Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

JAMESIANA

De Lo que Maisie sabía, p.76-77
Aquello le ocasionó unos momentos de secreto éxtasis, momentos en que creyó de veras poder ayudarlo. Lo único desconcertante estuvo en lo relativo a esa misteriosa edad de la vida que los adultos que se movían a su alrededor calificaban como juventud. Para Sir Claude en aquel momento la señora de Beale era "joven", al igual que para la señora Wix lo era Sir  Claude: ése era uno de los méritos por los que la señora Wix más lo encomiaba. ¿Qué es lo que era entonces la propia Maisie, y, pasando a otro aspecto de la cuestión, qué es lo que era  entonces mamá? A ella le había hecho falta cierto tiempo para llegar a inferir con la ayuda de una o dos tentativas que no era recomendable abordar el tema de la juventud de mamá. Hasta llegó a preguntarse un día, viendo el espeso maquillaje y las nítidas arrugas del rostro de aquella dama, si a alguien que no fuera ella misma se le ocurriría abordarlo. No obstante, si milady no era joven entonces era vieja, y esto arrojó una extraña luz sobre la circunstancia de que tuviera un marido de otra generación. El señor Farange era aún más viejo, eso lo sabía Maisie perfectamente; y ello la condujo lógicamente a advenir, ya que la señora de Beale era más joven que Sir Claude, lo muchísimo más viejo que debía ser papá que la señora de Beale. Tales descubrimientos produjeron perplejidad e incluso una pizca de confusión: al parecer, todas estas personas tenían una edad que no era laque debería. De alguna forma, tal era e! caso especialmente con su madre, y a ella eso la hizo reflexionar con cierto alivio sobre el hecho de ya haber debatido con la señora Wix acerca de cuál podría ser la exacta intensidad del afecto que Sir Claude experimentaba hacia su mujer. Fue consciente de que si ambas habían restringido su atención a las características de! afecto de milady hacia su marido, había sido porque se habían visto contenidas --quizá particularmente la señora Wix- por un  sentimiento de delicadeza e incluso de turbación. 

INCIPIT 370. COMPRO ORO / ISAAC ROSA

Decimos 550.000 euros, pero sabemos que al final es negociable y se acaba quedando en 480.000, quizás algo menos. Lejos de los 700.000 que consiguió el último vecino que se marchó y vendió antes del fin de los buenos tiempos. En todo caso son 480.000, sigue siendo una buena tasación. 4.000 euros el metro cuadrado, muy por encima de la media del barrio. No es que vayamos a vender, desde el fin de los buenos tiempos nadie vende; pero tranquiliza saber que duermes sobre un colchón de 480.000 euros, que en cualquier momento puedes vender, o pedir un crédito a cuenta de la vivienda. Ahora bien, empiecen a quitar palabras del anuncio y verán cómo mengua la cifra, cual contador electrónico en cuenta atrás imparable. Quitas el garaje y ya son 430.000; eliminas la calefacción central y te despeñas hasta 380.000; la falta de trastero te puede hacer perder otros 10.000 euros. Prescinde del jardín y las zonas comunes, y de inmediato eres visto como un bloque más de los que abundan en el barrio: un portal, un recibidor con buzones y ascensores, la escalera y fin de las zonas comunes, nadie pagaría más de 300.000 euros. Si además borras el ascensor, eres degradado a uno de esos horrores de cuatro

INCIPIT 369. LIMBO / AGUSTIN FERNANDEZ MALLO

En el año 1924, el joven físico Werner Heisenberg obtiene una beca para trasladarse a Copenhague; su deseo es trabajar a las órdenes del por entonces pope de la física cuántica, Niels Bohr. En ese momento aún falta una teoría completa que dé cuenta del modo en que los electrones saltan de una órbita a otra en los átomos. Werner Heisenberg alberga una serie de intuiciones al respecto que, por  descabelladas, no se atreve a verbalizar ante sus mentores. Años atrás le había oído decir a Bohr «al llegar al mundo de los átomos, al científico no le interesa tanto hacer cálculos como crear imágenes». Palabras profundamente fijadas desde entonces en la mente de Heisenberg, quien las interpreta como «el científico ha de crear  intuiciones».
A principios de junio de 1924, Heisenberg sufre un ataque de fiebre del heno. A fin de curarse decide pasar diez días en la solitaria y rocosa isla de Helgoland, mar Báltico, donde, a falta de plantas, con total seguridad estará a salvo del polen que le activa la fiebre. Se traslada con libros de física, abundantes notas que durante aquel año había ido desarrollando por su cuenta, y un libro de Goethe. Debido a la alergia, su cara presenta grandes hinchazones, lo que le hace ganarse una reprimenda de la dueña de la pensión donde se aloja, quien piensa que el aspecto del rostro es producto de alguna pelea; teme que aquel alemán resulte un huésped problemático.

Heisenberg se concentra entonces en los problemas de física atómica que en aquellos años preocupan a la comunidad científica internacional. 

