Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

DROGAS

El rey pálido, DF Wallace, p. 213
No soy la persona más inteligente del mundo pero incluso durante aquel periodo patético y carente de rumbo en el fondo yo sabía que había algo más allá de mi vida y de mí mismo que los simples apetitos psicológicos de placer y vanidad que dejaba que me dominaran. Que existían niveles dentro de mí que no eran ninguna farsa y no eran infantiles, sino profundos, y que no eran abstractos sino mucho más reales en verdad que mi ropa o que la imagen que yo tenía de mí mismo, y que centelleaban de una forma casi sagrada -lo digo en serio, no me estoy limitando a presentarlo de forma más dramática de lo que era en realidad-, y que estas partes más reales y profundas de mí no consistían en impulsos ni en apetitos sino en pura y simple atención y conciencia, que es lo que yo tendría si conseguía permanecer despierto sin las anfetas.

Pero no lo conseguía. Tal como ya he mencionado, después de que se me pasara el efecto ni siquiera solía acordarme de qué era lo que me había parecido tan claro y profundo de las cosas de las que había llegado a ser consciente en aquel sillón verde y barato del anterior inquilino, que alguien había dejado abandonado en la sala de estar al marcharse de la residencia, y que tenía algo roto o doblado en el armazón por debajo de los cojines y se torcía un poco a un lado cuando intentabas reclinarte hacia atrás, de manera que tenías que sentarte en él con la espalda muy recta y erguida, lo cual se hacía tato. Todo el incidente del desdoblamiento quedaba medio emborronado mentalmente a la mañana siguiente, sobre todo si me despertaba tarde -algo bastante habitual, debido a los efectos que tenía sobre el sueño un fármaco que era esencialmente anfetaminas-y más o menos tenía que levantarme pitando e irme corriendo a clase sin ver a nadie ni nada de lo que me rodeaba. En esencia, yo era uno de esos tipos a quienes les aterra llegar tarde pero aun así parece que siempre llegan tarde. Si entraba tarde en una clase, a menudo me pasaba que al principio me sentía demasiado tenso y nervioso para poder seguir lo que estaba pasando. Sé que el miedo a llegar tarde lo he heredado de mi padre. Además, es cierto que a veces la conciencia intensificada y la articulación de mí mismo que comportaban los Obetroles podía ir demasiado lejos: Ahora soy consciente de que soy consciente de estar sentado aquí con la espalda incómodamente recta, ahora soy consciente de estar sintiendo un picor en el costado izquierdo del cuello, ahora soy consciente de estar deliberando sobre si me rasco o no, ahora soy consciente de estar prestando atención a esa deliberación y a la sensación que me produce la ambivalencia sobre el hecho de rascarme y al efecto que están teniendo

EL PEQUEÑO MUNDO DE UN PERRO

El rey pálido, DF Wallace, p. 141
-Nuestra casa estaba fuera de la ciudad, junto a una de las carreteras asfaltadas. Teníamos un perro muy grande que mi padre tenía encadenado en el jardín. Un perro grande que era parte pastor alemán, Yo odiaba aquella cadena, pero no teníamos cerca y estábamos justo al lado de la carretera. Y el perro también odiaba la cadena. Pero tenía dignidad. Lo que hacía era no estirar nunca la cadena del todo. Ni siquiera llegaba al punto en que se tensaba. Aunque el cartero parara el coche delante, o un vendedor. Por pura dignidad, aquel perro fingía que prefería quedarse dentro de la zona que marcaba la longitud de la cadena. No había nada fuera de aquella zona que le interesara. Simplemente tenía cero interés. Así que ni se fijaba en la cadena. No la odiaba. La cadena. Se limitaba a hacerla irrelevante. Tal vez no estuviera  fingiendo, tal vez fuera verdad que había elegido que aquel circulito fuera su pequeño mundo. Tenía poder. Toda su vida era aquella cadena. Me encantaba aquel perro, coño.

¿QUE TE PASA?

De El rey pálido de DFWallace, p. 32-33
-El quinto efecto tiene más que ver contigo y con cómo te perciben los demás. Es poderoso aunque su uso es más restringido. Presta atención, joven. Con la próxima persona adecuada con la que estés teniendo una conversación informal, te detienes de golpe en medio de la   conversación y miras a esa persona de cerca y le dices: «¿Qué te pasa? Se lo dices en tono preocupado. Y él te dirá: ¿A qué te refieres?. Y tú le dices:  Te pasa algo. Lo noto. ¿Qué es?. Y el tipo se quedará estupefacto y dirá: ¿ Cómo lo has sabido?¡ No se da cuenta de que a todo el mundo le pasa algo siempre!. Y a menudo más de una cosa. No sabe que todo el mundo siempre lleva a cuestas algún problema y cree estar ejerciendo un control y una fuerza de voluntad enormes para impedir que lo vean los demás, al tiempo que piensa que a los demás nunca les pasa nada malo. Así es la gente. De repente les preguntas qué les pasa y tanto si responden abriéndote su corazón y contándotelo todo como si lo niegan y fingen que andas desencaminado, pensarán que eres un tipo perceptivo y comprensivo. O bien te estarán  agradecidos y te abrirán su corazón, o bien se quedarán asustados y empezarán a evitarte. Las dos reacciones resultan útiles, tal como ya veremos. Puedes jugarlo de ambas maneras. Esto funciona más del noventa por ciento de las veces. 
(En la imagen DFWallace en Los Simpsons)

INCIPIT 543. FRANCAMENTE, FRANK / RICHARD FORD

Extrañas fragancias lleva en la costa el agitado aire invernal esta mañana, dos semanas antes de Navidad. Balsámicos vapores en un mar sombrío causan expectación en los incautos.
Es, no hay duda, el aroma a reparación y rehabilitación de viviendas a gran escala. Madera recién aserrada, PVC blanco y limpio, el tufulo a lejía del Sakrete, el picor de la silicona, el efluvio dulzón de la tela asfáltica y el alcohol desnaturalizado. La almidonada esencia del Tyvek mezclada con la urdimbre sulfurosa del mar y el hedor proveniente de la bahía de Barnegat. Es el aire del desastre en toda regla. En mi nariz --experta en esas cosas en otro tiempo- nada huele a ruina de forma tan fragante como los primeros intentos de rescate.
Lo noto primero en el semáforo rojo de Hooper Avenue, y luego cuando lleno el depósito de mi Sonata en la Hess, antes de dirigirme al puente hacia Toms Rlver y Sea-Clift. Aquí, entre los intensos olores de la gasolinera, una brisa invernal me agita el pelo mientras los dólares se me van como en una tragaperras bajo las crecientes nubes de diciembre.

INCIPIT 542. LAS DIMENSIONES FINITAS / A.G.PORTA

Si de verdad consideran que puede interesarles esta historia, espero que no les importe que el tono de algunos pasajes, la voz o lo que sea, les recuerde el tono, la voz o lo que sea de una de las novelas más conocidas de la segunda mitad del siglo xx. Les pido que me disculpen por ello, porque la verdad es que en mi vida no he leído más que unas pocas obras y casi todas de ese mismo autor, motivo por el que me gustaría que cuando se lo recuerde no me lo tengan en cuenta. Este relato trata de mi breve relación con alguien a quien conocí en unas circunstancias realmente excepcionales. Por el momento creo que es suficiente información.  Así que dejen que me remita a la época en la que esta historia debería dar comienzo, en septiembre de 2008, a la vuelta del verano, cuando la empresa para la que trabajaba cambió de sede y Jeanine me pidió un respiro, o así fue como lo entendí, porque lo que verdaderamente dijo es que necesitaba tiempo para pasear. Entonces ella se quedó en su piso y yo me mudé a un estudio que tiempo antes había comprado junto a La Maquinista, cuando todavía disfrutaba de cierta capacidad inversora. La Maquinista era por aquel entonces, y sigue siéndolo ahora años más tarde, un moderno centro comercial situado en la frontera de uno de los barrios más antiguos y extremos de Barcelona, y no era, ni es, el mejor de los lugares adonde un consultor de empresas como yo--casi un rookie-podía irse a vivir, aunque tampoco fuera el peor; simplemente se trataba del lugar donde había materializado aquella inversión. Me mudé mientras pensaba en los artículos que venían publicándose en la prensa desde mucho antes del verano y que pronosticaban una crisis económica monumental

EL ASESINATO DE MARILYN

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 940-941
La puta del Presidente era una alcohólica y una drogadicta, de manera que su muerte no sorprendería a nadie en Hollywood y sus alrededores. Sobre su mesilla de noche había un sórdido despliegue de frascos de pastillas, ampollas y un vaso medio lleno de un líquido turbio. junto a la ventana vibraba y zumbaba un pequeño aparato de aire acondicionado ineficaz para purificar el punzante hedor femenino mezclado con polvos de talco y perfume, toallas y sábanas sucias y un penetrante olor a una sustancia química que hacía llorar los ojos del Francotirador; dio gracias por llevar un pasamontañas de tejido tupido, que le protegía la boca y la nariz de ese aire enrarecido.
«El sujeto no ofrecerá resistencia.» Las palabras de R. E, confirmadas.

