afanaban martillos y sierras, y en la radio de algún camión sonaba música popular americana. A Zoyd se le habían acabado los pitillos.
En la mesa de la cocina, al lado de la caja de ChocoDrácula, que resultó estar vacía, encontró una nota de Prairie. «Papá, me han vuelto a cambiar el tumo, así que me fui con Thapsia. Tienes una llamada del Canal 86, dijeron que urgente, les dije que trataran ellos de  despertarte. De todas formas te quiero, Prairie.»
-Me temo que tendrán que ser Froot Loops otra vez -murmuró, hablando  a la nota. Con suficiente Nesquick encima no eran tan malos, y varios ceniceros rindieron media docena de colillas fumables. Después de demorarse cuanto pudo en el cuarto de baño, se decidió  finalmente a localizar el teléfono y llamar a la emisora local de televisión para recitarles el comunicado de prensa de ese año. Pero «será mejor que pregunte, señor Wheeler. Nos dicen que le han cambiado la hora».
-¿Preguntar a quién, el que lo hace soy yo, no?
-Nos han dicho que vayamos todos al Cucumber Lounge. 
-Pues yo no pienso ir, estaré en el Log Jam de Del Norte. –iQué demonio les pasaba? Zoyd llevaba semanas planeando el asunto.

INCIPIT 572. MAMA / JOYCE CAROL OATES

día de la madre
Nueve de mayo de 2004. Uno de esos días de primavera contradictorios: muy soleados pero no muy cálidos. Soplaban ráfagas de viento procedentes del lago Ontario en breves y fuertes rachas a modo de ataques relámpago. Un cielo de aspecto duro como baldosas azules. Aquel olor a hierba húmeda que desprendían los céspedes delanteros perfectamente rectangulares de Deer Creek Drive.  A lo largo de toda la calle había grupos de lilas en flor. De vivo y reluciente color morado, pinceladas de pintura azul lavanda.
En el 43 de Deer Creek, la casa de mis padres, en la que mamá vivía sola ahora que papá había muerto, había demasiados vehículos aparcados en la entrada y junto al bordillo. El Land Rover de mi cuñado, el viejo Caddie negro de mi tía Tabitha, que parece un coche fúnebre; éstos eran previsibles, pero había otros, entre los que se encontraba un coche deportivo de color rojo carmín muy pegado al suelo que tenía forma de fúsil.
¿A quién conocía mamá que condujera semejante coche?
Al diablo si quería conocerle. (Tenía que ser un él por supuesto.)

Mi madre siempre me estaba presentando a “solteros disponibles”. Desde que yo estaba liada con un hombre no disponible. Era muy propio de mamá invitar a personas ajenas a la familia el día de la Madre. Era muy propio de mamá invitar a su casa a personas que eran prácticamente extraños.

FLORERO BLANCO

El testigo, Juan Villoro, p. 260
Julio se apartó hacia un florero con un ramo blanco, de olor turbador, orgánico, casi sexual. Ramón se fue sin saber quién disponía de su vida. Quizá ese instante de conocimiento hubiera sido una forma de venganza; el asesino sabría que el último rostro que vieron los ojos de Ramón fue el suyo; ese acto de presencia podía dañar a su verdugo. Julio recordó algo que oyó de niño en Los Cominos: los asesinados por la espalda quedaban condenados a vagar como fantasmas; sólo vivían su muerte verdadera hasta aparecerse frente a su asesino

CRISTEROS

El testigo, Juan Villoro, p. 233
Entre las fotos de los cristeros, le sorprendió una en que se fusilaban relojes para detener el tiempo de la historia. El pueblo en armas de Cristo Rey fue dueño de su tiempo por tres años. Luego desapareció de la memoria oficial. Seguramente, la vocación de martirio facilitó la derrota. Julio leyó en la carta de un combatiente: «¡Qué fácil está el cielo ahora!11 Una fra.se celebratoria, escrita por alguien más dispuesto a morir que a luchar. La vida ultraterrena era recompensa suficiente.
En un país de caudillos, a los cristeros les faltaron jefes. Aunque algunos sacerdotes fueron comandantes decisivos y se contrató a Gorostieta para definir la táctica militar, en esencia no hubo otro líder que Cristo. Costaba trabajo describir esa rebelión sin mayor estrategia que las tropas articuladas por el repicar de los campanarios.

En otra carta leyó que un batallón no se preocupaba de no haber comulgado porque muy pronto recibiría el bautizo de la sangre. La felicidad de la muerte o su conversión en hecho sacramental resultaban intolerables para Julio. Se senda revisando testimonios talibanes después del 11 de septiembre. Al mismo tiempo, no podía ser indiferente ante la veracidad del sufrimiento, la inocencia de esas voces, la pureza y la severa necesidad de su fe. En el país derrotado por esa guerra surgió el PAN, la opción política de los católicos, que sin embargo ya era difícil asociar con los cristeros.