LOS DIOSES ESTABAN SOLOS

De Niños en el tiempo de Eduardo Menéndez salmón, p.119-120
De El Verbo es tímido, se resiste a manifestarse. La intuición en la carta del célebre novelista así lo constata: «Los dioses no estaban ya, y Cristo no estaba todavía, y de Cicerón a Marco Aurelio hubo un momento en que el hombre estuvo solo.» Entre el si1encio de Quienes todo lo  Conocen y la Parusía aplazada, un cuerpo pasa. Los hombres, entre tanto, transcurren entregados al cultivo de los ya saciados tabernáculos. Se cree, cierto, pero sin demasiado empeño, más como una costumbre que como una vocación; se adora, cierto, pero sin demasiada rotundidad, más por deber que por devoción. Los dioses de Troya están agotados. Sus yelmos deshechos apenas son un adorno o un gesto. César, como todo Poder, sabe que no hay mejor modo de negar al dios que afirmándolo por doquier. El Poder, en el fondo, es ateo; él crea su propia escatología, su posibilidad de un inicio y de un fin. Por eso ya a nadie  Conmueve la divinización del hombre. Lo que aturde es la maquinaria imperial, las carnicerías absurdas. 

LA ESTUPIDEZ

De Fuera de aquí, de Vila-Matas, p.94
Esa injerencia de las noticias de todas partes en nuestra vida privada cada día es mayor. Toman cada vez más decisiones idiotas desde las cúpulas del poder. Volviendo a Flaubert . En una cana a George Sand escribe: «Me he presentado ante el príncipe Napoleón, pero había salido. He oído cómo hablaban de política. Es algo inmenso. ¡Ah' ¡Que vasta e infinita es la estupidez humana. El otro día, me pasó algo parecido en un pasillo del Palau de la Generalital de Barcelona. Me quede muy impresionado. Rumbo a peor, que decía Beckett .

INCIPIT 369. NOVENTA Y TRES / VICTOR HUGO

LIBRO PRIMERO
EL BOSQUE DE LA SAUDRAIE

Hacia últimos de mayo de 179 uno de los batallones parisienses qué Santerre  había traído a Bretaña estaba registrando el temible bosque de la Saudraie, en Astillé. El batallón apenas si contaba con trescientos soldados, pues aquella dura guerra lo había diezmado. Era la época en que después de las batallas de Argona, Jemmapes, y Valmy, del primer batallón de Pans, que se componía de seiscientos voluntarios, quedaban veintisiete hombres, del segundo treinta y tres y, del tercero, cincuenta y siete. Eran tiempos de luchas épicas. Los batallones enviados desde Paris a Vendea tenian novecientos doce hombres. Cada batallón disponía de tres cañones. Se habían organizado en muy poco tiempo. 

EL NOMBRE DEL PADRE

De Niños en el tiempo de Ricardo Menéndez Salmón, p.45-46
Antares guardaba un recuerdo precioso de su hijo. Lo denominaba el alzamiento, una versión disminuida y menos dramática que la imagen de Cristóbal de Licia, el gigante cananeo, llevando sobre sus hombros al Niño mientras vadean el río. Todo padre sabe lo que es sentir ese peso sobre los hombros, un peso inexistente y al tiempo intolerable. Inexistente porque el amor no pesa; intolerable porque el hijo amado es la sustancia más pesada del mundo. Él  había sustituido esa clase de transporte por una caricia más tenue pero no menos dulce: el gesto universal y abrumadoramente bello de sostener a un hijo frente a la luz.

El alzamiento sucedió un día de primavera, al poco de nacer el niño. Antares lo cogió en el jardín, donde reposaba en su cuna junto al limonero, y levantó aquella masa blanda, cálida y un poco fétida en dirección al sol. El gazapo, semiciego, notó tras los párpados la mancha del astro. Toda su cara tembló entonces como el agua de un pozo al arrojar una piedra. Toda ella se iluminó como el vientre de un pez al ser arrancado del río. Después el bebé lloró con fuerza, pero no fue un llanto fruto del hambre, el dolor o el sueño, sino que lloró porque su padre lo retiró de la fuente que alumbraba sus ojos. Antares comprendió que aquélla fue la primera nostalgia experimentada por su hijo.