La mujer estaba desnuda, cubierta por una sábana blanca como si ya estuviese en la camilla del forense. La sábana se adhería a su cuerpo febril, marcando el vientre, las caderas y los pechos de una manera a la vez excitante y repugnante. Debajo de la sábana, ¡las piernas lascivamente abiertas, con una rodilla semiflexionadal Uno de sus pechos, el izquierdo, estaba prácticamente al descubierto. El Francotirador habría querido taparlo. El enmarañado cabello platinado, semejante al de una muñeca y fantasmagóricamente pálido, era casi invisible sobre la almohada. Su piel también era fantasmagóricamente pálida. El Francotirador había visto muchas veces a esta mujer y siempre le había sorprendido la blancura y la antinatural suavidad de esa piel. Y lo que el mundo, con su cobarde servilismo, llamaba belleza. También los grandes pájaros del cielo, las águilas reales y los halcones peregrinos, eran hermosos en vuelo y sin embargo podían reducirse a simple carne para después colgar sus cadáveres de unos postes. Ahora sabes lo que eres. Ahora ves el poder del Francotirador. Los párpados de la mujer temblaron, como si hubiese oído sus pensamientos, pero el Francotirador no tuvo miedo; en semejante estado, «el sujeto, podía abrir los ojos y sin embargo no ver nada, perdida en sus sueños y ajena a todo lo que la rodeaba. Su boca estaba flácida como un tajo cortado en la cara, y los músculos de sus mejillas se movían espasmódicamente, como si  quisiera hablar. De hecho, gimió en voz baja. Tembló. Tenía el brazo izquierdo sobre la frente, enmarcando su cabeza. Exhibiendo una axila cuyos pelos rubios oscuros brillaron a la luz de la linterna, inspirando repugnancia al Francotirador. Sacó una jeringuilla del maletín. Un médico contratado por la Agencia la había preparado con Nembutal líquido. Aunque el Francotirador llevaba guantes, éstos eran de fino látex, como los que usaría un cirujano. Sin prisa alguna, el hombre dio vueltas alrededor de la cama, calculando el mejor ángulo de ataque. Debía ser un ataque rápido y certero tal como le habían ordenado. Lo ideal habría sido sentarse a horcajadas sobre su objetivo, pero no podía arriesgarse a despertarla. Finalmente, se inclinó sobre el lado izquierdo de la mujer inconsciente y mientras ella respiraba hondo, levantando la caja torácica, le hundió la aguja de quince centímetros en el corazón.

MARILYN EN 1941

Blonde: una novela sobre MM, JCOates, p.934
El blanco traje de baño de 1941. «Esa encantadora y estúpida jovencita. Todos la conocíamos, por supuesto. Tenía un traje de baño nuevo, blanco, bonito, de una pieza, con tirantes  cruzados en la parte delantera y la espalda descubierta, y ese monumento de mujer tenía una figura espectacular y una melena ondulada que caía sobre su espalda, pero el traje de baño era de una tela barata y cuando se metió en el agua (sucedió en Will Rogers Beach) se volvió casi transparente, se le veía el vello del pubis y los pezones, pero ella no parecía notarlo mientras corría y chillaba entre las olas, y Bucky se puso rojo de furia y debió de decirle algo porque al final la tranquilizó, le ató una toalla a la cintura y la obligó a ponerse una de sus camisas, que le quedaba tan grande que parecía una tienda de campaña inflada por el viento. Se quedó cohibida y no dijo una sola palabra más durante el resto del día. Aunque nunca lo hacíamos en su cara, nos burlábamos mucho de ella, era una especie de chiste entre nosotros; cuando Bucky y su chica, Norma jeane, no estaban delante, nos reíamos como hienas.

MARILYN Y ARTHUR MILLER

Blonde, una novela sobre Marilyn Monroe, JCOates, p. 792
Miedo escénico. Porque no podía expresar la ira. Porque podía expresar con estilo y sutileza todas las emociones menos la ira. Porque podía expresar el dolor físico, la confusión, el temor, el sufrimiento moral, pero no podía presentarse de manera convincente como instrumento de tales reacciones en otros. No en escena. Su debilidad, el temblor de la voz cuando la alzaba con enfado. En son de queja, encolerizada. ¡Pero no, no podía! Y alguno, situado al fondo del local donde ensayaban (fue en Manhattan, en el New York Ensemble, y ella sin micrófono), gritaba: «Perdona, Marilyn, pero no te oigo.» El hombre que era su amante o que había deseado ser su amante, al igual que todos sus amantes convencido de que sólo él conocía el secreto que resolvería el enigma, la maldición de Monroe, le dijo que como actriz debía aprender a expresar la ira, que ella sería entonces una gran actriz o que al menos tendría una oportunidad para serlo, él guiaría su trabajo, él le elegiría los papeles, la dirigiría, haría de ella una gran actriz de teatro; bromeando y reprendiéndola incluso mientras copulaban (sin dejar de hablar como solía, con lentitud y desconcierto, medio abstraído, más que en el momento del orgasmo, y aun así por poco tiempo, como si fuera un paréntesis) y diciéndole que sabía por qué no era capaz de expresar la ira, ¿lo sabía ella?, y ella negó con la cabeza, y él dijo Porque quieres que te amemos, Marilyn, quieres que el mundo te ame y no te destruya, aunque tú destruirlas el mundo y temes que conozcamos tu secreto, ¿no crees?, y ella huyó de él y amó a su amigo el Dramaturgo, y se casó con el Dramaturgo, que la conoció como Magda y que apenas llegaría a conocerla.
(En la foto el matrimonio acompañado de Yves Montand y Simone Signoret)

MARILYN Y BILLY WILDER

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 794
Se rumoreaba que Marilyn y W “se entendían y habían acabado mal”. Oíamos a W echarle la bronca, no en la cara, sino en la espalda que se alejaba. La llamaba por teléfono al ver que no llegaba pero no conseguía localizarla; a veces se retrasaba cinco horas, seis horas, o no aparecía. Los problemas de espalda de W comenzaron durante el rodaje de Con faldas y a lo loco, con contracturas. Enviaron al ayudante de W a buscarla a la caravana (estábamos entonces en exteriores, en Coronado Beach, para rodar la secuencia de Florida, y allí estaba Sugar Kane totalmente maquillada y con el traje de baño, hacía una hora que estaba lista y nos estaba esperando, de pie, con impaciencia, leyendo un libro que seguramente seria de ciencia ficción, El origen de las especies, y el ayudante de W dijo: «Señorita Monroe, W la espera», y Marilyn, sin mirarlo ni inmutarse, va y le suelta: «Dile a W que le den por el culo.»

Sus comienzos como joven promesa de la pantalla. Monroe era astuta y práctica. Adquiría los muchos fármacos que tomaba (Benzedrina, Dexedrina, Miltown, Dexamyl, Seconal, Nembutal, etcétera) en distintos drugstores de Hollywood y Beverly Hills, del mismo modo que consultaba a diversos médicos, sin que ninguno conociera y ni siquiera sospechara (por lo menos es lo que dirían después de su muerte) los servicios que prestaban los demás. Pero su drugstore favorito, según diría en las entrevistas, sería siempre Schwab's. «Donde Marilyn comenzó a prometer como actriz mientras Richard Widmark le miraba el culo.»

MARILYN Y TONI CURTIS

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 790-791
En el cerrado dormitorio trasero de la casa de Whittier Orive un hombre decía con ternura Norma ya sabes que me preocupo mucho por ti, y ella decía sí lo sé, con la cabeza puesta en Sugar Kane y en la sesión de rodaje del día siguiente, que era una escena de amor entre Sugar Kane y un hombre que (en la película) la adoraba y que interpretaba e, un actor que (en la vida real) había acabado por despreciar a Marilyn Monroe. Su conducta infantil y egoísta, su reiterada incapacidad para llegar al estudio a tiempo Y, una vez allí, su incapacidad para recordar frases, por mezquindad, por estupidez o porque las drogas le estuvieran derritiendo los sesos, obligaban a C y a los demás a repetir las tomas, y se sabía que su propia actuación en la película era cada dia peor, y W. el director, se inclinaría por Monroe en el montaje definitivo, porque la atracción principal de la película era Monroe, la muy guarra. Y por eso la despreciaba C, y en la culminante escena del beso le habría gustado escupir a Sugar Kane en aquella falsa cara de ingenua que tenía. ya que por entonces el simple roce de la legendaria pile de Monroe le revolvía las tripas, y  sería enemigo de Monroe durante toda la vida, ¡y la de cosas que contó de ella después de muerta! Así pues, al día siguiente, delante de las cámaras, aquellos dos tenían que besarse fingiendo pasión e incluso afecto, y el público tenía que creérselo, y era esta perspectiva a la que daba vueltas mientras un hombre le decía con voz suplicante ¿Qué puedo hacer por ti cariño? Por los dos. Recordó con un estremecimiento de culpa que aquel hombre que quería confortarla, aquel hombre adusto, honrado y medio calvo, era su marido. ¿Qué puedo hacer por nosotros, cariño, por los dos, dímelo? Quiso hablar, pero tenía algodón en la boca. 