PETRUS CHRISTUS

Nada que temer, Julian Barnes, p. 72
¿Tiene importancia que saquemos la religión fuera del arte religioso, que la reduzcamos a la categoría estética de simples colores, estructuras, sonidos, y cuyo significado esencial es tan lejano como un recuerdo de la infancia? ¿O es una pregunta ociosa, puesto que no tenemos alternativa? Fingir creencias que no profesas durante el Réquiem de Mozart es como fingir que te parecen graciosos los chistes de cuernos de Shakespeare (aunque algunos espectadores siguen riéndose sin parar). Hace unos años yo estaba en la galería de arte municipal de Birmingham. En una esquina, dentro de una vitrina, hay un cuadro pequeño e intenso de Petrus Chrístus en el que Cristo muestra sus heridas: con el índice y el pulgar extendidos indica el lugar traspasado por la lanza; hasta nos invita a medir el corte. Su corona de espinas se ha convertido en una dorada aureola de gloria, como de azúcar hilada. Dos santos le escoltan,  uno con un lirio y el otro con una espada, y retiran las cortinas verdes de terciopelo de un proscenio extrañamente doméstico. Cuando yo retrocedía después de mi inspección, advertí que un padre y un niño con chándal corrían hacia mí a un trote vivo de gente que odia el arte. El padre, provisto de mejores zapatillas y mayor resistencia, llevaba un metro o dos de ventaja cuando doblaron la esquina. El chico echó una ojeada a la vitrina y preguntó, con un fuerte   acento de Birmingham: «Papá, ¿por qué ese hombre se agarra el pecho? » El padre, sin reducir la marcha, lanzó un vistazo rápido hacia atrás y una respuesta instantánea: «No sé”

INCIPIT 571. LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER / MILAN KUNDERA

La idea del eterno retorno es misteriosa y con ella Nietzsche dejó perplejos a los demás fIlósofos: i pensar que alguna vez haya de repetirse todo tal como lo hemos vivido ya, y que incluso esa repetición haya de repetirse hasta el infinito¡ ¿Qué quiere decir ese mito  Demencial?
El mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan. No es necesario que los tengamos en cuenta, igual que una guerra entre dos Estados africanos en el siglo catorce que no cambió en nada la faz de la tierra, aunque en ella murieran, en medio de indecibles padecimientos, trescientos mil negros.
¿Cambia en algo la guerra entre dos Estados africanos si se repite incontables veces en un eterno retorno?
Cambia: se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez será irreparable.

Si la Revolución francesa tuviera que repetirse eternamente, la historiografía francesa estaría menos orgullosa de Robespierre. Pero dado que habla de algo que ya no volverá a ocurrir, los años sangrientos se convierten en meras palabras, en teorías, en discusiones, se vuelven más ligeros que una pluma, no dan miedo. 

INCIPIT 570. EL TESTIGO / JUAN VILLORO

l. LOS GUAJOLOTES
Le gustó que le tocara el cuarto 33. A ese hotel no había llegado la pretensión de que el cuarto 33 fuera el 303. Además, Ramón López Velarde había muerto a los 33 años y él necesitaba coincidencias. Cualquier dato supersticioso que lo acercara al poeta lo haría sentirse más capacitado. Sabia lo normal acerca de Ramón, lo cual equivalía a nada. Todo mundo sabía todo de él.
En cambio, su propio nombre, escrito en la tarjeta de registro del hotel, le produjo repentina extrañeza: «Julio Valdivieso», leyó en silencio, como si tuviera que cerciorarse de que  regresaba en representación de sí mismo.
No había apoyado el portafolios en el piso (el bellJ-boy aguardaba su propina como una obsecuente estatua) cuando sonó el teléfono:
-¿Qué pues? ¿Ya llegaste? -dijo una voz desconocida.
-¿Quién habla?
-¿Ya no te acuerdas de los cuates? El Vikingo.
-¿Quién?
-Juan Ruiz. En el taller de Orlando Barbosa me decían el Vikingo. Llevo siglos en publicidad. Nadie ha hecho más que yo por el consumo de cuadripollo en Aridoamérica.
«Cocaína», pensó Julio Valdivieso. Siguió escuchando:

-Llegas caído del cielo. Me urge verte. ¿Qué te parece dentro de dos horas? Los Guajolotes está a la vuelta de tu hotel.

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