LA VOCACION DE SAN MATEO

De Muerte súbita de Alvaro Enrigues. p.156 ss.
El 17 de septiembre de 1599 Caravaggio terminó martirio de San Mateo. Llevó el cuadro -un puro vórtice de violencia sin sentido y arrepentimiento a la sacristía de San Luis de los  Franceses y estableció una fecha para entrega de la segunda de las tres pinturas que adornarían la capilla del patrono de los contadores y los que recolectan  impuestos: el día 28 del mismo mes. Como la entre del segundo cuadro supondría,  por fin, la posibilidad de inaugurar la capilla -consagrarla, traer al papa al primer oficio para que afirmara su ecuanimidad en el eterno conflicto entre España y Francia-, firmó con sangre una adenda al contrato, asegurando que esta vez sí entregaría a tiempo. A cambio de la entrega de La  vocación de San Mateo, le pagarían los segundos 75 escudos de los 150 –una fortuna- que ganaría por toda la decoración de la capilla cuando entregara el tercer cuadro, con mayor margen tiempo.
Legendariamente, Caravaggio no durmió en los los días que le tomó pintar el cuadro, que por supuesto había comenzado cuando firmó la adenda. Tampoco durmieron sus modelos  reconocidos, que fueron: Silvano,  afilador de cuchillos; Prospero Orsi, soldado; Onorio Bagnasco, mendigo; Amerigo Sarzana, soplaculos; Ignazio Baldemenri, tatuador. Aunque Caravaggio tuvo el buen gusto de utilizar para el modelo de Jesús de Nazaret a un desconocido, el escándalo fue mucho porque los demás actores del drama sagrado eran pequeños criminales y holgazanes que merodeaban todos los días por las canchas de tenis de la Plaza Navona. No pasó nada, más allá de que circularon rumores sobre la ira de los cofrades de Francia. Los cuadros eran simplemente magníficos, el papa ya estaba convocado para la consagración de la capilla y el artista todavía estaba protegido por el poder infranqueable del cardenal Del Monte y Giustiniani.

La vocación de San Mateo ya tiene todos los elementos que serían la insignia del artista y representaba, por mucho, la obra de arte más revolucionaria que se había visto en un templo romano desde la inauguración de la Capilla Sixrina. Como Caravaggio lo sabía, citó el fresco de Michelangelo con elocuencia: la mano con la que Jesús de  Nazaret señala al cobrador de impuestos es exactamente la misma con que Dios roca al Hijo del Hombre en los altos vaticanos.

INCIPIT 368. DOLORES CLAIRBONE / STEPHEN KING

¿Qué has preguntado, Andy Bissette? ¿Que si entiendo mis derechos tal como me los has contado? ¡Joder! ¿Por qué algunos hombres son tan burros? No, no te preocupes. Deja de parlotear y escúchame un rato. Me da la sensación de que te vas a pasar la mayor parte de la noche escuchándome, así que será mejor que te vayas acostumbrando. ¡Claro que entiendo eso que me has leído! ¿Tengo pinta de haber perdido el cerebro desde que te vi en el mercado? Eso fue el lunes por la tarde, por si no te acuerdas. Te dije que tu mujer te daría la bronca por haber comprado el pan del día anterior y supongo que tenía razón,¿no? Entiendo muy bien mis derechos, Andy. Mi madre no educó a ningún idiota. También entiendo mis responsabilidades. Que Dios me ayude.  ¿Dices que cualquier cosa que diga puede ser usada en mi contra ante un tribunal? ¡Pero qué maravilla! Y tú sácate esa mueca de la cara, Frank Proulx. Ahora puedes ser un poli duro, pero no hace tanto desde que yo te veía corretear por ahí con el pañal abolsado y con esa misma sonrisa estúpida en la cara. Te daré un pequeño consejo: cuando te juntes con una viejarrona corno yo será mejor que te ahorres la sonrisa. Me cuesta menos leer tu cara que un anuncio de ropa interior en un catálogo de Sears. Bueno, ya nos hemos divertido: tal vez deberíamos centrarnos. Os vaya contar a los tres un buen montón de cosas a partir de ahora mismo; y una buena parte de eso tal vez pueda ser usada en mi contra ante un tribunal, si es que a alguien le interesa a estas alturas. Lo más gracioso es que la gente de la isla ya lo sabe casi todo y a mí ya casi me importa una mierda, como solía decir el viejo Neely Robichaud cuando se tornaba unas copas. Es decir, casi siempre, como os podrá decir cualquiera que lo haya conocido. Hay una cosa que sí me importa una mierda, sin embargo, y por eso he venido aquí por voluntad propia. Yo no maté a esa cabrona de Vera Donovan

JAMESIANA

De Flores en las grietas de Richard, Ford, p.25
En la práctica, podría convenirme presentar un personaje minoritario bajo una luz poco halagüeña, que no corrobore las mejores posibilidades de la humanidad. Podría hacer que una mujer reciba un puñetazo en la boca o presentarla como prostituta. Podría decidir representar a un varón blanco bajo una imagen ridícula o incluso asesinado. Puedo rebajar a un personaje y enaltecer a otro si pienso que el conjunto lo justifica, si puedo decirme a mí mismo que esta decisión se compadece con un propósito elevado,  con el descubrimiento de algo importante. como la conexión, en palabras de James,  entre “la felicidad y la desgracia”.
O si puedo responder afirmativamente a la pregunta: ¿supone alguna diferencia importante en el mundo el que yo escriba de esta manera? y quizá alguien piense que cualquiera de estas decisiones hace que mi libro no sea un buen libro. Y si piensa así, lo que puede hacer es no leerlo. Pero, a menos que yo lo decida. no puede impedirme que lo escriba.