MARILYN Y AVA

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 815
-Bueno, me ... titubeó la Actriz Rubia-me daría vergüenza hablar así.
La Morena se echó a reír.
-A mí me dan vergüenza muy pocas cosas.
Pero la Actriz Rubia insistió.
-Actuar es una forma de vivir. No sólo por dinero. Es ... bueno, ya lo sabes. Un arte.
La turbaba hablar con tanta vehemencia.
-Tonterías --dijo la Morena-. Actuar no es más que actuar.
Pero quiero ser una gran actriz. Seré una gran actriz.
Compadeciéndola tal vez, al ver su expresión, la Morena cambió de tema y se puso a hablar de los hombres. Graciosos y crueles. De los hombres que conocían las dos, jefazos de los estudios, productores particulares. Actores, directores, guionistas, agentes y escurridizos y fantasmales inquilinos de la cultura marginal. Claro que había follado con Z, «para subir. ¿Quién no?»  también había jodido, hacía años, con «Shinn, aquel judío retaco y sexy», e incluso ahora echaba de menos a l. E. También con Chaplin. Bueno, con Charlie padre y con Charlie hijo. Con Edward G. Robinson padre y con Edward G. Robinson hijo. «A estos dos, a Cass y a Eddy G, también te los tiraste tú, ¿verdad, Norma?» Con Sinatra, con quien había estado casada durante unos cuantos años de inestabilidad. Frankie, a quien había dejado de respetar el día que quiso matarse con somníferos.
-Por amor. Por amor a mí. Llamaron a una ambulancia, no a mí, y lo salvaron. Así se lo dije a él: «So panoli. Toman somníferos las mujeres. Los hombres se ahorcan o se saltan la tapa de los sesos. » Nunca me perdonó, pero a otras mujeres aún las perdonó menos.
La Actriz Rubia habló entre titubeos de lo mucho que admiraba a Sinatra el cantante.

-No es malo -prosiguió la Morena, encogiéndose de hombros--. Si te gustan las ñoñerias blandengues de los blancos americanos. A mí lo que me va es el sonido negro sucio, el jazz, el rock. Frankie era bueno jodiendo. Cuando no estaba borracho o drogado. Era puro nervio. Un esqueleto saltarín con la polla a punto. 

MARILYN Y SU MADRE

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 394
-De todos los enigmas, madre, hay uno que me parece el más incomprensible --dijo con aire pensativo--. Que algunos “existimos”, pero la mayoría, no. Un filósofo griego dijo que no hay nada tan agradable como no existir, pero yo no estoy de acuerdo, ¿y tú? Porque en ese caso estaríamos privados del conocimiento. Hemos conseguido nacer y eso ha de significar algo. ¿Dónde estábamos antes de nacer? Una amiga mía llamada Nell, una actriz que trabaja conmigo en La Productora, dice que se pasa toda la noche en vela, atormentada por esa clase de preguntas. ¿Qué significa nacer? Cuando muramos, ¿todo será igual que antes de que naciéramos? ¿O habrá una nada diferente? Porque quizá entonces conservaríamos el conocimiento. La memoria.
Gladys se removió en la silla, incómoda, pero no respondió.
Gladys, lamiéndose los pálidos labios.
Gladys, la mujer que guardaba secretos.
Fue entonces cuando Norma Jeane se fijó en las manos ajadas de su madre. Fue entonces cuando recordó que, en la sala de visitas del hospital, las había visto enlazadas sobre las rodillas de Gladys, y más tarde hundidas en su regazo. Las manos de la madre cerradas en puños. O abiertas, con los delgados e inquietos dedos acariciándose unos a otros. Las uñas mordidas, rotas, rodeadas de sangre, clavándose las unas en las otras. En ocasiones, las manos de Gladys parecían disputarse el control. Incluso cuando la mujer aparentaba una indiferencia propia de una sonámbula, allí, sobre su regazo, estaba la prueba de su actitud alerta, de su agitación. Las manos son su secreto. ¡Ha revelado su secreto!
La Bella Princesa devolvió a su madre al Pabellón C del Hospital Psiquiátrico de Norwalk para que la cuidaran. La Bella Princesa se enjugó las lágrimas y se despidió de su madre con un beso. Con delicadeza, desató el vaporoso pañuelo negro del cuello de la mujer madura y lo colocó alrededor de su hermoso cuello sin arrugas.

-¡Perdóname, madre! Te quiero.

MARILYN SIN ESTADO

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p.777
Buena parte del tiempo que pasó en el hospital estuvo callada. Yacía con los hinchados ojos entornados, como si flotase un poco por debajo de la superficie del agua. Una misteriosa sustancia le entraba gota a gota en las venas y por las venas le llegaba al corazón. Su respiración era tan superficial que el Dramaturgo no estaba seguro de que respirase en realidad, y si el Dramaturgo daba una ligera cabezada, un velo de un blanco destellante en su cerebro, porque estaba agotado, porque no era joven, porque estaba perdiendo los siete kilos de más que tenia desde que se había casado, despertaba aterrorizado por la posibilidad de que su mujer hubiera dejado de respirar. Le cogía las manos, para garantizarle la vida. Le acariciaba las hinchadas y yertas manos. ¡Pobres manos lastimadas! Viendo con horror que aquellas manos eran más bien pequeñas y de dedos cortos, manos vulgares, con una franja de mugre  bajo las mordisqueadas uñas. Su pelo, su famoso pelo, oscurecido en las raíces, seco, quebradizo y raleante. Le murmuraba con voz queda, como a una niña: “Te amo, queridisima Norma. Te amo”, con la certeza de que ella lo oiría. Ella también lo amaba, y lo perdonaría. Y de repente, al atardecer del tercer día, le sonrió. Le cogió las manos y pareció revivir.
¡El genio del actor! Sacar energía de las indescriptibles profundidades del alma. No podemos abarcarle. No es extraño que te temamos. Estamos en una lejana orilla, alargándote las manos con veneración .

-Volveremos a intentarlo, ¿verdad, papá? las veces que haga falta. -Quien no había abierto la boca durante días se puso a hablar con rapidez. Estuvo enérgica e implacable. Sus ojos de  enferma brillaban. El marido no quería que ella le viese la cara-. No nos rendiremos nunca, ¿verdad, papá? Nunca. ¿Me lo prometes? 

LECCIONES DE SEXO

Blonde, una novela sobre MM, JC Oates, p. 177-178
-Quizá la noche de bodas deberías beber de más --decía Elsie-. No digo que te emborraches, pero sí que te achispes un poco con champán. Por lo general el hombre se pone encima de la mujer y ella está preparada para recibirlo, o debería estarlo. No duele.
Norma Jeane se estremeció. Miraba a Elsie de reojo con gestodesconfiado.
-¿No duele?
-No siempre.
-Ay, tía Elsie. Todo el mundo dice que duele.
-Bueno, a veces --concedió Elsie. Al principio.
-Pero la mujer sangra, ¿no es cierto?
-Si es virgen, tal vez.
-Entonces ha de doler. Elsie suspiró .
-Supongo que eres virgen, ¿no? -Norma Jane asintió con solemnidad y Elsie, violenta, explicó-: Bueno. Tu marido te prepara. Ahí abajo. Entonces te mojas y estás listas. ¿Nunca te ha pasado?
-¿Qué cosa? -preguntó Norma Jeane con voz temblorosa.
-Si has deseado hacer el amor.
Norma Jeane sopesó la cuestión.
-Casi siempre me gusta que me besen y me encanta que me abracen. Como a una muñeca. Aunque entonces la muñeca soy yo.
-Rió como solía hacerlo, con voz aflautada, asustada, chillona-. Si  cierro los ojos, ni siquiera sé quién lo hace. Cuál de ellos es.
-¡Qué cosas dices, Norma Jeane!
-¿Por qué? Sólo son besos y abrazos. ¿Qué importancia tiene quién sea el chico?
Elsie meneó la cabeza, un tanto escandalizada. ¿Qué importancia tenía? Que la condenaran si lo sabía. Pensaba en que Warren la habría matado si hubiera besado a otro hombre, y ¡qué decir si hubiera tenido una aventura! Claro que él le había sido infiel muchas veces y ella había sufrido y se había puesto furiosa, le había dicho lo que pensaba de él, loca de celos, llorando, y él lo había negado todo aunque era evidente que disfrutaba con la reacción de su esposa. Era parte del juego, parte del matrimonio, ¿no? Al menos en la juventud.

-Debes ser fiel a un solo hombre -declaró Elsie con falsa indignación-. «En la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte os separe.» Son cosas de la religión, supongo. Quieren asegurarse de que si tienes hijos, éstos sean de tu marido y no de otro. Te casarás con una ceremonia cristiana. Yo me ocuparé de ello.

INCIPIT 541. CUANDO ERAMOS MAYORES / ANNE TAYLER

Érase una vez una mujer que descubrió que se había convertido en la persona equivocada. Para entonces tenía cincuenta y tres años, y ya era abuela. Una abuela grandota, blandita, con hoyuelos en las mejillas y dos mechones cortos, rubios y resecos que le caían casi horizontalmente, como dos alas, a ambos lados de la raya central. Patas de gallo junto al rabillo de los ojos. Prendas sueltas de colores vivos que acercaban peligrosamente su estilo de vestir al de las vagabundas que arrastran sus pertenencias en grandes bolsas. Pueden darlo por seguro: la mayoría de la gente de su edad diría que ya era demasiado tarde para cambiar. Lo hecho, hecho está, dirían. Para qué intentar modificar las cosas a esas alturas. También Rebecca estuvo a punto de decírselo. Pero no lo dijo.

El día que lo descubrió estaba de merienda campestre en el río North Folk, en el condado de Baltimore. Era un domingo. 

MARILYN EN ESTADO

Blonde, una novela sobre MM, JC Oates, p. 321
Ella, su hija, nacería el día de Año Nuevo de 1950.
En una época de explosiones radiactivas secretas. Fuertes vientos cálidos soplaban sobre las salinas de Nevada. Sobre los desiertos del oeste de Utah, las aves alcanzadas en pleno vuelo caían en picado a la tierra como pájaros de dibujos animados. Antílopes, pumas, coyotes moribundos. Los ojos de las liebres reflejaban terror. En los ranchos de Utah que rodeaban los restringidos campos de pruebas del desierto de Great Salt Lake, morían vacas, caballos, ovejas. Era un tiempo de «pruebas nucleares defensivas». Un tiempo de tragedias y alerta constante. Aunque la guerra había terminado en agosto de 1945 y ya había empezado el añio 1950, una nueva década.
También era la época de los platillos volantes: «objetos voladores no identificados» detectados sobre todo en el cielo del oeste de Estados Unidos. Aunque algunos verían estos artefactos planos y veloces también en el noroeste. Millares de luces parpadeantes, apariciones y desapariciones casi instantáneas. A cualquier hora del día o de la noche, aunque más a menudo de la noche, uno podía divisar alguno al alzar la vista. Los fogonazos podían cegarte y los feroces vientos calientes dejarte sin respiración. Una atmósfera de peligro y al mismo tiempo de profunda trascendencia. Como si el cielo se abriera y nos revelara lo que estaba detrás, oculto hasta el momento.

En el otro extremo del mundo, lejano como la luna, los misteriosos soviéticos hacían detonar sus bombas nucleares. Eran demonios comunistas empeñados en la aniquilación de los cristianos. Era imposible hacer una tregua con ellos, igual que con cualquier demonio. Sólo era cuestión de tiempo -¿meses?, ¿semanas?, ¿días?
En la imagen Eva al desnudo (1950)

INCIPIT 540. EL REY PALIDO / DAVID FOSTER WALLACE

Más allá de las llanuras de franela y de las gráficas de asfalto y de los horizontes inclinados de óxido, y más allá del río de color marrón tabaco resguardado por los árboles llorones y salpicado por las monedas de luz de sol que traspasan sus copas para alcanzar la corriente, hasta el lugar que hay detrás del cortavientos, donde los campos sin cultivar bullen ruidosamente a fuego lento bajo el calor matinal: sorgo, quelite cenizo, lambedora, zarzaparrilla, juncia real, higuera del infierno, menta silvestre, diente de león, zacate, muscadinia, repollo espinoso, solidago, hiedra terrestre, abutilón, hierba mora, ambrosía, avena silvestre, algarroba, rusco, habichuelas asilvestradas y remetidas en sus vainas, todas como cabezas meciéndose suavemente bajo una brisa matinal que es como la suave mano de una madre en tu mejilla. Una flecha de estorninos disparada desde el techado del cortavientos. El centelleo de un rocío que jamás se mueve y que se pasa el día soltando vapor. Un girasol, cuatro más, uno de ellos encorvado, y una serie de caballos a lo lejos que están igual de rígidos y quietos que si fueran de juguete. Todos meciendo la cabeza. Los ruidos eléctricos de los insectos atareados. La luz del sol del color de la cerveza y un cielo pálido y volutas de cirros tan altos que no proyectan sombra. Insectos atareados todo el tiempo. Cuarzo y pedernal y esquisto y costras de contrita ferrosa en el granito. Una tierra muy antigua. Mira a tu alrededor. El horizonte tiembla, sin forma. Somos todos hermanos.
Entonces aparecen unos cuervos en las alturas, tres o cuatro, no una bandada, silenciosamente concentrados, rumbo al maíz de los pastos detrás de cuya alambrada un caballo le huele el trasero a otro mientras el caballo de delante levanta amablemente la cola. La marca de tus zapatos grabada en el rocío. Brisa con olor a alfalfa. Abrojos en el calcetín. Raspaduras dentro de una alcantarilla

CARIÑO

París, Marcos Giralt Torrente. p.157
 No hay planos que rijan de manera fiable nuestro trato con los demás, no hay patrones fijos ni aunque el sentimiento primordial que nos gobierna sea el del afecto. ¿Por qué ante el mismo estímulo unas veces reacciono con ira y otras con tolerancia o, incluso, complacencia? ¿Por qué un hecho tan cotidiano como contemplar a alguien querido coger la taza del desayuno puede precipitarme, según el día, del agrado a la repulsión extrema? ¿Por qué una mirada basta a veces para que me crea vacunado contra cualquier desgracia futura y otras, en cambio, es precisamente esa misma mirada lo que hace que me sumerja en la más ciega melancolía? Solemos pensar en nosotros como seres inamovibles, asentados sobre códigos y gustos fijos, cuando en realidad estamos en perpetua lucha con nosotros mismos. Decimos frases como Te quiero o No puedo soportarte más y tendemos a creer que estas frases definen el estado de nuestra alma, cuando lo cierto es que las alternamos con el viento de sentimientos siempre mudables. Por eso los amantes jóvenes, que están más cercanos a esa edad en la que el fluir de las apetencias no ha sido todavía domado por la convención ni el interés, se comunican sin pausa su amor. Te quiero, dicen. ¿Me quieres?, preguntan. Necesitan del refrendo constante de su cariño porque saben que nada es perpetuo, que lo que es válido para este momento concreto puede no serlo al momento siguiente, que hasta el sentimiento más sincero puede cambiar en cuestión de minutos.

MM

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p. 284-285
Hablaban con entusiasmo entre sí y no me hacían caso como suelen hacer los hombres como si yo no estuviera allí entonces reconocí la voz misteriosa de mis sueños la voz de los presagios y premoniciones de hecho eran dos voces, voces masculinas hablando de mí pero no conmigo Uno de los ayudantes del señor X le había pasado una lista de nombres femeninos y él y el señor Shinn discutían al respecto
Moira Mona Mignon Miriam Marilyn Mina Mavis
y el apellido sería «Miller» Me molestó que no me consultaran porque ahí estaba yo, sentada entre los dos pero prácticamente invisible para ellos Detestaba que me trataran como a una niña y me acordé de Debra Mae cuyo nombre habían cambiado contra su voluntad «Marilyn» no me gustaba en el orfanato había una celadora que se llamaba así y era odiosa y «Miller» no me parecía un apellido bonito ¿Por qué era mejor que el de «Baken~. que ni siquiera consideraron? Traté de explicarles que me habría gustado conservar por lo menos «Norma» había crecido con ese nombre y siempre sería mi nombre pero se negaron a escucharme
Marilyn Miller Moira Miller Mignon Miller
querían el sonido MMMMMM lo pronunciaban como si cataran un vino dudando de su calidad entonces el señor Shinn se dio una palmada en la frente diciendo ya existe una actriz llamada Marilyn Miller, trabaja en Broadway y el señor X soltó una maldición porque estaba perdiendo la paciencia me apresuré a proponer qué tal “Norma Miller” pero los hombres seguían sin escucharme añadí con tono suplicante que el apellido de mi abuela era «Monroe» en eso el señor X chasqueó los dedos como si la idea acabara de ocurrírsele a él y él y el señor Shint dijeron al unísono como en una película
Mari-lyn Monroe
¡saboreando el sonido rumoroso!
MARl-LYN MONROE
lo repitieron varias veces riendo y felicitándose el uno al otro y a mí y eso zanjó la cuestión
MARlLYN MONROE

sería mi nombre artístico y con él figuraría en los títulos de crédito de Scudda-Hoo! Scudda-Hay! Ahora eres una auténtica starlet dijo el señor Shinn con un guiño Estaba tan contenta que lo besé y también al señor X y a todos los que estaban cerca y ellos estaban contentos por mí

MENAGE A TROIS

Blonde: una novela sobre MM, JC Oaptes, p.420
Le había costado identificar a los hombres, aunque, naturalmente, los conocía: Cass Chaplin y Eddy G Robinson, hijos de padres célebres que los despreciaban, príncipes destronados. Eran pobres, pero vestían ropa cara. No tenían casa, pero vivían con lujo. Se rumoreaba que bebían en exceso y que consumían drogas peligrosas, pero quién lo diría al verlos: eran el prototipo perfecto del americano joven y viril. ¡ Cass Chaplin y Eddy G habían ido a buscarla! ¡La querían! A ella, a quien otros hombres despreciaban, usaban y tiraban corno si fuera un pañuelo de  papel. De acuerdo con la historia que los jóvenes contaban una y otra vez, Norma Jjeane llegó a la conclusión de que habían asistido a la fiesta del magnate de Texas con el único propósito de verla a ella.