Tal vez recordéis que en las noticias de hace un mes se contaba una historia sobre la película Instinto básico, producto particularmente notorio y fatuo de lascivia cinematográfica. La película no gustó a los grupos de gays y lesbianas, que la repudiaron públicamente y  amenazaron con cerrar las salas; ya había habido intentos de impedir el rodaje de esta película cortando las líneas eléctricas e interrumpiendo la producción. A estos grupos les ofendió que en el filme lesbianas y bisexuales -a todos los cuales supongo que ellos representaban- aparecieran como homicidas, cosa que sin duda eran las lesbianas y bisexuales que aparecían 

LA HOMINIZACION

De Stephen el héroe, de JJ, p.231
-Amadísimos hermanos: Había una vez una tribu de monos en Berbería. Y... esos monos eran tan numerosos como las arenas de] mar. Vivían juntos en las selvas... en comercio... polígamo ... y reproducían ... su especie ... Pero he aquí que llegaron a Berbería ... los santos misioneros, los santos hombres de Dios ... a redimir al pueblo de Berbería. Yesos santos hombres predicaron a la gente ... y luego ... fueron a las selvas ... muy adentro de las selvas ... a rezar a Dios. Y vivieron como ermitaños ... en las selvas ... y rezando a Dios. Y he aquí que los monos de Berbería que estaban en los árboles ... vieron a esos santos hombres viviendo como ermitaños... como ermitaños solitarios... rezando a Dios . y los monos que, amadísimos hermanos. son criaturas imitativas... empezaron a imitar las acciones... de esos santos hombres ... y empezaron a hacer lo mismo. Y así.. . se separaron unos de otros ... y se apartaron muy lejos,  a rezar a Dios... e hicieron lo que habían visto hacer a los santos hombres ... y rezaron a Dios ... Y ... no volvieron ... más .. . ni trataron de reproducir la especie ... Y así... poco a poco .. . esos po ... bres monos... fueron siendo cada vez menos y menos ... Y hoy ... no hay monos en toda Berbería.

TIPOS COMPLICADOS


De Fuera de aquí de Vila-Matas
Dicho de otro modo: en la taberna (o tabarra) de los conservadores narradores lineales o registradores de lo positivo, el mundo,  tal como nos ha sido dado, no es puesto nunca en duda, pero en el otro extremo, en el callejón de los tipos complicados, se evoca lo negativo yo y de un modo u otro todos parecen afiliados a este aforismo de Kafka: “ Sé nadar como los otros, pero tengo mejor memoria que ellos y  no he olvidado el no-saber-nadar de antaño Y como no lo he olvidado, el saber·nadar no me sirve de nada y  en consecuencia no sé nadar”

En el sobrio y a veces terrorífico ambiente de los tipos complicados -probablemente un callejón de mala vida, de ásperos muros de ladrillo cubiertos de sombra,  se considera un crimen desaprovechar con un relato lineal las Inmensas posibilidades que ofrece una histona que para ser más profundamente comunicada exige a veces un inteligenle zigzagueo en la narración

INCIPIT 367. AL FARO / VIRGINIA WOOLF

-Desde luego; si hace bueno mañana, desde luego -dijo la señora Ramsay-. Pero habrá que levantarse con el alba -añadió.

A su hijo estas palabras le causaron un gozo extraordinario, como si asegurasen que la excursión se llevaría a cabo sin falta y que tan solo mediaban, pues, una noche oscura y una travesía en barco para poder alcanzar al fin aquel prodigio con el que le parecía haber estado soñando durante toda la vida. Como quiera que perteneciese -ya a los seis años- a esa raza de seres que no logran mantener sus sentimientos separados uno de otro, sino que dejan que las alegrías y penas del porvenir proyecten su sombra sobre el presen te, y como para esta clase de gente, desde la más tierna infancia, cualquier quiebro en la rueda de las sensaciones tiene el poder de cristalizar y transfigurar el instante sobre el que descansa su huella sombría o    luminosa, James Ramsay, mientras oía hablar a su madre, sentado en el suelo, sin dejar de recorrer figuras del catálogo ilustrado de los almacenes Almyand Navy, veía un halo jubiloso en torno a la nevera que estaba recortando. Le parecía una imagen dotada de magia divina. La carretilla, la segadora de césped, el rumor de los chopos, el blanquear de las hojas antes de la lluvia, el graznido de los grajos, el roce de las escobas, el crujido de las ropas, todo se  destacaba en su mente tan neto e iluminado que ya formaba parte  de su código panicular, de su lenguaje secreto, aunque él presentase un aspecto de rigurosa e insobornable severidad, con aquella frente despejada y la bravía mirada azul, de un candor y pureza sin tacha, levemente fruncido el ceño ante el espectáculo de las flaquezas humanas, hasta tal punto que su madre, mientras le miraba contornear diestramente con las tijeras la silueta de la nevera, se lo imaginaba como un magistrado vestido de púrpura y armiño en un tribunal o al frente de una ardua y trascendental empresa, en algún trance crítico para los asuntos públicos.