Lo que no podía saber entonces era que harían posible mi vida. Que, entre muchas otras cosas, me permitirían interpretar a Rose. Uno de ellos la arrojó sobre la arena fría y húmeda,  compacta como si fuera tierra. Ella luchaba, riendo, con el vestido desgarrado y el portaligas y las medias de encaje negro, torcidos. El viento le alborotaba el pelo y le hacía llorar los ojos, de modo que no veía prácticamente nada. Cass Chaplin comenzó a besarla en la boca, primero con suavidad y luego con creciente pasión, metiéndole la lengua, recuperando el tiempo perdido. Nonna Jeane se abrazó a él desesperadamente, rodeándole la cabeza con los brazos, mientras Eddy G se arrodillaba para bajarle las bragas y por fin las desgarraba. La acarició con sus hábiles dedos, y con su lengua igualmente hábil la besó entre las piernas, frotando,  estregando, moviéndose a un ritmo vertiginoso; Norma Jane enlazó las piernas alrededor de los hombros y la cabeza del joven: comenzaba a balancear las cadera, estaba a punto de correrse, de modo que Eddy, rápido y ágil como si hubiera practicado esa maniobra muchas veces, se puso de cuclillas sobre ella mientras Cass adoptaba la misma postura sobre su cara, y los dos la penetraron: el delgado pene de Cass en la boca y el más grueso de Eddy en la vagina, empujando con rapidez y maestría hasta que la chica se puso a gritar como no había gritado nunca, como si fuera a morirse, abrazando a sus amantes en semejante paroxismo de emoción que más tarde todos reirían con pesar de la escena.

MATRIMONIO DE MM

Blonde: una novela sobre MM, JC Oates, p.224
 -Encima quiere tener hijos -prosiguió Bucky, indignado-. En plena guerra. Ha estallado la Segunda Guerra Mundial, el mundo se está yendo a hacer puñetas y mi mujer quiere tener hijos. ¡Señor!
-No seas blasfemo, Bucky -protestó débilmente la señora Glazer-. Ya sabes cuánto me fastidia.
-Yo sí que estoy fastidiado -replicó Bucky-. Cuando vuelvo a casa, Norma Jeane se comporta como si se hubiera pasado el día entero limpiando y haciendo la cena para mí, esperándome. Como si no existiera sin mí. Como si yo fuera Dios o algo por el estilo. -Dejó de pasearse, respirando con díficultad. La señora Glazer le había servido gelatina de cerezas en un plato y él empezó a comer con voracidad. Con la boca llena, añadió-: Yo no quiero ser Dios. No soy más que Bucky Glazer.
El señor Glazer, que había permanecido callado hasta ahora, declaró con contundencia:
-Mira, hijo, vives con esa chica. Os casasteis por la Iglesia «hasta que la muerte os separe». ¿Acaso crees que el matrimonio es un tiovivo?, ¿que puedes dar unas cuantas vueltas y luego apearte para jugar con los demás chicos? No, señor. Es para toda la vida. Mientras comía la gelatina de cereza, Bucky emitió un sonido semejante al que haría un animal herido.

Quizá en tu generación, viejo. Pero no en la mía.

NIÑOS MALTRATADOS

Blonde, JC Oates, p.105
Porque en la Casa de Expósitos de Los Ángeles había niños más desdichados que Norma Jeane. A pesar del dolor y la confusión, ella lo sabía. Niños retrasados, con lesiones cerebrales,  tullidos –bastaba un vistazo para saber por qué los habían abandonado--; niños feos, furiosos, salvajes, derrotados, que no te atrevías a tocar por miedo a que la viscosidad de su piel se adhiriera a la tuya. La niña de diez aftas que dormía en el camastro contiguo al de Norma Jeane en el dormitorio de la tercera planta, Debra Mae, había sido maltratada y violada (qué dura, qué cruel era la palabra «violación», una palabra adulta; pero Norma Jeane sabía, o casi sabía intuitivamente lo que significaba; era un sonido lacerante y algo vergonzoso que tenía que ver «con lo que una tiene entre las piernas y nunca debe enseñar», ese sitio donde la piel es blanda, sensible y se lastima con facilidad; si Norma Jeane se estremecía ante la sola idea de que la tocaran allí, cuánto menos podía imaginar algo duro y punzante penetrándola por la fuerza). Había también unos gemelos de cinco años, hallados a punto de morir de desnutrición en un cañón de las montañas de Santa Mónica, donde su madre los había abandonado en un «sacrificio semejante al de Abraham en la Biblia» (según explicaba en su nota); una niña de once años llamada Fleece, aunque tal vez su nombre original fuera Felice, que pronto hizo amistad con Norma Jeane y no se cansaba de contar, con morbosa fascinación, la historia de su hermana de dos años, a quien el amante de su madre había «golpeado contra la pared hasta esparcir sus sesos como semillas de melón». Norma Jeane, enjugándose las lágrimas,  econoció que a ella no le habían hecho daño. Que ella recordara.

NIÑOS ABANDONADOS

Blonde: una novela sobre Marilyn Monroe, JC Oates, p. 103
Perdida
Si era suficientemente bonita, mi padre vendría a buscarme y me llevarla con él. Cuatro años, nueve meses y once días.

A lo largo y ancho del vasto continente de América del Norte era época de niños abandonados. Y en ningún lugar eran tantos como en el sur de California. Tras numerosos días de cálidos, crueles e implacables vientos procedentes del desierto, comenzaron a descubrir niños entre la arena y los desperdicios que llenaban las secas cunetas, las alcantarillas o las vías férreas; arrastrados por el vendaval hasta las escalinatas de granito de las iglesias, hospitales y edificios públicos. Niños recién nacidos, con el sanguinolento cordón umbilical todavía unido al vientre, aparecían en lavabos públicos, bancos de iglesia, cubos de basura y vertederos. Cómo aullaba el viento día tras día; aunque en cuanto empezó a amainar, se descubrió que los aullidos provenían de los bebés abandonados. Y de sus hermanas y hermanos mayores: niños de dos o tres años que deambulaban, desorientados por las calles, algunos con las ropas y el pelo chamuscados. Eran seres sin nombre. Criaturas incapaces de hablar, de entender. Niños heridos, muchos con graves quemaduras. Otros, aún menos afortunados, habían muerto; el servicio sanitario retiraba con presteza de las calles de Los Angeles sus pequeños cadáveres, a menudo calcinados e imposibles de identificar, y los cargaban en camiones para luego enterrarlos en fosas colectivas en los cañones. ¡Ni una palabra a la prensa o la radio! Nadie debía enterarse.

LOS AMANTES DE LA MONROE

Blonde: una novela sobre Marilyn Monroe, JC Oates, p. 519
“No se harta del chorizo polaco”

¡Sus amantes! Según el voluminoso expediente del FBI etiquetado con el nombre NORMA JEANE BAKER, ALIAS MARILYN MONROE, eran: Z, D, S , T y media docena más de miembros de La Productora. El fotógrafo comunista Otto Óse, el guionista rojo Dalton Trombo, el actor comunista Robert Mitchum. Howard Hughes, George Raft, l. E. Shinn, Ben Hecht, john Huston, Louis Calhern, Pat O'Brien, Mickey Rooney. Richard Widmark, Ricardo Montalbán, George Sanders, Eddie Fisher, Paul Robeson, Charlie Chaplin (padre), Charlie Chaplin (hijo), Stewart Granger,Joseph Mankiewicz, Roy Baker, Howard Hawks, Joseph Cotten, Elisha Cook hijo,  Sterling Hayden, Humphrey Bogart, Hoagy Carmichael, Robert Taylor, Tyrone Power, Fred Allen, Hopalong Cassidy, Tom Mix, Otto Preminger, Cary Grant, Clark Gable, Skid Skolsky, Samuel Goldwyn, Edward G. Robinson (padre), Edward G. Robinson (hijo), Van Hellin, Vanjohnson, Tonto, JohnnyWeissmuller («Tarzán»), Gene Autry. Bela Lugosi, Boris Karloff, Lon Chaney, Fred Astaire, Leviticus, Roy Rogers y Tigre, Groucho Marx, Harpa Marx, Chico Marx, Bud Abbott y Lou Costello, john Wayne, Charles Coburn, Rory Calhoun, Clifton Webb, Ronald Reagan, James Mason, Monty Woolley, W. C. Fields, Red Skelton, ]immy Durante, Errol Flynn, Keenan Wynn, Walter Pidgeon, Fredric March, Mae West, Gloria Swanson, Joan Crawford, Shelley Winters, Ava Gardner, «Buzz Yard», Lassie,Jimmy Stewart, Dana Andrews, Frank Sinatra, Peter Lawford, Cecil B. DeMille y muchos más. ¡Todo esto en 1953, cuando sólo tenía veintisiete años! Sus aventuras más escandalosas aún pertenecían al futuro.