EL FEMINISMO DE DON PIO

De Rojos y blancos de Pío Baroja, p.55
Las mujeres semipolíticas son muy optimistas respecto al porvenir; pero yo, la verdad, no veo el motivo. La naturaleza ha dado a las mujeres más cargas que al hombre, y tener los mismos derechos que ellos no es una gran ventaja. También es una cosa difícil de comprender cómo, habiendo sido siempre reaccionarias y de cierta tendencia mística, estén haciéndose ahora revolucionarias y materialistas.
En Madrid decían en una manifestación: “Hijos sí, maridos no”

Es extraño, porque la ventaja de esto es para los hombres, que les libra de toda obligación.

SOBRE DF WALLACE


De Más afuera, de Jonathan Franzen, p. 181-182
La tristeza infinita. Eso Dave lo captó como nadie.
Y ahora resulta que este hombre del Medio Oeste atractivo, brillante, gracioso, con una mujer asombrosa y una red de apoyo local magnífica y una magnífica carrera y un magnífico empleo en una magnífica universidad con unos alumnos magníficos, se ha quitado la vida, y los demás nos quedamos aquí preguntándonos (por citar una frase de La broma infinita): «A ver, tío, ¿tú de qué vas?
Una buena respuesta, sencilla y moderna, sería: «Una personalidad encantadora, con talento, fue víctima de un severo desequilibrio químico en el cerebro. Por un lado, estaba la persona de Dave, y por el otro, la enfermedad, y ésta mató al hombre igual que podía haberlo matado el cáncer”. Esta respuesta es más o menos cierta, pero a la vez insuficiente. Si os quedáis satisfechos con ella, no necesitáis leer los relatos que Dave escribió, en especial tantos y tantos relatos en los que la dualidad, la separación entre persona y enfermedad aparece como problema o directamente es blanco de mofa. Una paradoja obvia es, naturalmente, que el propio Dave, al final, se dio por satisfecho con esta respuesta sencilla y dejó de establecer conexión con esos relatos más interesantes que había escrito en el pasado y podría haber escrito en el futuro. Su tendencia suicida salió ganando y todo lo demás en el mundo de los vivos pasó a ser intrascendente.
Sin embargo, eso no significa que no nos queden más relatos significativos por contar. Podría ofreceros diez versiones distintas de cómo llegó a la noche del 12 de septiembre, algunas muy sombrías, algunas muy indignantes para mí, y en la mayoría teniendo en cuenta las numerosas adaptaciones de Dave, como adulto, en respuesta a su intento de suicidio al final de la adolescencia. Pero en concreto hay un relato no tan sombrío que me consta que es verdad y que quiero contar ahora, porque ha sido una gran felicidad, un privilegio y un desafío infinitamente interesante gozar de la amistad de Dave.

Las personas a quienes les gusta tener las cosas bajo control pueden pasarlo mal en la intimidad. La intimidad es anárquica e incompatible por definición con el control. Uno busca tener las cosas bajo control porque siente miedo, pero hace unos cinco años, Dave, muy   perceptiblemente, dejó de sentirlo. En parte se debió a que había conseguido un empleo bueno y estable en el Pomona College. Pero en parte sobre todo a que por fin encontró a una mujer adecuada para él, una mujer que por primera vez le abrió la posibilidad de llevar una vida más plena y menos rígidamente estructurada. 

INCIPIT 366. NIÑOS EN EL TIEMPO / RICARDO MENENDEZ SALMON




Y así como el instante de la concepción, ese misterioso empuje en el que dos principios colisionan para cambiar el curso del mundo, resultó inaudible, con ambos actores ajenos a lo que nacía dentro de los cuerpos, así el instante de la desgracia fue también silencioso.
Sólo más tarde, al entrar en casa desde el jardín de juegos, descubrieron la sangre empapando el pantalón del niño. Ese mismo niño que los miraba con ojos inocentes, sin huella de dolor o de sorpresa, ignorante de que algo se había quebrado dentro de él fatal y decisivamente.

De modo que piernas arriba, con menos temor que asombro, siguieron el dibujo de la mácula, aquel flujo que no era rojo, como quiere el lugar común,