LA LOGICA ESTA EN DESUSO

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 267
-Es un buen chaval. Como jefe, me respeta; como persona, me estima; como ideólogo, me admira; pero como travestí, me zurra. Cada cosa en su sitio. No le falta razón, no creas. A mí no me hace gracia, pero estoy totalmente de acuerdo con el principio y muchas veces me he pronunciado a favor del exterminio de los entes antisociales. En el nuevo Estado no hay lugar para tipos como yo. Ni como tú, dicho sea sin ánimo de ofender. Somos parásitos, gérmenes sociales, desechos humanos, residuos tóxicos de una época arcaica. En apariencia, inofensivos; en la práctica, peligrosos; no a largo sino a medio plazo, y si no, a corto, da lo mismo. El enemigo fuerte ataca de frente y combatirlo es fácil; el débil, en cambio, es tortuoso, se vale de argucias y contra él no hay defensa.
Como hablaba y corría al mismo tiempo, hubo de parar y apoyarse en un muro para recuperar el aliento. Le di unos golpecitos en la espalda.
-¿Estás bien? -le pregunté cuando se hubo serenado-. De la cabeza, quiero decir.

-Ya sé lo que piensas -dijo-. Y eso mismo prueba lo acertado de mi aseveración. En el mundo de la lógica, negar es afirmar. Pero la lógica está en desuso. El pensamiento está en desuso. Todo está en desuso. Sin que nos demos cuenta, bajo la apariencia de libertad de expresión, nos han borrado de la cabeza las pocas ideas sólidas que tuvimos en un tiempo. Ahora todo es ligereza y olvido. La novia de un torero y santa Teresa de Jesús valen lo mismo en el mercado de la frivolidad. Si hicieras una encuesta por la calle, ¿cuánta gente se acordaría de los Principios Fundamentales del Movimiento? ¿A dónde fue a parar la gratitud debida a aquel gran hombre? Mientras él vivió, toda la noche estaba encendida la lucecita de su despacho en la ventana de El Pardo. Entonces España dormía tranquila, sabiéndose vigilada y protegida. Y luego, cuando empezaban las rebajas en El Corte Inglés, el Caudillo siempre era el primero en cruzar la puerta, ilusionado ... ¿A dónde han ido a parar los ideales?

NO HAY PROGRESO

El secreto de la modelo extraviada. Eduardo Menoza, p. 305
Todo lo que nos cuentan son embustes, falsa ideología barata, charlatanería deshonesta. Da lo mismo. En realidad, no hay avance, no hay progreso. Mire, por ejemplo, los transportes, públicos o privados, da lo mismo.Nuestros antepasados iban a caballo y lo dejaban todo perdido de bosta. Luego vino el carbón y con el carbón, el hollín, el puré de guisantes y las enfermedades pulmonares: silicosis, tos ferina, etcétera. Ahora, con el petróleo, ya ve usted: guerras y atentados y el calentamiento global y, encima, se está acabando. Queda la energía nuclear. Bonito recambio. ¿Se subiría usted a un autobús propulsado por la fisión del átomo? ¡Ni loco! La Humanidad avanza, pero hacia atrás. El hombre de Neandertal debía de ser más juicioso. No más guapo, pero sí mejor. Vivimos en un mundo insensato que, por si fuera poco, tiene los días contados.
Distraídos por esta charla sentenciosa, no vimos llegar el autobús. El conductor abrió la puerta y subí sin tiempo para damos un apretón de manos, quién sabe si un abrazo.
-Gracias por todo -alcancé a decir con el pie ya en el estribo-. Cuídese y no haga caso de los mensajes derrotistas. No se los creen ni los que los propagan.

ESPAÑA

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 264-265
¡Nunca debimos abandonar la Edad Media! España se desmorona y nadie mueve un dedo para defenderla. Aún diré más: todos cooperan a su desmoronamiento. A sabiendas o por dejación, todos coadyuvan a debilitar y, en última instancia, a destruir el Estado. Inclusive el Estado participa en esta labor perniciosa. Actualmente en España no manda el Gobierno ni los partidos. Manda la quinta columna. Es un término militar. En boca de otro podría parecer pedante, pero yo lo puedo usar porque soy coronel. La quinta columna. Y ahora te pregunto: si metes una columna podrida en un cesto de manzanas, ¿qué ocurre? Lo de siempre: al cabo de poco todas las manzanas están agusanadas, y cuando las manzanas están agusanadas, la única solución razonable es ponerlas contra la pared y fusilarlas. De la misma manera, una nación o país, como prefieras llamarlo, si no tiene un Estado fuerte es como un cesto de manzanas o, mejor dicho, como un cesto de gusanos, antes de manzanas. Verás, en la China milenaria ... no la fábrica de porquerías que es ahora, sino la China antigua, la milenaria, todos, empezando por el sabio Confucio, consideraban el Estado como la reencarnación del cielo en la tierra. El emperador también, pero para ellos el emperador era la reencarnación del Estado. No sé si me explico con claridad, a veces con las cosas de la China me hago un bollo. Bueno, pues como te digo, en la China, hace miles y miles de años, la burocracia era la columna vertebral del Estado. Si el Estado era la encarnación del cielo, la burocracia era la reencarnación del orden del universo, con sus galaxias y sus quásares. Los burócratas eran más importantes que los nobles o los sacerdotes o los militares. Los burócratas eran lo más. Y dentro de la burocracia, ¿cuál dirías que era el cargo más elevado? Seguramente me dirás: el ministro de Economía, o el jefe de las Fuerzas Armadas. Pues no, señor. ¿Cuál dirías tú que era el funcionario de más categoría?
-No caigo -admití.

-El verdugo -dijo él-. Y detrás del verdugo, en segundo lugar, el encargado de las velas en el palacio imperial. De las velas y las palmatorias. 

INCIPIT 539. BLONDE: UNA NOVELA SOBRE MARILYN MONROE / JOYCE CAROL OATES

Entrega en mano
Ahí venía la Muerte, avanzando presurosa por el bulevar, bajo la mortecina luz sepia.
Ahí venía la Muerte, volando sobre una vulgar y pesada bicicleta de mensajero, como en los dibujos animados.
Ahí venía la Muerte; infalible. Una Muerte imposible de disuadir. Una Muerte con prisas. Una Muerte que pedalea frenéticamente. La Muerte, que lleva un paquete con la inscripción ENTREGA EN MANO. FRAGIL en un rústico cesto situado detrás del asiento.
 Ahí venía la Muerte, abriéndose paso diestramente con su vulgar bicicleta entre el tráfico del cruce de Wilshire y La Brea, donde, debido a reparaciones en la calle, los dos carriles con dirección oeste de Wilshire se habían fundido en uno.
¡Qué Muerte tan rápida! Haciendo morisquetas a los conductores maduros que le tocaban la bocina.
La Muerte burlándose: ¡Vete a la mierda! Y tú también. Como Bugs Bunny adelantando a toda velocidad a los resplandecientes automóviles de último modelo.
Ahí venía la Muerte, sin amilanarse ante el aire enrarecido y contaminado de Los Ángeles ni ante el cálido aire radiactivo del sur de California, donde la Muerte había nacido. Sí, he visto a la Muerte. Soñé con ella la noche anterior y muchas noches antes. No tenía miedo.

Ahí venía la Muerte, tan resuelta. Ahí venía la Muerte, inclinada sobre el herrumbroso manillar de una bicicleta destartalada pero imparable. Ahí venía la Muerte, luciendo una camiseta del Instituto Tecnológico de California, pantalones cortos limpios pero sin plancha, zapatillas de deporte sin calcetines. 

FERLOSIANA

De El escudo de Jotán, rafael Sánchez Ferlosio, p. 53-54
Demasiado conocedor de los humores y las señales del Imperio, de las quietudes y las agitaciones de los pueblos de la Ruta de la Seda, de los aterradores torbellinos de polvo, de ventisca o de soldados del Kansú era el caravanero que traía tan alarmantes nuevas como para arriesgarse a no hacer caso a sus palabras cuando daba por seguro que aquella vez los alardes y los preparativos del emperador con sus ejércitos iban de verdad. Por la experiencia de los tiempos se sabía que los emperadores respetaban a los pueblos y ciudades que tenían reyes o kanes o gobiernos completos capaces de rendirles cumplido vasallaje, que no es la simple entrega de los cuerpos, sino el ofrecimiento de los nombres; pero que destruían a las despreciables gentes que se dejaban vivir únicamente según las tradiciones, sin títulos de fundación y con poca o ninguna gerencia establecida. Y la ciudad de Jotán se decía: “Es nuestra perdición, que apenas si tenemos una cámara de comercio, una administración de azotes y mutilaciones y una inspección de sanidad de caravanas”. Pero un fabricante de máscaras halló la solución: «Si no tenemos  kan, lo fingiremos; si no tenemos justicia, la simularemos; si no tenemos soldados, yo enjaezaré cien caballos con sus caballeros y disfrazaré a quinientos jóvenes como de infantería, y con tal arte que únicamente la batalla que nunca habrán de combatir podría llegar a comprobar si sus armas son de hierro o de madera y sus yelmos y broqueles de bronce o de cartón».

BUENOS TRATOS

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 116
La amable anfitriona quiso agasajarme con un vaso de sus reputados vinos, pero decliné el ofrecimiento, alegando que no estaba acostumbrado a las bebidas alcohólicas y su consumo, siquiera moderado, podía provocarme, en presencia de una mujer tan atractiva, una reacción torpe e incontinente, como por ejemplo echarme a dormir entre regüeldos. Apreció mi delicadeza y, sentándose a la mesa, confesó haber tenido en el pasado una mala experiencia con un hombre bebedor, y recordó con angustia las escenas violentas y las terribles palizas que, de resultas de la embriaguez, ella se había visto obligada a propinarle. Por suerte, aquella dramática vivencia ya pertenecía al pasado. Ahora, agregó dirigiéndome una sonrisa seductora, estaba libre de compromisos y ataduras, había decidido dejar atrás el atolondramiento y el desenfreno de la juventud y se había prometido a sí misma y a la Virgen de Valvanera, patrona de La Rioja, asentarse junto a un hombre no necesariamente apolíneo, pero sí dotado de virtudes cívicas y hogareñas, al que ella, a su vez, trataría a cuerpo de rey.
En la imagen Brando y Vivian Leigh

SOBRE LO MONSTRUOSO

Homenaje a Melville, Jean Giono, p. 12-13
El hombre tiene siempre el deseo de algún objeto monstruoso. Y su vida sólo tiene valor si la somete por completo a esa búsqueda. A menudo,  no necesita ni pompa ni aparato; parece estar cautamente sumido en el trabajo de su jardín, pero interiormente hace tiempo que ha zarpado en la peligrosa cruzada de sus sueños. Nadie sabe que ha partido: parece seguir ahí, pero se halla lejos, vagando por mares prohibidos. Esa mirada que he descrito hace un momento, esa que habéis visto, que manifiestamente no podía servir para nada en este mundo, que atraviesa la materia de las cosas sin detenerse, es así porque procedía de un vigía en alta cofa y porque estaba hecha para escrutar espacios extraordinarios. Ése es el secreto de las vidas que a veces nos resultan familiares, y a menudo el secreto de nuestra propia vida. Muchas veces 12 el mundo conoce sólo el final de todo ese proceso: la espantosa blancura de un naufragio inexplicable que de golpe hace que el cielo aparezca cuajado de salpicaduras y de espuma. Pero en la mayoría de los casos, todo ocurre en extensiones tan vastas, con monstruos tan enormes que no queda ningún rastro, ni un solo superviviente, «y la gran mortaja que es el mar se pliega y se despliega como hace cinco mil años».

DE FANTASMAS

El secreto de la modelo extraviada, Eduardo Mendoza, p. 120
-Todo esto suena a delirium trémens.

-No digas bobadas -exclamó el butanero descruzando las piernas y volviéndolas a cruzar para combatir el anquilosamiento--, los occidentales estáis dispuestos a inventar cualquier etiología con tal de no dar crédito a la presencia de fantasmas entre nosotros, cosa, por lo demás, innegable. Negáis su existencia porque os dan miedo. Sin motivo alguno, ya que los fantasmas son inofensivos, salvo unas pocas excepciones que ellos mismos, como colectivo, reprueban. Los muertos de muerte violenta suelen regresar, como si les costara aceptar una separación del mundo demasiado brusca. Los ahogados siempre vuelven, y también, aunque con menos frecuencia, los que mueren de peste u otra epidemia similar, como si quisieran quejarse de haber sido elegidos al azar para engrosar una estadística. Los suicidas, en cambio, nunca regresan, excepto los que en el último momento se arrepienten y no pueden echarse atrás. En todos los casos, las apariciones carecen de propósito firme. A veces encierran una intención admonitoria: advierten de peligros o tratan de impedir decisiones erróneas por parte de los vivos, pero en esto tienen escaso éxito, porque hablan bajito y se expresan mal, de un modo confuso y fragmentario muy poco convincente. En la mayoría de los casos se conforman con dar pena, aunque lo normal es que den unos sobresaltos morrocotudos, lo que los entristece aún más. No es cierto que lleven sábanas. Salvo los faraones y otros poderosos de la antigüedad, los muertos se van al otro mundo con lo puesto y allí no tienen ocasión de renovar el vestuario, así que se presentan con sudarios, vendajes y envoltorios similares, a menudo verdaderos harapos. Tampoco arrastran cadenas ni emiten sonidos siniestros. Desde el punto de vista energético, van con el depósito en reserva, con lo que mal podrían mover cosas pesadas ni ejercer violencia alguna. A veces provocan sin querer corrientes de aire y de ahí se siguen chirridos de puertas mal lubricadas y ruido de objetos que se caen o se desplazan. La nocturnidad, a la que se acogen por timidez, la imaginación popular y el miedo, magnifican una pobre puesta en escena e inventan amenazas donde no las hay. Los fantasmas son mejores que los vivos: a los seres humanos nos mueve el interés, y los muertos, por definición, carecen de intereses. Si no se les hace caso, insisten, pero al tercer o cuarto desaire, se desvanecen para siempre.
Imagen de John Singer Sargent

ENTROPIA

Pureza, Jonathan Franzen, 536
-En primer lugar -le dije--, el calor que usa la calefacción es el que sobra del motor. El consumo extra de gasolina es cero. Si hubieras conducido alguna vez, quizá lo sabrías. Para ser más exactos, conservar el calor en un entorno de frío nunca es eficiente.
-Eso es completamente falso.
-No, es cierto.
-Completamente falso. -Parecía ansioso por discutir--. Si estás calentando una casa, es mucho más eficiente mantener una temperatura de dieciséis grados toda la noche que subirla desde los cinco grados por la mañana. Mi padre siempre lo hacía en la dacha.
-Tu padre se equivocaba.
-;Era el principal economista de una nación grande e industrializada!
-Ya empiezo a entender mejor por qué la nación fracasó.
-Créeme, Tom. En esto te equivocas.

Daba la casualidad de que mi padre me había explicado la termodinámica de las calefacciones domésticas. Sin mencionarlo, advertí a Andreas que el índice de transferencia calórica es proporcional al diferencial de temperatura: cuanto más caliente está la casa, más profusamente se desangra al dispersar su calor en la noche fría. Andreas intentó rebatirlo con cálculos integrales, pero yo también recordaba esos fundamentos. Mantuvimos un forcejeo verbal mientras conducía. Aportó argumentos cada vez más esotéricos, negándose a aceptar que su padre no tenía razón. Cuando al final lo derroté, me di cuenta de que algo había   cambiado entre nosotros, como si la costura de nuestra amistad se hubiera reforzado. Parecía confundido y admirado a la vez. Hasta entonces, creo que no me había tenido en cuenta como posible adversario intelectual.

PORNOGRAFIA

Pureza, Jonathan Franzen, p. 434
Confiaba en que, por alguna razón, no hubiera visto la copia gastada de la revista Oui que yo había robado en la trastienda de una librería de segunda mano y que tenía escondida en el armario, pero después de cenar se presentó en mi habitación y me preguntó cómo creía yo que se sentían las mujeres que salían en las revistas pornográficas
-No lo había pensado -contesté, con sinceridad.
-Pues, a tu edad, sería mejor que empezaras a pensarlo.
Ese año, todo lo que hacía mi padre me repelía y avergonzaba Sus gafas de la serie “Mission Control”, su pelo engominado a base de petroquímica, su postura de pistolero. Me hacía pensar en un castor, con sus dientes protuberantes sin arreglar y su laboriosidad sin sentido. Construir otra presa, ¿por qué? Roer troncos, ¿por qué! Nadar moviendo las patitas delanteras con una amplia sonrisa en la cara, ¿por qué exactamente?
-El sexo es una gran bendición -dijo, con su voz profesoral-. Pero lo que ves en una revista pomo es la desgracia humana y la degradación. No sé de dónde has sacado esa revista, pero por el mero hecho de tenerla has participado materialmente en la degradación de otro ser humano. lmagínate cómo te sentirías si fuera Cynthia, o Ellen ...
-Vale, ya lo he captado.

-¿De verdad? ¿Entiendes que esas mujeres también son hermanas de alguien? ¿Hijas de alguien?

SIONISMO

El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza, p. 21-22
Hasta hace unos años, las cuatro partes de Palestina estuvieron unidas bajo un solo rey, hombre admirable y decidido partidario de Roma, pero a su muerte estallaron conflictos sucesorios y Augusto, para evitar  enfrentamientos, dividió el país entre los tres hijos del difunto. Al que correspondió esta parte de Palestina se llama Antipas, pero al acceder al poder unió a su nombre el de su ilustre padre, por lo cual se hace llamar Herodes Antipas. Es, a juicio de mi informante, un individuo astuto, pero de carácter débil, por lo que se ve precisado a recurrir constantemente a las autoridades romanas para hacerse respetar por su pueblo. De este modo lo mantiene a raya, pero a costa de una impopularidad que va en aumento a medida que pasan los años. Con el pretexto más nimio podría producirse un levantamiento y, de hecho, raro es el mes en que no surge un foco de rebelión, corno el que motivó la intervención de Liviano Malio y los legionarios en cuya compañía he viajado hasta ahora. Por fortuna, estos disturbios son aislados, efímeros y fáciles de sofocar, ya que es difícil que los judíos se pongan de acuerdo y unan sus esfuerzos. Los partidarios más acérrimos de la rebelión son los sacerdotes, que se dicen intérpretes de la palabra de Dios, pero su misma condición de sacerdotes los hace de natural holgazanes, acomodaticios y propensos a estar a bien con el poder. Aun así, caldean los ánimos con sus discursos y de cuando en cuando prometen la venida de un enviado de Dios que conducirá al pueblo judío a la victoria definitiva sobre sus enemigos ancestrales. Esta profecía, común a todos los pueblos bárbaros oprimidos, ha calado hondo en esta tierra levantisca, por lo que a menudo aparecen impostores que se arrogan el título de Mesías, como aquí llaman al presunto salvador de la patria. Con éstos Roma actúa de modo expeditivo.