FREUDIANA

De La hermana de Freud, de Goce Smilevski, p.15
-¿Me escuchas, Sigmund?
Él dejó la Diosa Madre sobre la mesa.
-¿Quieres que te lea sólo un par de líneas del texto de Mann? Se titula Hermano Hitler-tomó el texto de la mesa y se puso a leer-: "iCómo no va a aborrecer e! psicoanálisis una persona así! Tengo la secreta sospecha de que la ira con la que emprendió su marcha sobre determinada ciudad, en el fondo, estaba dirigida contra el viejo psicoanalista, que tenía allí su residencia y   que era su auténtico enemigo: e! filósofo y el desenmascarador de la neurosis, el gran desilusionador, e! experto y analista incluso de "genios"" .. Luego, dejando el artículo sobre la mesa, dijo-: ¡Con qué sutil ironía escribió esto Mann!
-De lo que me acabas de leer, sólo lo de «viejo psicoanalista" es cierto. Te lo digo sin ironía sutil. Y la afirmación de que seas el auténtico enemigo de Adolf Hitler, no importa que esté dicho con ironía, resulta una simple estupidez. Tú sabes muy bien que la ocupación de Austria es el primer paso de ese gran plan de Hitler de conquistar el mundo para poder después borrar del mapa a todo aquel que no pertenezca a la raza aria. Esto lo sabe cualquiera: tú, Mann, y hasta yo misma lo sé, aun siendo una pobre anciana.

-No te tienes que preocupar. Las ambiciones de Hitler no se pueden realizar. Dentro de unos días, Francia y Gran Bretaña le obligarán a retirarse de Austria, y después sufrirá otra derrota en la misma Alemania. Allí lo vencerán los propios alemanes; el apoyo que éstos le brindan en la actualidad no es más que una ofuscación pasajera de su entendimiento.

CASA DE CITAS

De Fuera de aquí de Vila-Matas
Pienso con Fernando Savater que !as personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. Por eso algunos de los escritores más auténticamente originales del siglo pasado, como Walter Benjamin o Norman O Brown, se propusieron (y el segundo llevó en Love’s Body su proyecto a cabo) libros que no estuvieran compuestos más que de citas, es decir, que fuesen realmente originales, 

Y también creo con Savater que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor: el casticismo y la ocurrencia, es decir, las dos peores variantes del tópico. “Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los topicos castizos y ocurrentes que se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de no deberle nada a nadie. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo.

ANTIGUAMENTE

De La tablillas de boj de Apronenia Avitia, ca. 370 
LXXXII. Los signos de la felicidad
Tales son los signos de la felicidad: una fortuna heredada.
Una lengua precisa, el acento de quienes no tienen acento.
Un parque variado, umbroso, montuoso y profundo.
Un cuerpo robusto.
Amigos diferentes, locuaces, que sepan leer, pero también comensales indulgentes y un poco groseros.
El rostro de un hombre cuyos ojos traicionan todas las emociones como un espejo de Oriente.
Un sueño de cinco horas, a poco que sea ininterrumpido.
La compañía de un hombre que ama el placer, es decir, la cortesía del placer.
Un terror moderado a la muerte.
Tomar un baño.

El uso de la lira.

INCIPIT 365. EN EL VERANO / ELIZABETH TAYLOR

-Después de todo, no soy una chiquilla para dejar que me intimide -decidió para sí misma Kate mientras esperaba a la entrada de casa de su suegra.
Cuando había empezado a pensar en la posibilidad de que fuera ella quien tomara la iniciativa, una de las chicas extranjeras de Edwina le abrió la puerta.
La casa estaba situada en un terreno elevado que surgía de una plaza londinense poblada de árboles. A Kate siempre le sorprendía descubrir que allí había mucho más silencio que en el campo. Siguió a la chica escalera arriba, hacia el salón. Al subir, frente a ella, en un descansillo, había un falso dintel diseñado para alargar el pasillo en una arcada interminable, con numerosas estatuas de emperadores romanos situadas sobre un pavimento blanco y negro en forma de tablero de ajedrez.
La decoración del comedor era totalmente blanca, excepto un sofá y una o dos sillas, tapizadas en seda verde con destellos plateados, y algunas hojas del mismo tono verde que acompañaban a las flores blancas.

Mientras esperaba a Edwina, que probablemente aún no se había levantado, Kate no encontró nada que mirar. No había nada interesante. Era como una habitación de exposición. Ni siquiera pudo imaginar las hermosas flores blancas marchitándose o perdiendo los pétalos. Reinaba el silencio. Las dos chicas extranjeras, y cualquier ruido de cacharros que se vieran obligadas a   hacer en la cocina, quedaban dos pisos más abajo. Arriba, los tablones del suelo crujían suavemente. «La he pillado en pijama", pensó Kate. Siempre había supuesto que Edwina se quedaba en la cama hasta el mediodía. ¿Cómo, si no, podía soportar las trivialidades de la jornada? 

INCIPIT 364. EL HONOR PERDIDO DE KATHERINA BLUM / HEINRICH BOLL

1
El informe que sigue se basa en algunas fuentes secundarias y en tres principales, que se nombran al
principio una vez, pero que más tarde no se vuelven a mencionar. Las fuentes principales son atestados
policíacos, el abogado doctor Hubert Blorna y el fiscal Peter Hach, compañero de estudios del anterior,
quien -de manera confidencial, se entiende- completó el sumario, añadiendo ciertas actuaciones de la autoridad y los resultados de diversas pesquisas. Huelga subrayar que este trabajo tuvo carácter extraoficial,
y que sus conclusiones se destinaron exclusivamente a uso privado, porque al fiscal le llegaba al alma el disgusto de su amigo Blorna. Éste no encontraba una explicación para todo lo ocurrido y, a pesar de ello, «si lo analizaba bien, no le parecía inexplicable, sino más bien lógico».