INCIPIT 538. EL CASO DE LA MODELO EXTRAVIADA / EDUARDO MENDOZA

UN PERRO CAPCIOSO

En términos generales, estaba bien. De salud, de memoria y pare usted de contar. En estas condiciones y después de tantas aventuras, debería haber llevado una vida de sosiego, y en ello estaba cuando me mordió un perro y lo echó todo a rodar. Yo iba caminando por la Ronda de San Pablo, diligente y sin meterme con nadie, camino del autobús, a llevar una comanda. Desde hacía cierto tiempo trabajaba en un restaurante chino y me habían confiado aquel cometido por mi doble condición de nativo, y por ende conocedor de la intrincada trama urbana, y de ciudadano con papeles, por si me paraba la poli. Algunos de estos papeles habría sido mejor no tenerlos, pero a ciertos efectos era mejor estar fichado que pertenecer al abultado colectivo de los sin papeles, como le sucedía al resto de los trabajadores de la empresa así como a los socios capitalistas, los proveedores y buena parte de la clientela. Originariamente, el restaurante había sido fundado por una familia modélica en el local que otrora ocupaba un modesto negocio regentado por mí, a saber, una peluquería

JUDIOS

El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza, p. 20-21
Por extraño y cicatero que parezca, los judíos creen en un solo dios, al que ellos llaman Yahvé. Antiguamente creían que este dios era superior a los dioses de otros pueblos, por lo que se lanzaban a las empresas militares más disparatadas, convencidos de que la protección de su divinidad les daría siempre la victoria. De este modo sufrieron cautiverio en Egipto y en Babilonia en repetidas ocasiones. Si estuvieran en su sano juicio, comprenderían la inutilidad del empeño y el error en que se funda, pero lejos de ello, han llegado al convencimiento de que su dios no sólo es el mejor, sino el único que existe. Como tal, no ha de imponer a ningún otro dios ni su fuerza ni su razón y, en consecuencia, obra según su capricho o, como dicen los judíos, según su sentido de la justicia, que es implacable con quienes creen en él, le adoran y le sirven, y muy laxo con quienes ignoran o niegan su existencia, le atacan y se burlan de él en sus barbas. Cada vez que la suerte les es contraria, o sea siempre, los judíos aducen que es Yahvé el que les ha castigado, bien por su impiedad, bien por haber infringido las leyes que él les dio. Estas leyes, en su origen, eran pocas y consuetudinarias: no matar, no robar, etcétera. Pero andando el tiempo, a su dios le entró una verdadera manía legislativa y en la actualidad el cuerpo jurídico constituye un galimatías tan inextricable y minudoso que es imposible no incurrir en falta continuamente. Debido a esto, los judíos andan siempre arrepintiéndose por lo que han hecho y por lo que harán, sin que esta actitud los haga menos irreflexivos a la hora de actuar, ni más honrados, ni menos contradictorios que el resto de los mortales. Sí son, comparados con otras gentes, más morigerados en sus costumbres. Rechazan muchos alimentos, reprueban el abuso del vino y las sustancias tóxicas y, por raro que suene, no son proclives a darse por el culo, ni siquiera entre amigos

INCIPIT 537. EN LA CARCEL CON FALCONER / JOHN CHEEVER

La entrada principal a Falconer -la única entrada de los convictos, sus visitantes y el personal- estaba coronada por un escudo de armas que representaba a la Libertad, la justicia y, entre ambas, el poder soberano del gobierno. La Libertad llevaba cofia y sostenía una pica. El gobierno era el Aguila federal que sostenía una rama de olivo y estaba armada con flechas de caza. La justicia era una figura convencional; con los ojos tapados, indefinidamente erótica con su vestido de pliegues colgantes y armada con la espada del verdugo. El bajorrelieve era de bronce, pero aparecía ya negro -el negro de la antracita sin pulir o el ónix - . Cuántos centenares habían pasado bajo esta figura, el último emblema que la mayoría de ellos vería, el esfuerzo del hombre para interpretar con símbolos el misterio del encarcelamiento.  Centenares, quizá miles, mejor millones. Sobre el escudo de armas se desgranaban los nombres del lugar: Cárcel Falconer, 1871, Reformatorio Falconer, Penitenciaría Federal Falconer, Prisión Estatal Falconer, Correccional Falconer; y el último, que nunca había sido aceptado: Casa del Alba. Ahora los presos eran internos, los gilipollas eran empleados y el carcelero jefe se llamaba superintendente. Dios sabe que la fama es caprichosa, pero Falconer -con su espacio limitado para dos mil malandrines- era tan famosa como Newgate. Ya no se usaba la tortura del agua, los uniformes rayados, la fila en orden cerrado, los grilletes

PALESTINA

El asombroso viaje de Pomponio Flato, Eduardo Mendoza, p. 19-20
Palestina está dividida en cuatro partes: Idumea, Judea, Samaria y Galilea. Al otro lado del río Jordán, en la parte que limita con Siria, se encuentra la Perea, que según algunos también es parte de Palestina. En conjunto es tierra fragosa y mezquina. No así la Galilea, donde la Naturaleza se muestra más amable: el terreno es menos accidentado, no escasea el agua y las montañas cierran el paso al viento abrasador que hace estéril y triste la vecina región. Aquí crecen olivos, higueras y viñas y en los lugares habitados se ven huertos y jardines. Entre la población predominan los judíos, pero al ser tierra rica no faltan fenicios, árabes e incluso griegos. Su presencia, según Apio Pulcro, hace la vida soportable, porque no hay peor gente en el mundo que los judíos. Aunque su cultura es antigua y el país se encuentra en medio de grandes civilizaciones, los judíos siempre han vivido de espaldas a sus vecinos, hacia los que profesan una abierta inquina y a quienes atacarían de inmediato si no estuvieran en franca inferioridad de condiciones. Rudos, fieros, desconfiados, cerrados a la lógica, refractarios a cualquier influencia, andan enzarzados en perpetua guerra, unas veces contra enemigos externos, otras entre sí y siempre contra Roma, pues, a diferencia de las demás provincias y reinos del Imperio, se niegan a aceptar la dominación romana y rechazan los beneficios que ésta comporta, a saber, la paz, la prosperidad y la justicia. Y esto no por un sentimiento indomable de independencia, como ocurre con los bretones y otros bárbaros, sino por motivos estrictamente religiosos. 

MYHYV

Pureza, Jonatham Franzen, p. 475
A propósito del váter, una cosita-me dijo un día, al prin-Siempre levanto el asiento -contesté.
-Ése es el problema.
-Yo creía que el problema eran los tíos que se creen capaces de apuntar para no salpicar el asiento.
-Doy gracias de que no seas uno de ésos. Pero queda una salpicadura.
-También seco el borde.
-No siempre .
-Vale, siempre se puede mejorar.
-Pero no es sólo el borde. Es la cara inferior del borde y las baldosas. Gotitas.
-También lo limpiaré.
-No puedes limpiarlo todo a fondo cada vez que vas al baño. Y no me gusta el olor de la orina seca.
-¡Soy un tío! ¿Qyé se supone que debo hacer?
-¿Sentarte? -sugirió con voz apocada.
Yo sabía que eso no estaba bien, no podía estar bien. Pero a ella le dolió mi silencio y optó por callarse también, pero de un modo más quejoso, con una mirada pétrea, y terminó por importarme más su dolor que mi razón. Le dije que tendría más cuidado, y que si no, empezaría a sentarme, pero ella se dio cuenta de que lo decía con resentimiento, de que me sometía de mala gana, y no podíamos vivir nuestra unión en paz si no estábamos  “Verdaderamente de acuerdo en todo”. Se puso a lloriquear y yo emprendí la larga búsqueda de la razón profunda de su tristeza.
-Yo tengo que sentarme a la fuerza -dijo al fin-. ¿Por qué no puedes sentarte tú? Cada vez que veo la salpicadura no puedo evitar pensar que ser mujer es una injusticia. Tú no sabes lo  injusto que es eso, no tienes ni idea, ni idea.

Se puso a llorar torrencialmente. Mi única posibilidad de detener aquel llanto pasaba por convertirme, ahí mismo, en aquel preciso instante, en una persona capaz de experimentar con la misma intensidad que ella la injusticia de no poder mear de pie. 

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