JAMESIANA

De Compañeros de viaje, de HJ, p. 63
Fuimos al Palacio Ducal e inmediatamente nos dirigimos hacia aquel santuario trascendente de luz y de elegancia: la habitación que contiene la obra maestra de Paolo Veronese y el Baca y Ariadna de su solemne camarada. Me adentré con alegría inconsciente en el sublime brillo y en la belleza de aquella radiante escena, donde, contra la boscosa pantalla de vegetación  inmortal, la víctima del engaño divino se muestra con pies rosados,  halagada por las ninfas y rodeada de perlas mientras hace crujir su lustroso vestido de raso contra la deliciosa piel del bovino Júpiter.
-Le hace a uno pensar mucho mejor sobre la vida - dije a mi amiga- el que esta visión haya bendecido los ojos de otros mortales. Lo que ha sido, puede volver a ser. Todavía podemos soñar de forma igual de brillante, y algunos de nosotros podemos traducir nuestros sueños de forma igualmente libre.
-Este, pienso, es el sueño más brillante de los dos - contestó ella, indicando el Baco y Ariadna. Miss Evans tenía tal vez razón en general. En el cuadro de Tintoretto no hay ningún brillo trémulo de telas, ni esplendor de flores ni de piedras preciosas; no hay nada excepto la brillante y amplia gloria del intenso color del mar y del cielo y de la luminosa pureza y simetría de la deificada carne humana.
Ni el duque ni el poeta eran gente que se quedara quieta: protegidos por el virrey de Nápoles, habrán viajado por Italia. El atractivo de Roma durante el tránsito entre e! siglo XVI y e! XVII era irresistible. Cualquier día, incluido el 4 de octubre de 1599, uno estaría mejor en Roma que en su graduación.

ROMA

De Muerte súbita, de Alvaro Enrigue, p. 40-41
Ya en Sevilla, Quevedo, por mucho más indefenso que Osuna, debe haber intentado convencerlo de que ambos se fueran a la Nueva España, como terminó haciendo el narrador de una novela autobiográfica que escribió poco después sin reconocer nunca su autoría. “Yo”, dice su personaje, «que vi que duraba mucho este negocio y más la fortuna en perseguirme, no de escarmentado –que no soy tan cuerdo-, sino de cansado, como obstinado pecador, determiné de pasarme a Indias a ver si, mudando mundo y tierra, mejoraría mi suerte.»
Ahí podría anudarse el embarco. Es muy probable que fueran al sur de Italia -que formaba parte de la intimidad del imperio sin estar tan a la mano de los alguaciles de Felipe III. El virrey de Nápoles y las dos Sicilias era en ese momento e! duque de Lerma, pariente cercano de Osuna y  protector de la familia de Quevedo. Al final, y eso sí consta en toda clase de documentos, fue la mujer de! Virrey Nápoles, duquesa de Lerma, quien terminó consiguiéndole al joven Francisco un indulto real que le permitió eventualmente graduarse del bachillerato y volver a las aulas para doctorarse en Jurisprudencia y Gramática.
A Osuna ni siquiera hubo necesidad de indultarlo. En los países en que se habla español, nunca le pasa nada a los dueños de grandes apellidos, a menos que se metan con gente de apellidos más grandes que los suyos -no era el caso de los pobres soldados degollados.
Ni el duque ni el poeta eran gente que se quedara quieta: protegidos por el virrey de Nápoles, habrán viajado por Italia. El atractivo de Roma durante el tránsito entre e! siglo XVI y e! XVII era irresistible. Cualquier día, incluido el 4 de octubre de 1599, uno estaría mejor en Roma que en su graduación.

IMPOSTURA

De Fuera de aquí, de Vila-Matas, p.48
¿Y somos todos impostores.?
Me temo que sí, aunque he conocido gente de una sola cara, muy buena e inocente, pero son los que más miedo me dan, porque un día van a descubrir que no son quienes creían y entonces pueden ser personas terribles. En Dietario voluble expongo mi idea de que el mundo es una ilusión un escenario en el que todos tenemos frases que decir y un papel que representar. Cierta clase de actores, al reconocerse que están en una obra, seguirán actuando a pesar de todo: otra clase de actores, escandalizados de descubrir que están participando en una mascarada, tratarán de irse del escenario y de la obra.

EL AMOR DE GUSTAVE

De El loro de Flaubert, de Julian Barnes, p.35
Seis años solamente después de que ella se convierta en su amante, ya quedan fijadas las pautas de sus relaciones: «¡Contén tus lágrimas! -se queja él-o Son una tortura para mí. ¿Qué quieres que haga? ¿Que lo deje  todo y me vaya a vivir a París? Imposible.» Esta relación imposible se mantendrá sin embargo durante ocho años; Louise es pasmosamente incapaz de comprender que Gustave puede amarla aun sin sentir deseos de verla .” Si yo fuese una mujer --escribe él al cabo de seis años- no me querría a mí como amante. Como un antojo, sí; pero una relación íntima, no”.

FLAUBERT TENIA RAZON

De El loro de Flaubert, de Julian Barnes, p. 102
Esta forma de pensar suele poner nerviosa a la gente. Pero, ¿no es un buen retrato de lo que ha ocurrido? Durante los últimos cien años el proletariado ha estado aprendiendo las pretensiones de la burguesía; mientras que la burguesía, menos segura de su dominio, se h. ido haciendo más taimada y fraudulenta. ¿Puede llamarse progreso a esto? Si él quiere ver una moderna nave de los locos, que estudie un transbordador del Canal de la Mancha, uno de esos días en que van atestados de gente. Ah! están todos: calculando unos lo que han ganado  comprando en las tiendas libres de impuestos; tomando en el bar más copas de las que tienen ganas de tomar; jugando en las máquinas tragaperras; paseando aburridos por las cubiertas; decidiendo si van a ser más o menos honestos en la aduana; esperando a que la tripulación les dé nuevas órdenes, como si de ello dependiera la travesía del Mar Rojo. No estoy criticando;  me limito a observar; y no estoy muy seguro de qué pensaría si todo el mundo se apoyara en la barandilla para admirar el juego de luces que se ve en la superficie de las aguas, y empezase   luego a hablar de Boudin. Ni soy tampoco diferente, por cierto; hago acopio de artículos en las tiendas libres de impuestos y espero las órdenes como todos los demás. Lo que quiero decir es simplemente esto: Flaubert tenía razón.

INVENTARIO

De La casa de hojas, p. XVI, XVII
En lo que respecta a sus pertenencias, pues había todo lo típico: mobiliario destartalado, velas sin usar, zapatos vetustos (los zapatos se veían especialmente tristes y heridos), cuencos de cerámica, frascos de cristal y cajitas de madera llenas de remaches, gomas elásticas, conchas, cerillas, cáscaras de cacahuete y un sinfín de botones de mil colores y formas rebuscadas. Dentro de una vieja jarra de cerveza no habia más que frasquitos vacios de colonia. Tal como descubrí, la nevera no estaba vacia, pero tampoco habla comida en ella. Zampano la habia atiborrado de libros pálidos y extraños. Por supuesto, de todo aquello ya no queda nada. Ya hace mucho. Ni siquiera el olor. Lo único que me queda son unas cuantas instantáneas  mentales: un encendedor Zippo descascarillado con la inscripción Pendiente de Patente en la base; la rosca metálica con pinta de escalera diminuta de caracol que se adentraba en el interior sin bombilla de un aplique de lámpara; y por alguna razón extraña –lo que mejor recuerdo de todo--, un tubo muy antiguo de protector labial, lleno de una resina que parecía ámbar, dura y resquebrajada. Lo cual sigue sin ser del todo exacto; aunque no 08 engañéis suponiendo que no estoy intentando ser exacto. Admito que recuerdo otras cosas de su apartamento, pero ahora no me parecen relevantes. A mis ojos, todo aquello era pura chatarra; el tiempo no habia llevado a cabo ninguna depuración alquímica, lo cual tampoco importaba mucho, porque Lude no me había hecho ir alli para hurgar en todos aquellos detalles desarraigados --para usar una de esas palabras rimbombantes que iba a aprender en los meses siguientes-- de la vida de Zampano.
[…]

Tal como descubrí, la cosa contenía cientos y cientos de páginas. Marañas interminables de palabras, que a veces se retorcían para formar algo coherente y a veces no llevaban a nada, a menudo desmontándose, siempre ramificándose hacia otros textos con los que me  encontraría más adelante, garabateados sobre servilletas viejas, en los bordes rotos de un sobre, una vez incluso en el dorso de un sello de correos; cualquier cosa menos dejar un trozo de papel vacio; cada fragmento cubierto por completo por la estela de años y años de  pronunciamientos de tinta; superpuestos los unos a los otros, tachados, corregidos; escritos a mano y a máquina: legibles e ilegibles; impenetrables y lúcidos; rasgados, manchados y   reparados con cinta adhesiva; algunas partes nuevas y limpias, y otras descoloridas, quemadas o bien dobladas y vueltas a doblar tantas veces que los dobleces hablan borrado pasajes enteros de Dios sabia qué ... ¿Sentido?, ¿verdad?, ¿engaño? ¿Un legado de profeclas o de locura o bien nada parecido? Y que en última instancia designaban, describian, recreaban ... encontrad vuestros propios términos; a mi ya se me han acabado los mios; o mejor dicho, me quedan muchos, pero ¿por qué usarlos? Y ¿para decir qué?

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